Lentamente, muy lentamente, se desprenden del cielo los copos blancos. Sobre la calle dormida y el silencio de la noche se ha posado apacible todo el blanco inmaculado del invierno. Con pereza con desgana, dulcemente. Flotan, planean en el cristal inmóvil del aire, copos de nieve, copos de hielo, copos calientes…