Entrevista a Fernando Aranda
Director del Observatorio Meteorológico de Toledo entre 1973 y 2000
¿Cuándo empezó a interesarse por el tiempo atmosférico?
Desde muy joven ya que mi niñez transcurrió vinculada al observatorio meteorológico de la Base Aérea de Getafe en el que estaba destinado mi padre, por esa razón mi contacto con la Meteorología y sus instrumentos fue algo que despertó mi interés desde mi infancia.
En el año 1955 ingresó en el Observatorio Meteorológico de Toledo, ¿qué recuerdos tiene de sus primeros años en activo?
Mis primeros recuerdos están íntimamente vinculados a la gran ilusión que me hizo poder trabajar en una actividad tan bonita y relacionada con la naturaleza y más concretamente con su atmósfera.
Son también recuerdos imborrables las observaciones nocturnas de los entonces llamados partes cortos (Los Metar de hoy). Para hacerlas, en el antiguo Observatorio de Lorenzana, teníamos que acceder hasta los instrumentos exteriores por una larga y empinada escalera llena de murciélagos y luego en la mas absoluta oscuridad teníamos que casi adivinar la nubosidad entre la negrura del cielo. Aquellos momentos de soledad bajo las estrellas a altas horas de la noche en aquel monumental edificio, serán siempre para mí recuerdos imborrables.
Recuerdo también como un trabajo meteorológico pintoresco el “Ploteo de mapas” que era como la confección de un puzzle. Este trabajo que se hacía pegando pequeños trocitos de papel con los símbolos de la nubosidad sobre un mapa de España y cuya elaboración correspondía a cada parte sinóptico, era una labor artesanal de la meteorología aeronáutica de aquellos tiempos.
Forman parte también de los recuerdos inolvidables, la confección de las primeras regletas que hicimos en el Observatorio para la reducción de la presión a 0º y a nivel del mar.
¿Existen observaciones meteorológicas o algún tipo de registro climático en la ciudad imperial con anterioridad a 1908 –fecha en la que inició su actividad el Observatorio de Toledo–?
Las primeras observaciones meteorológicas hechas en la ciudad de Toledo se remontan a los años 80 del siglo XIX. Posteriormente en 1884 se estableció un observatorio que dirigió un ingeniero agrónomo, estuvo ubicado en los torreones de la puerta del Sol. Desgraciadamente, de ninguna de esas etapas de observación se conservan datos y si en alguna parte existen nunca he podido localizarlos.
Las primeras observaciones de las que se tienen series climatológicas basadas en la normativa actual son las obtenidas a partir del 8 de septiembre de 1908, ya realizadas en el Observatorio del Palacio de Lorenzana y que luego se continuaron a partir de 1981 en el actual Observatorio de Buenavista.
¿Qué rasgos destacaría del clima toledano? Le ofrecemos la oportunidad de romper algún tópico o falsa idea, si es que existe, sobre el clima de la ciudad de Toledo.
Quizás el rasgo más destacable es la brevedad, yo diría que el paso fuga, de las primaveras y los otoños. Estaciones que consideradas desde una perspectiva térmica, representan un mínimo de tiempo en su duración. La primavera representa solamente el 15% del año y el otoño el 10% mientras que el verano supone el 41% y el invierno el 34%. Estos porcentajes vienen a demostrar la verdad que encierra ese refrán toledano que dice: “En Toledo seis meses de invierno y seis meses de infierno”.
Otra de las realidades del clima toledano es que llueve para arriba, y eso es posible dado que tenemos una evaporación media anual de 2.561 mm. Mientras la precipitación media que recibimos al año es de 377,5 mm. Es decir devolvemos a la atmósfera por evaporación más agua que la que recibimos por precipitación. Nos salva el hecho de que nuestros suelos de alcaen, pardo arcillosos tienen una gran absorción y retienen en sus distintos niveles bastante bien el agua que cae sobre ellos.
¿Qué le ha aportado la Meteorología a su vida?, ¿sigue vinculado de alguna manera a ella?
La Meteorología ha sido mi vida y me ha enseñado a valorar y a admirar la grandeza de la creación y la infinita sabiduría de las leyes físicas establecidas por Dios no solo para regir la dinámica de nuestra atmósfera o de nuestro planeta sino del universo.
Por supuesto que jubilarme tras cuarenta y cinco años de servicio en la Meteorología Española, no ha supuesto el desvincularme de una ciencia tan apasionante.
De forma activa sigo vinculado a los “Días Meteorológicos” que cada año, en el mes de marzo se celebran. En ellos he sido después de mi jubilación en dos ocasiones conferenciante y desde hace más de diez años soy el encargado de confeccionar los carteles de dicho evento. Por otra parte en mi estudio de pintura tengo una pequeña estación meteorológica que diariamente se encarga de recordarme el tiempo presente y mi tiempo ya pasado en la meteorología.
¿Tiene una opinión formada sobre el cambio climático?, ¿cuáles son los principales cambios registrados en las variables climatológicas de Toledo durante las últimas décadas?
En mi modesta opinión, el cambio climático es una realidad. No cabe duda que la atmósfera está manifestando su rechazo y se está resintiendo ante la enorme contaminación química a la que la estamos sometiendo. Estamos lanzando en todo el planeta ingentes cantidades de dióxidos de carbono, azufre y nitrógeno así como metano y gases fluorocarbobados. Todos estos productos están alterando su composición química y a la vez alteran la recepción de la onda luminosa y calorífica que recibimos del sol y afectan a las emisiones de onda larga de dispersión del calor que la tierra devuelve al espacio. Pensar que todo ese nivel de contaminación y toda esa alteración que estamos produciendo a nivel mundial no afecta al planeta y a su clima es negarse a ver una palpable realidad.
Yo creo que la gran cuestión que ahora a la humanidad se le plantea es ser capaz de reparar los daños infringidos al planeta tierra y especialmente a su atmósfera para conservarla en el estado que la recibimos del Creador.
En el caso de Toledo el cambio climático se detecta fundamentalmente en el incremento paulatino que van teniendo las temperaturas medias anuales. Hemos pasado de tener 14,9º de media en los años de la primera década del siglo XX a los 16,9 que hemos alcanzado en los últimos años. Y este aumento se produce con una marcada regularidad.
Igualmente están incrementándose el número de días de calima lo que nos evidencia una atmósfera más contaminada por la presencia de partículas sólidas en suspensión. Hemos pasado de tener el 4% de días de calima al año en la década de los años 1941 a 1950 a niveles del 60% de días en la última década.
Igualmente sucede con el aumento de los índices de precipitación por intervalo de tiempo.
El Observatorio Meteorológico de Toledo cumplió el año pasado sus primeros 100 años de vida, y durante casi un tercio de ese período Vd. fue su máximo responsable, ¿qué hitos destacaría en la historia centenaria del Observatorio?
Sin duda el mayor fue el cambio de emplazamiento del Observatorio, dejar el viejo Observatorio de Lorenzana y trasladarlo al nuevo de Buenavista en el que pusimos tanta ilusión trabajo y empeño.
También fueron hitos los cambios administrativos, el paso de la administración militar en el Ministerio del Aire al Ministerio de Transporte, Turismo y Comunicaciones que fue el primer ministerio civil al que pertenecimos.Y sin duda también las etapas de desarrollo tecnológicas vividas en las que pasamos de los interminables cálculos manuales a las maquinas calculadoras, luego a las regletas, más tarde a las pequeñas maquinas programables y al final a la informática.
¿Cuáles son los registros extremos de temperatura, precipitación, viento, presión… de la larga serie del Observatorio de Toledo?
La máxima temperatura registrada en Toledo ha sido de 42,4º alcanzada en julio de 1995. La temperatura mínima absoluta -14,4º registrados el 18 de enero de 1945. La precipitación máxima en un día se ha registrado recientemente, el 11 del pasado mes de octubre de 2008 con un valor de 87,2 mm. Siendo ese mes el que registró la máxima precipitación mensual con un valor de 151 mm. Igualmente fue el mes el que detento el mayor valor de precipitación por intervalo de tiempo con un registro en veinte minutos equivalente a una precipitación de 90,6 mm hora.
En cuanto a los valores medios de presión Toledo fluctúa entre los 732,1 mm. de máxima que se alcanzaron en enero de 1952 y los 684,6 mm registrados en 1957.
En lo referente al viento Toledo es poco ventoso con predominio de los vientos del W que representan el valor porcentual del 35% seguidos del los del E que lo hacen en un 22%. Siendo la racha máxima alcanzada de 138 Km/h registrada en febrero de 1989.
En mundo cada vez más automatizado ¿cuál será el papel del observador meteorológico?
Seguirá siendo imprescindible, pero desde niveles cada vez más técnicos.
¿Cuál es el instrumento del que está “enamorado”? ¿Y el que le ha dado más problemas?
Sin duda el instrumento del Observatorio de Toledo que merece toda la veneración por su calidad y respuesta es el “Anemocinemógrafo Fuess” un instrumento que lleva funcionando desde el año 1943 y que hoy esta perfectamente operativo, dando una magnifica calidad en sus registros. Es al que se recurre hoy cuando fallan los modernos aparatos electrónicos. Es una verdadera joya de la ingeniería alemana de aquellas primeras décadas del siglo XX.
En el polo opuesto están las primeras estaciones automáticas que con tanta frecuencia se averiaban.
¿Cuál ha sido el episodio meteorológico más catastrófico del que se tiene noticia o registros de los acontecidos en la ciudad de Toledo?
Los desbordamientos del río Tajo acaecidos por las intensas precipitaciones de los años 1941 y 1947 en los que el nivel del rió alcanzo los 8 y 10 metros respectivamente sobre su nivel normal. También un fenómeno de “Glas” que se produjo el año 1957 que dejó toda la ciudad cubierta por una capa de hielo continua de extraordinaria dureza y total transparencia que produjo numerosos accidentes y causo roturas de brazos y piernas entre los viandantes.
De las tareas que tuvo asignadas como observador, ¿cuáles le resultaron más gratificantes y cuáles más aburridas, tediosas, pesadas…?
Las más gratificantes las derivadas de la propia observación de los fenómenos meteorológicos: Contemplar el desarrollo de un cumulonimbo, ver la violencia de un chubasco, los primeros rayos de sol en el amanecer desde el Observatorio, los cielos arrebolados formados por alto-cúmulos rojizos en el atardecer, contemplar la evolución de los penachos de los cirros huncinus. Es infinita la capacidad de crear belleza que tiene la atmósfera y como puede extasiarte su contemplación.
Las mas aburridas, la confección de las climatologías, cuando en los años 50 y 60 del pasado siglo teníamos que hacerlas a mano sin ayuda de calculadoras y empleábamos interminables horas para hacer los centenares e cálculos que implicaban su confección mensual.
¿Cualquier persona interesada puede visitar el Observatorio Meteorológico de Toledo?, ¿dónde está ubicado?, ¿cómo puede llegarse hasta él?
Sí puede visitarlo si bien es conveniente que previamente anuncie su visita. Esta situado en el kilómetro 3 de la carretera de Ávila, y para llegar hasta él es necesario contar con un vehiculo.
Desde la RAM damos las gracias a Fernando Aranda por su amabilidad y el entusiasmo con el que ha respondido a nuestras preguntas.
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