Aunque su actividad como dibujante fue constante y prolífica (se conservan cerca de 2.500 dibujos de su mano), Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) no quiso ni pretendió nunca defender una competencia profesional. A diferencia de otras facetas de su trabajo creativo –como poeta, autor literario, pensador y científico– con las que obtuvo una excepcional notoriedad pública, la dedicación al dibujo tuvo para Goethe una dimensión estrictamente privada