La nieve en Santader (1924-2003)

 

Carmen Gozalo
Licenciada en Historia


Santander, una ciudad sobre el mar. (Ramos. Diario Montañés)

“A la mitad del litoral septentrional de España, al socaire de una larga península –por el Norte, el Atlántico, aquí rebautizado Cantábrico, y, por el Sur, la bahía- hay una ciudad no muy grande ni pequeña, que se llama Santander […] El paisaje que envuelve la bahía es también extraordinario. Sobre la imponente serie de entrantes y salientes de la costa, y desde los montes nevados de la serranía cántabra, descienden valles y colinas, como escalera musgosa de gigantes, hasta la orilla del mar…” (Carmen Echegaray “Santander, una ciudad sobre el mar”).


Introducción

Del mar llegan a Santander Nordestes azules y frescos en el verano. Y también llegan en los meses más fríos -sólo de vez en cuando – gélidos Nordestes con escasas nevadas, que intentan vestir de blanco el paisaje ciudadano de las calles, jardines y playas de la ciudad.

Para que la nieve visite y permanezca en Santander deben darse previamente circunstancias meteorológicas que provoquen una situación del Norte. A comienzos de los años 70, Mariano Medina explicaba así el proceso:

“…Es frecuente que un frente frío acabe de barrer la Península y Baleares. Después, una borrasca en el Mediterráneo y un anticiclón en el Atlántico envían al alimón una corriente de aire polar continental -a veces ártico, si es en lo más crudo del invierno- en forma de flujo del Nordeste hacia el interior de la Península. Esta situación provoca un descenso notable de las temperaturas que, normalmente, se nota tanto menos cuanto más al Sur y más al Este. Los vientos son a veces racheados. Cuando no surgen complicaciones, la situación dura de tres a cinco días y, aparte de los chaparrones que pudo originar previamente el frente frío al atravesar España, aparecen amontonamientos de nubes y chubascos de agua o de nieve en los lugares de su mitad norte en los que hay “estancamiento”, es decir, en la vertiente cantábrica, provincia de Burgos, alto Ebro, laderas norte de los Pirineos y de las cordilleras Ibérica y Central…”


Fig. 1

“[…] En los niveles altos, los mapas de las superficies isobáricas suelen ser completamente similares al de superficie, apareciendo un “ramal de la corriente en chorro” que atraviesa, soplando del Nordeste, por la vertical de los Pirineos.”

“Esto en situaciones del Norte normales. Pero, a veces, aparecen complicaciones. Estas se observan con alguna anticipación de dos maneras: en la topografía de 500 milibares (unos 5.500 m. de altitud), en que el “chorro” no atraviesa por los Pirineos, sino que entra por la vertical del Cantábrico, dirigiéndose hacia Lisboa o hacia Sevilla. Es un mal síntoma, porque pegadas a su borde frío pueden venir pequeñas”gotas de aire frío” que van provocando empeoramientos, con fuertes chubascos de agua o nieve, por donde van pasando. Estas gotas sólo se pueden observar en el mapa de 500 milibares, si tienen mucha energía y son suficientemente grandes. […] De estas perturbaciones frías en altos niveles nos vienen a veces dos, tres, o cuatro, sucesivamente. Y, si alguna de ellas se detiene transitoriamente en su caminar, las nevadas o aguaceros que producen en su borde delantero, pueden llegar a ser intensos, aunque sobre áreas poco extensas…”

En el siguiente análisis tratamos de exponer cómo se ha presentado la nieve en la ciudad de Santander desde que existen observaciones meteorológicas oficiales.

La serie de datos climatológicos de Santander (1924-2003)

La información básica utilizada en la confección de los resúmenes y gráficos de este estudio, procede de los registros de observaciones efectuadas en el Observatorio Meteorológico de Santander entre el primero de enero de 1924 y el 31 de diciembre de 2003. Estos datos completan una serie de 80 años continuados. Una parte de la información, correspondiente a los años 1924 a 1987, se ha tomado directamente de un estudio anterior inédito, elaborado con registros de este mismo Observatorio.

El Observatorio forma parte de las instalaciones del actual Centro Meteorológico Territorial de Cantabria y Asturias, que estuvo situado durante 73 años en el Paseo del General Dávila de Santander. En 1997 fue trasladado a una nueva edificación de las afueras de la ciudad, en lugar más despejado y próximo a la costa del Cantábrico. La información de los últimos 6 años de la serie (1987-2003) procede de los registros de observaciones efectuadas en el nuevo emplazamiento.

Fundamentalmente, en el estudio que sigue se intenta facilitar el acceso a una serie de datos básicos de presencia de nieve en Santander, desde 1924 hasta nuestros días, en los que se advierte una disminución progresiva del número de días de aparición y estancia de este meteoro en la capital de Cantabria. También se trata de independizar el cómputo de estos días de precipitaciones de nieve de los de otros meteoros, que como la lluvia o el granizo, suelen coincidir con ella en muchos temporales. Por ello, en los siguientes resúmenes están incluidos todos los días en que se observó cualquier tipo de precipitación de nieve, aunque en la misma fecha hubiera habido lluvia, granizo, pedrisco, etc.

El objetivo último de este trabajo es el de compendiar ordenada y cronológicamente la aparición y permanencia de nieve en Santander en los ochenta últimos años. Los contenidos del mismo se han ajustado al siguiente esquema:

– Cuantificación del número de días con precipitaciones de nieve. Distribución anual de estos días y de aquellos en que la nieve cubrió el suelo.
– Variabilidad de la presencia de nieve en las décadas 1930 a 2000
– Disminución progresiva de los días de nieve en los últimos años.
– Efemérides: 10 de enero de 1955: las nubes eclipsaron el sol.


NÚMERO de DÍAS con PRECIPITACIÓN de NIEVE en SANTANDER (1924-2003)


Meses: E (enero), F (febrero), M (marzo), A (abril), N (noviembre), D (diciembre)
Fig. 2

En el gráfico superior (Fig. 2) aparecen distribuidos, en 9 secuencias decenales, los 215 días de nieve totalizados en los 80 años de observaciones. Estas secuencias permiten fácilmente cuantificar y comparar la distribución mensual de los días con nieve en el total de meses, años y décadas que conforman la serie. La primera de las secuencias (1924-1930) y la última (2000-2003), que corresponden al inicio y fin de las observaciones, aparecen incompletas. Hubo 14 años sin nieve. Los años en que nevó al menos una vez fueron 66, que representan casi el 83 por ciento del conjunto. Los 215 días de nieve suponen un promedio anual de casi tres días (2,7 días/año). Hubo décadas, como la de los años 50, en que la media de estos días alcanza un valor de 4,5 días/año, en tanto que en la última , la década de los 90, el promedio de días con nieve sólo es de 1,3 días/año.

La posibilidad relativa de ocurrencia de nevadas en Santander abarca el período de seis meses consecutivos, comprendidos entre Noviembre de un año y Abril del año siguiente, ambos inclusive, con la particularidad de que nunca en estos meses de abril y noviembre la nieve consiguió cubrir el suelo de la ciudad. Datos históricos de finales del siglo XIX dan noticia de nevadas tardías en Santander acontecidas en el mes de Mayo.

Distribución anual de los días de nieve

Fig. 3


Fig. 4

Los dos gráficos anteriores (Figuras 3 y 4) representan la distribución de los 215 días de nieve en los 80 años de la serie santanderina (1924-2003). Los primeros 40 años (Fig. 3) suman 131 días y corresponden a los años comprendidos entre 1924 y1963. Agrupan el 61 por ciento del total de los días de la serie.

El segundo gráfico abarca los 40 años siguientes a los del gráfico anterior, comprendidos entre 1964 y 2003. Sus días de nieve descienden a 84, que constituyen el 39 por ciento de la totalidad. Se advierte, a simple vista, que en la imagen que corresponde a los últimos cuarenta años se contabilizan muchos menos días y que no aparecen anualidades con un número de días con nieve superior a 7.

El año que mayor número de días totalizó, fue 1956. Nevó 13 días en un solo mes. Otro año significativo, también de la década de los 50, fue 1954, con 9 días de nieve (repartidos entre Enero y Febrero). El año 1935 (con nevadas en Enero, Febrero y Marzo) contabilizó 8 días. Como puede advertirse en el gráfico de la figura 4, en los últimos 15 años, no ha nevado más de 3 días ni un solo año.

Podrían establecerse otras comparaciones entre ambos gráficos. Con seguridad, ratificarían que en los últimos 40 años ha nevado bastante menos que en el mismo número de años de la primera mitad del siglo XX.

Distribución mensual de los días de nieve

Los 215 días registrados con precipitaciones de nieve se distribuyen entre los meses de noviembre de un año y abril del año siguiente. Ambos ostentan las menores frecuencias de ocurrencia y representan sólo el 2 y el 3 por ciento del cómputo total de días. Nunca en los días de nevada de finales de otoño y comienzos de primavera la nieve consiguió mantener cubierto el suelo de Santander. En el gráfico que sigue se indican en la columna correspondiente a cada uno de los meses, el total de días de nieve de los 80 años de la serie estudiada.

Fig.5

El mes que cuenta con mayor número de días de nieve es Febrero (42% del total), seguido de Enero (30%). Después, bastante distanciados, aparecen los meses de Diciembre (14%) y Marzo (9%). Hay registros de observaciones de suelo cubierto por la nieve de todos ellos.

El mes de Febrero que tuvo mayor número de días de registro de nieve fue el del año 1956. Contabilizó 13 días, que es el valor máximo mensual de las 80 anualidades. Santander, en aquel mes, tuvo tres importantes irrupciones de aire polar, acompañadas de copiosas e intermitentes nevadas en los días 2 al 4; 10 al 13, y 17 al 22. Siguiendo la tónica europea, Febrero del 56 ha resultado ser en la capital de Cantabria el más frío y nivoso del siglo XX.


Fig.6

Respecto al número de días en que la nieve cubrió el suelo, como puede verse en el gráfico (Fig. 6), no son totalmente proporcionales a los días con nieve del mismo mes, aunque, en general, sigan la misma tendencia. Ordenados de mayor a menor, los meses se disponen así:

Días precipitación nieve: FEBRERO (89), ENERO (65), DICIEMBRE (30), MARZO (20), ABRIL (6), NOVIEMBRE (5)
Días con suelo cubierto: FEBRERO (36), ENERO (10), MARZO (10 ), DICIEMBRE (6).

Como puede apreciarse, la nieve cubrió el suelo 62 de los 215 días con nevadas totalizados en los 80 años de la serie, que vienen a representar el 29 por ciento del total de los días con precipitación. Se advierte que las nevadas de Marzo son menos frecuentes, aunque más persistentes, que las que tienen lugar en el mes de Diciembre.

Presencia de la nieve en las últimas décadas (1930-2000)

Fig. 7

El gráfico anterior (Fig.7) corresponde a la distribución de días de nieve en las décadas completas de la serie. Se observa, a simple vista, que los valores que corresponden a la primera y segunda décadas (años 31 al 50) son prácticamente iguales. Después, los años 50 marcan una extraordinaria subida en el número de días de nieve próxima al 50 por ciento. La década de los años 60 retrocede hasta los niveles iniciales y, a partir de los años 70, comienza un retroceso muy marcado, sólo restablecido, en parte, a mediados de la década de los 80, sin alcanzar las cotas de las cuatro décadas primeras. A partir de 1991, hay un descenso considerable en el total de días de nieve, equiparable al 60 por ciento de los valores que habían sido normales durante muchos años. Los tres años transcurridos que inician la década de 2000, que no constan en el gráfico, mantienen, hasta el momento, una tónica descendente muy marcada en la frecuencia de nevadas en Santander.

Efemérides. 10 de marzo de 1955.
Crónica de un temporal de nieve en el que las nubes eclipsaron el sol

Aquel 10 de marzo de 1955 era jueves. Desde el domingo se venían produciendo violentas tormentas en toda la Región. Más de 100 litros de agua, en forma de lluvia, nieve y granizo, habían caído intermitentemente sobre cada metro cuadrado de suelo santanderino. Una brigada municipal de doscientos hombres amontonaba la nieve retirada de aceras y calzadas y la transportaba hasta el mar en un buen número de camiones.

La ola de frío, que atería la ciudad desde hacía cuatro días, parecía más propia de los meses de febrero, o de enero. Era como si el tiempo le pasara cuenta a la ciudad por las altas temperaturas que había regalado a Cantabria en el primer mes del año. Lo cierto era que, desde el año 1924 en que Santander había estrenado Observatorio Meteorológico, jamás en el mes de marzo había constancia de cuatro días seguidos con la nieve cubriendo las calles y jardines de Santander. Era un insólito espectáculo contemplar los dorados arenales de la Bahía, nevados en la bajamar, ir desapareciendo con el subir de cada marea.

Cantabria entera estaba colapsada. Los trenes de largo recorrido no conseguían pasar de Mataporquera. Los Puertos del Escudo y Pozazal permanecían cerrados al tráfico rodado. Una infinidad de pueblos continuaban incomunicados. La prensa local informaba de que en las calles de Reinosa la capa de nieve ya alcanzaba una altura de un metro y veinte centímetros y seguía nevando… En la capital de Campoo, se había derrumbado la techumbre de muchos edificios por el peso de la nieve que los cubría y se había hundido también la cubierta del templete de la música de la Plaza de España.

Realmente, desde el 4 de marzo al mediodía, los mapas meteorológicos, reproducidos en los Boletines Diarios del Servicio Meteorológico Nacional, indicaban una penetración de aire frío polar, primero marítimo y después continental. Bajo la acción de estas masas de aire muy frío, comenzó a nevar en Santander el día 6 y las granizadas, nevadas, fuertes chubascos de lluvia y tormentas se venían sucediendo continuadamente. La ola de frío avanzaba lentamente por una especie de ancho pasillo que se formaba entre las altas presiones centradas al Norte de las Islas Británicas y las bajas presiones del Mediterráneo.

El diez de marzo, la situación atmosférica al comienzo del día era la que se refleja en el mapa del Wetterzentrale que se reproduce a continuación

En aquella fecha, toda la orografía peninsular estaba cubierta de nieve. En Santander, en las primeras horas de la mañana, se tenía la sensación de que no iba a amanecer nunca aquel jueves. Los pocos viandantes madrugadores, muy preocupados por mantener su integridad física ante el resbaladizo suelo que pisaban, se extrañaban de lo muy tarde que rompía el día. Momentos antes de las ocho aún era noche cerrada. Inmediatamente se hizo la luz, sin crepúsculo intermedio. Como si el sol se hubiera eclipsado durante su alborear y pasara del oscurecimiento total de una noche sin luna al alumbramiento instantáneo de un día gris de frío invierno. Nevaba y granizaba a intervalos.

A las once menos dos minutos se ensombreció repentinamente el cielo y un momento después era ya noche cerrada. Los coches circulaban en la ciudad con luces de carretera. Seguía nevando. La oscuridad absoluta persistió hasta las once y ocho minutos. Enseguida, hacia el Norte-Nordeste, se inició una luminosidad muy tenue, como de amanecida. Luego, tras un brevísimo clarear de sólo cinco minutos, volvió a nacer el día por segunda vez, en aquella mañana lóbrega que comenzaba a hacerse angustiosa.

Un cuarto de hora más tarde, a las once y media, durante quince minutos, se reprodujo de nuevo el inusitado eclipse solar. Esta vez, la oscuridad ya no llegó a ser tan absoluta como lo había sido las veces anteriores. Las nubes, poco a poco, seguían deshaciéndose en las últimas y tardías nieves de aquel marzo irrepetible.

Ni los más ancianos recordaban nada igual. Circularon múltiples versiones de lo sucedido. Para unos, aquel triple eclipse solar no anunciado, tenía relación con un texto del Apocalipsis que pronostica la llegada del fin de los tiempos, anunciando que “el sol se tornará negro, como saco tejido de crin…” Otros aseguraban que las sucesivas invasiones de aire gélido llegaban de Siberia, después de fracturar y arrastrar hasta Santander la densa y oscura nube producida tras una hipotética explosión nuclear en algún campo de experimentación ruso, nube que había eclipsado totalmente al sol varias veces… La vida se fue paralizando en la ciudad. Talleres, comercios y fábricas cerraron sus puertas. Las madres acudieron a los colegios a recoger a sus hijos pequeños antes de la hora de salida. Las clases se suspendieron. Quienes podían hacerlo regresaban a sus casas apresuradamente para reunirse con la familia. Durante el resto del día la ciudad se sumergió en un expectante y extraño silencio.

Los expertos, explicaron días después que el eclipse solar había sido “producido por cumulonimbos dispuestos en línea, amurallando, en parte, el sector posterior de un frente frío, mientras se desplazaban en la misma dirección que llevaban los vientos dominantes en los niveles bajos”. Lo que resultó totalmente excepcional fue la concurrencia de circunstancias físicas y astronómicas de tal naturaleza que los rayos solares no habían conseguido atravesar la parte superior de hielo de algunos cumulonimbos. Este hecho había producido repetidamente los espectaculares eclipses del sol que afectaron a una amplia zona de la costa y del interior de Cantabria (Santoña, Comillas, Torrelavega, Cabezón de la Sal…) durante la mañana del 10 de marzo de 1955.

La noticia no trascendió a la prensa nacional por la incomunicación total y absoluta de Cantabria, ocasionada por las tardías e intensas nevadas de aquel atípico invierno de 1955, que hasta los primeros días del mes de Marzo se había mostrado suave y confortable.
________________

Mi agradecimiento a G. Moreno y J. L. Pelayo por la aportación de datos de nieve de los últimos años, sin cuya colaboración, la serie climatológica analizada sería menos significativa. Y también, a quienes compartieron conmigo su recuerdo de la angustiosa mañana del 10 de abril de 1955.

Carmen Gozalo
Santander, enero de 2004

BIBLIOGRAFÍA

ALERTA. Diario local. Un extrañísimo fenómeno meteorológico en Santander. 11 de marzo de 1955
F. CÁCERES, C. ECHEGARAY y F. HONTAÑÓN. Santander, una ciudad sobre el mar. Lunverg Editores. Barcelona y Madrid, 1986
DIARIO MONTAÑÉS. El fenómeno de ayer en Santander. Noche cerrada a mediodía.11 de marzo de 1955.
L.GARCÍA DE PEDRAZA y C. GOZALO DE ANDRÉS. Nieve en Santander (1924-1987). Boletín Climatológico de Cantabria. Suplemento núm.1. Inédito. Santander, 1988.
MEDINA ISABEL, Mariano. Iniciación a la Meteorología. 3ª edición. Editorial Paraninfo. Madrid, 1973

http://www.wettrzentrale.de/topkarten/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *