El calor de estos días agravará el inminente episodio de tormentas

Tras una semana con temperaturas superiores a las habituales para esta época del año, la vista está puesta en las probables tormentas de estos días. El calor y la humedad del inicio de mayo pueden repercutir mucho en su distribución e intensidad.

Arcus
Para que se forme una tormenta hacen falta muchos "ingredientes" en la atmósfera en su justa medida. El calor en superficie puede ser responsable de activar los mecanismos de la convección profunda.

Sin duda hemos empezado mayo con temperaturas elevadas. Aunque se han ido suavizando a lo largo de la semana, continuamos teniendo valores por encima de los habituales para esta época del año. No obstante, las previsiones ya nos advierten de nuevos descensos térmicos durante los próximos días y también de una elevada probabilidad de tormentas en algunas zonas.

Tendemos a asociar a las tormentas con el calor, ya que es un fenómeno mucho más recurrente en la mayor parte de nuestro territorio en días cálidos de primavera y verano, siendo bastante raro durante los meses más fríos. Además, sabemos que cuando irrumpe una borrasca, vaguada o masa de aire frío en altura después un periodo especialmente cálido suelen aparecer con cierta intensidad. Estos días parece que se van a verificar estas observaciones, pero vamos a aclarar por qué.

El calor, la humedad y la energía

Una tormenta funciona como un gigantesco motor térmico. Cuando hay una diferencia de temperatura mayor a la habitual entre el aire en superficie y en niveles altos el aire tiende a formar corrientes de convección. Cuando la atmósfera reúne condiciones para que esto suceda se dice que es inestable. En realidad lo que se quiere decir con "inestable", un término en principio un tanto ambiguo, es que existe flotabilidad de la masa de aire en superficie, es decir, tiende a flotar sobre el aire disponible en capas altas al ser menos denso.

Las tormentas son gigantescos motores térmicos que se alimentan del contraste de temperaturas entre la superficie y los niveles altos de la troposfera, así como de la humedad.

Además la humedad aportará más calor adicional. A medida que las corrientes ascendentes prosperen y se empiecen a formar las primeras nubes, resultantes de la condensación del vapor que llevaba ese aire que asciende, empezará a liberarse calor debido al elevado calor latente de evaporación que posee el agua. Esto ayudará a que en su ascenso, la masa de aire reciba un constante aporte de energía que aumentará su ritmo de subida hasta formar una tormenta.

Este proceso no deja de ser un mecanismo de transformación de energía potencial en energía cinética. En días de tormenta se habla de la CAPE (energía potencial convectiva disponible por sus siglas en inglés) y se expresa en Julios disponibles en cada Kilogramo de aire. Es una forma de visualizar cuanta energía dispone la columna de aire situada sobre un lugar concreto. El calor en superficie y la humedad contribuyen a hacerla mayor.

Algunas zonas del norte peninsular tendrán índices de inestabilidad muy elevados (CAPE). Con estos, las corrientes ascendentes que alimentan las tormentas serán potentes, gracias en parte al calor acumulado.

Estos días en zonas del norte peninsular tendremos valores de más de 2000 j/kg, una cifra significativa a la que contribuye mucho la masa de aire cálido que tenemos sobre nosotros. Cuanta más energía disponible hay, más fuertes son las corrientes ascendentes y más intensidad puede adquirir la tormenta. El granizo es un indicador muy fiable de la fuerza de la corrientes ascendente de una nube, los casos más extremos resultan de tormentas con corrientes ascendentes muy violentas, que pueden superar los 150 km/h.

Mecanismo de disparo

Para que la energía potencial convectiva se libere, a veces hace falta un 'pequeño empujón'. Un ascenso forzado por otras causas que consigan que la masa de aire llegue a un nivel conocido como 'nivel de libre convección'. A partir de ahí el aire empezará a ascender libremente sin necesidad de ninguna acción externa, liberando la energía potencial almacenada. Este mecanismo de disparo puede producirlo una montaña que obligue a ascender a una masa de aire, una convergencia de brisas o incluso el calentamiento diurno del Sol.

Cizalladura, organización y eficiencia

Una vez que tenemos formada una tormenta, empezarán a aparecer corrientes descendentes con aire más frío y seco que pueden interaccionar con las corrientes ascendentes o incluso detenerlas poniendo fin a la vida de la tormenta. Sin embargo, una diferencia de velocidad y/o dirección en el viento de distintos niveles, puede desacoplar esas corrientes e impedir que se obstaculicen. Esto mejorará el rendimiento de estos gigantescos motores térmicos atmosféricos dando lugar a tormentas altamente organizadas que aprovechan mejor toda la energía de la que disponen, aumentando su duración e intensidad.

En conclusión, podemos decir que el calor no es el único responsable de la formación de tormentas, pero es un ingrediente importante. El hecho de que el aire sea más cálido de lo normal sobre la Península Ibérica en capas bajas antes de la llegada de estas próximas borrascas, favorece que haya una mayor energía convectiva disponible y, por tanto, contribuirá a la formación de tormentas intensas con mucha mas facilidad que una masa de aire frío.