Contribución de D. Manuel Rico y Sinobas a la investigación meteorológica en España. Parte I

Jorge Tamayo Carmona, meteorólogo 

 

 

 

Palabras clave: rayo, huracán, físico, sequía, lluvia, meteorología, historia.

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Fuente de la foto: RAC
Real Academia de Ciencias

RAM. Por su extensión este interesantísimo trabajo ha sido dividido en diversas partes.

Agradecimiento a la Real Academia de Ciencias, RAC,  por la foto de D. Manuel Rico y Sinobas.

 

Imagen de D. Manuel Rico y Sinobas. Fuente: RAC

Manuel Rico y Sinobas (Valladolid 1819; Madrid 1898), físico y médico, estuvo interesado desde los primeros años de su carrera científica en el estudio de la atmósfera y sus aplicaciones, pudiendo considerársele como uno de los responsables del establecimiento de la meteorología como ciencia en España, a partir de las diferentes actividades que llevó a cabo sobre esta disciplina.

En estas páginas se presentan algunas de las principales contribuciones que Manuel Rico tuvo para con la meteorología española. Entre estas se encuentran sus estudios sobre las causas de diversos fenómenos meteorológicos o su clasificación climática de España, sus observaciones meteorológicas, la organización y gestión de la red de observatorios, incluyendo la descripción y tipos de aparatos que se debían instalar en los mismos, la búsqueda de las aplicaciones prácticas de la meteorología, los numerosos ensayos y conferencias que sirvieron para la divulgación de las ciencias atmosféricas en el entorno científico y que le permitieron apreciar de forma clara la necesidad de intercambiar experiencias y datos con sus colegas de otros países, la recopilación que hizo de datos meteorológicos antiguos a partir de fuentes históricas, actualmente utilizados para el análisis del posible cambio climático, y finalmente su erudición, que le permitía ser capaz de relacionar los fenómenos meteorológicos con la evolución histórica de España.

Como resumen de sus ideas sobre la necesidad de estudiar la meteorología, podemos recoger sus palabras leídas en el discurso de su acto de recepción como académico de número de la Real Academia de Ciencias:

es evidente que en la atmósfera y en las grandes alturas pasan numerosos fenómenos, con cuyo difícil estudio se puede constituir una ciencia positiva…Algunos, sin embargo, de noble y elevado espíritu por las perfecciones han expresado sus dudas sobre la cuestión de los métodos adoptados en aquella ciencia, y sus temores por los resultados y por las aplicaciones de la que, limitándose en sus investigaciones a las capas inferiores de la atmósfera, se dice que corre riesgo de abusar de la analogía al establecer sus teorías fundamentales.

Pero la ciencia del Océano atmosférico existe o puede existir, porque se sostiene en un axioma filosóficamente expresado por Davy, y porque sus observadores se revuelven con la tenacidad propia de los números sobre los fenómenos y meteoros que llegan a presentarse en el plano atmosférico que cubre a la superficie marina o terrestre del globo1.

1.-Contribución de Rico al desarrollo de la meteorología española.

1.1.-Inicios de la meteorología en España

Los estudios meteorológicos en España, al igual que en el resto de Europa, se iniciaron al inventarse los primeros instrumentos de medida, el termómetro por Galileo en 1597 y el barómetro por Torricelli en 16432 , obteniendo las primeras series de datos los médicos ilustrados del siglo XVII, ya que en esa época, al inicio de la era industrial, tenían una aplicación directa en los estudios sobre la salud pública. Por este motivo se iniciaron diversas series de observación, aunque su conservación y continuidad resultaron problemáticas hasta el establecimiento, en 1860, de la red de observatorios de España, coordinados desde el Observatorio Astronómico de Madrid, situado en el Parque del Retiro, y del que fue director, en su primera etapa, Manuel Rico.

Una buena fuente para conocer los primeros intentos del establecimiento de la meteorología en España es el propio Rico, que en diversos trabajos presenta los proyectos que se realizaron con este fin en nuestro país, durante el siglo XVIII y primera parte del XIX3, en los que se pueden encontrar la descripción de los primeros intentos de establecer una sistemática en la observación meteorológica. Estos se iniciaron en 1737 mediante la publicación de las efemérides barométricas por el médico D. Francisco Fernández Navarrete, como respuesta a la invitación que realizó en 1725 Jacobo Guerin, de la Sociedad Real de Londres, a que se verificasen las observaciones meteorológicas en el mayor número de lugares de Europa. Esta publicación fue realizada siguiendo las indicaciones de la Real Academia Médico-Matritense, que estableció el primer plan para realizar observaciones meteorológicas simultáneas en la Península, el cual no pudo llevarse a cabo, ya que, como señala Rico:

ni la ocasión ni los tiempos transcurrieron favorables, y la Academia Médico-matritense tuvo que ceder a otras la gloria de edificar de nuevo en el terreno de la ciencia, abandonando su primitivo pensamiento, entre otras muchas causas, por la carencia de recursos permanentes y porque como centro académico le faltaron aquellos medios que enalteciendo a las sociedades análogas de otros países, las convirtieron en medianeras entre el estudio individual y los depositarios del poder…las consideraciones que se refieren al proyecto meteorológico-médico no solo se presentan notables por las razones y espíritu filosófico que brillan en ellas, sino también por su semejanza con las que sirvieron de fundamento al proyecto análogo que realizó desde 1781 hasta 1792 la Sociedad meteorológica del Palatinado, la cual, con más fortuna que nuestra Academia, llegó a publicar algunos tomos de efemérides barométricas y termométricas simultáneas, correspondientes a la extensión vastísima de la superficie de las tierras comprendidas entre los montes Urales por el Este y Cambridge en el Norte América y entre la Groenlandia al Norte y Roma en la región del Sur4.

Las ideas y planes meteorológicos de la Academia Médico-matritense fueron retomados en 1784 por el proyecto del conde de Campomanes, mediante el cual se dispuso, que remitiesen a la secretaría de la Presidencia de Castilla los corregidores y alcaldes mayores de las ciudades del reino, noticias quincenales de referencia al temple del aire, y de las lluvias, nieblas, vientos, nubes, rocíos, tempestades y demás meteoros que se observasen, señalando su influencia favorable o nociva en la vida vegetal, y sobre la riqueza consiguiente, o desmejoramiento y pérdidas de las cosechas. Este proyecto estuvo vigente hasta los primeros años del siglo XIX, en que por la Guerra de la Independencia se interrumpió, volviendo a restablecerse en 1815, para darse completamente al olvido en 1834.

Con un objetivo mucho más amplio que los anteriores, que estaban limitados a la Península, en 1790 el ilustre marino Alejandro Malaspina presentó su plan de “correspondencia de efemérides meteorológicas”, según el cual, las observaciones meteorológicas simultáneas deberían extenderse a las entonces vastísimas colonias españolas, y cuyo centro sería la Academia de guardias marinas en Cádiz, mientras no se formase la de las ciencias en Madrid. De este proyecto se esperaba poder conocer los climas en las diferentes regiones de América, el estudiar los fenómenos meteorológicos en su desarrollo y paso con mayor o menor influencia sobre grandes extensiones de nuestro globo, a parte de poder contribuir dichos estudios a la perfección y progresos del arte de navegar. Aunque a la vista del interés del proyecto el gobierno dispuso en 1791 que se redactase una instrucción para la uniformidad de las observaciones y se ofrecieron los fondos para costear los instrumentos, finalmente este no se llevó a cabo, señalando Rico:

el plan de observaciones meteorológicas simultáneas la han realizado 60 años después la nación Británica, la marina y el gobierno de los Estados Unidos, la Holanda y la Francia recíprocamente en sus establecimientos coloniales de las regiones del Ecuador y del hemisferio austral5.

Entre otros motivos, para poder centralizar los estudios meteorológicos en España, especialmente en sus aplicaciones a la agricultura, a la higiene pública, a las estadísticas y, como señala Rico6, al esclarecimiento e ilustración de los complicadísimos problemas físicos propios y especiales de la Península Ibérico-Lusitana, se inició en 1790 la construcción del Observatorio de Madrid propuesto por el célebre marino Jorge Juan en 1770, y cuyo primer director fue el abate D. Salvador Jiménez. Rápidamente se estableció, dentro de la Escuela de Astronomía, una cátedra de meteorología cuyo primer titular fue D. Juan Garriga, autor del primer libro español de meteorología, en 17947. Aunque el observatorio llegó a adquirir en sus primeros años de funcionamiento una justa y bien merecida fama, al estallar la Guerra de la Independencia el Buen Retiro fue convertido en una ciudadela ocupada por las tropas francesas y sus edificios, entre los que se incluía el observatorio, convertidos en cuarteles, hospitales y polvorines. Además, a causa de la guerra se dispersaron los profesores, interrumpiéndose por tanto las actividades de esta institución.

Una vez concluido el conflicto bélico, el observatorio estuvo prácticamente abandonado hasta 1837, reorganizándose en 1853 y creándose una sección de observación meteorológica en 1854, dotándolo de nuevos aparatos. Se encargó de esta sección el Catedrático de Física de la Universidad de Madrid, D. Juan Chavarri, quien fue sustituido al poco tiempo por su sucesor en la misma cátedra, Manuel Rico, quien ya publicó la primera serie de observaciones meteorológicas de esta nueva etapa, en 1854.

Aunque en teoría esta disposición parecía correcta, no tardaron en surgir discrepancias ya que al estar las observaciones meteorológicas al cargo de un profesor de la Universidad, este no se creía obligado a reconocer la autoridad del Director del Observatorio, al que consideraba como puramente astrónomo. Según un informe del Comisario Regio8, esto fue causa de rozamientos y rencillas, agravadas por la convivencia en el edificio. A raíz de este informe, el 12 de mayo de 1858 se reorganizó la estructura de esta institución, reuniéndose bajo una sola dirección las dos secciones, astronómica y meteorológica, recayendo la misma sobre el responsable del Observatorio astronómico, quedando desligado de las actividades meteorológicas el profesorado de la Universidad, que como se ha comentado, dirigía Rico.

1.2.- Recopilación y conservación de series meteorológicas

Manuel Rico se dedicó a recopilar en la medida de lo posible datos de las estaciones que estuvieron funcionando en España desde el siglo XVIII, de forma que tanto entre sus manuscritos9 como en escritos publicados en diversos ensayos, se encuentra la serie de observaciones barométricas y termométricas más antigua que se conoce en España, la iniciada en 1737 en Madrid por el Dr. Francisco Fernández Navarrete. Igualmente, adquirió las observaciones que ya se empezaron a publicar de forma continuada hacia finales de siglo XVIII, de forma que pudo conservar las correspondientes a Barcelona, iniciada en 1780 por el Dr. Salvá, Cádiz, verificadas por el Dr. Sánchez Buitrago a partir de 1786, y, desde ese mismo año, el reinicio de la serie de Madrid, por los Drs. Salanoba, Guilleman y Casal.

Aunque inicialmente fue bastante crítico con la exactitud de los datos meteorológicos presentes en las series que recopilaba, posteriormente cambió de opinión, al comprobar como:

la comparación entre sí de las observaciones presentan en general una marcha uniforme y simultánea, tanto en el orden y marcha regular de los fenómenos meteorológicos como en los estados insólitos del tiempo; por cuya razón debe asegurarse que, los trabajos verificados en España, son buenos y de verdadero valor. Si respecto de los instrumentos nos hallábamos con un error constante e invariable, nuestros observadores tuvieron la misma exactitud y cuidado en sus estudios que los alemanes e ingleses; las obras de aquellos pueden y deben utilizarse” 10.

Al quedar como responsable del observatorio meteorológico de Madrid, sistematizó, recopiló y encuadernó las observaciones meteorológicas realizadas en dicha ciudad desde 1802 hasta 185711. Con esto, aparte del interés científico de disponer de estos datos, pretendía Rico:

probar la notable y verdadera importancia científica del observatorio del Buen Retiro, cuyos hombres de aquel tiempo tienen derecho a que sus obras ni sean olvidadas ni destruidas, sino perfeccionadas, dándoles nuevos realces que las hagan más útile12.

Al desparecer durante el primer tercio del siglo XIX el proyecto de observación meteorológica del conde de Campomanes anteriormente mencionado, únicamente se mantuvieron algunas observaciones, varias de ellas a título personal, de forma que Rico señala:

por modestia, por temor o por desánimo las han conservado inéditas; y si publicaron las de algún año lo hicieron bajo el velo del anónimo, no teniendo derecho a acusarlos si las interrumpieron; pues a estos trabajos les faltaba en el país un centro científico conocido donde no solo concurriesen, sino donde recíprocamente recibiesen el orden y el espíritu que anima a los hombres una vez asociados por el estudio13.

Por su parte, al tener conocimiento de esta situación de series inéditas, Rico realizó una intensa labor de recopilación de las mismas, como son las correspondientes a Valencia, La Laguna, Palencia, Santiago de Compostela, Guadalajara, Gijón o Valladolid, entre 1800 y 185014.

También era consciente de la gran importancia que tiene el intercambio de la información meteorológica entre los diferentes observatorios, mediante el establecimiento de redes de observación, señalando Rico como se empezaba a desarrollar este tema en otros países, al indicar:

la administración pública de los grandes centros de la civilización europea y americana … ha puesto en Inglaterra, en Prusia, en el Norte-América y últimamente en Francia, a disposición de la meteorología, sus faros, sus torres telegráficas y la inmensa red de los hilos eléctricos que cubren a la Europa y a una parte del Nuevo Mundo, para recoger y transmitir las noticias referentes a los meteoros que se presentan o pasan en la redondez de nuestro globo15.

Dentro de este aspecto, cita y comparte las palabras de Humboldt, de 185516, en las que éste célebre científico muestra su convicción sobre el interés del conocimiento de las variaciones y cambios meteorológicos mediante el uso de la telegrafía, al igual que hace suyas las palabras de Reid, referidas a Inglaterra, en las que dice nuestro propio país es demasiadamente limitado para las comparaciones; en este estudio se requiere que las naciones se asocien para determinar las leyes físicas de la atmósfera17.

1.3.-Creación de la red española de observatorios meteorológicos

Al no fructificar ninguno de los intentos mencionados para establecer una red de estaciones meteorológicas a lo largo del siglo XVIII y primera mitad del XIX, Rico, conjuntamente con el profesor Juan Chavarri, presentó al Director General de la instrucción pública una memoria sobre el plan que podría adoptarse en España para realizar estudios meteorológicos18, planteando la necesidad de una adecuada red de observatorios, constituida por 53 estaciones, que sirvieran como representantes del clima en las diversas zonas en que dividía a la Península, y de los que esperaba poder obtener resultados significativos pasados al menos una decena de años de funcionamiento.

Las estaciones que propusieron, así como las distintas zonas que caracterizaban, son las siguiente19:

Estos observatorios fueron propuestos teniendo en cuenta los elementos meteorológicos más significativos en cada una de las zonas, así como las características  geográficas de las mismas, ya que a la hora de plantear la densidad de la red, señalan como las observaciones en los terrenos llanos no tienen por que ser tan densas como en los de orografía abrupta, mientras que en estos últimos será complicado establecer observatorios en los puntos más significativos, dado su difícil acceso y mantenimiento.
Red de estaciones meteorológicas propuestas por Rico y Chavarri

Finalmente, por Real Orden de 6 de octubre de 1850, se estableció la primera red de estaciones meteorológicas española, que con 23 estaciones, fue menos densa que la planteada por Rico y Chavarri20.

Para poder comparar los resultados entre las estaciones que se establecieron en la orden mencionada, fue necesario señalar unas reglas de observación e instalación de los aparatos. Esta importante tarea fue encomendada a Manuel Rico, como responsable del observatorio central, por lo que redactó las correspondientes instrucciones21. En estas, enumeró todos los instrumentos a instalar, recomendando también algunos libros que podrían ser útiles para el buen conocimiento de los distintos aparatos, como el titulado “Elementos de meteorología”, de Kaemp.

Rico destacó la importancia en la adecuada elección de los aparatos, ya que  todo el porvenir de nuestros estudios depende de la acertada elección que se haga de aquellos instrumentos, motivos suficientes para que nuestro Gobierno ponga el mayor cuidado en las primeras adquisiciones22.

Para la adquisición de estos, se aprovecho el conocimiento personal que Rico tenía tanto de instituciones científicas extranjeras como de fabricantes de instrumentos, fruto de sus viajes científicos por Francia, Bélgica, Inglaterra o Italia, y en los que recibió el encargo de adquirir diversos aparatos para varias instituciones españolas, así como poner en contacto a los responsables de las mismas con los fabricantes extranjeros de estos materiales, como señaló al escribir que diversos organismos:

han contado con mi pequeña influencia y conocimiento personal de los artífices constructores de instrumentos de física, química y de ciencias exactas, conocimiento e influencia que he prestado a mis amigos y compañeros y cuyos resultados se pueden apreciar por un dato numérico como es el de los sesenta a setenta mil duros que hasta hoy tendrán de coste los instrumentos de ciencias que bajo mi influencia extraoficial y gratuita han pasado en veinte años las fronteras de España23.

Las adquisiciones de estos aparatos siempre las realizó teniendo en cuenta cuales eran las necesidades reales de los mismos, ya que como señala:
con relación al material científico ha sido y será siempre muy fácil arrojar y perder el dinero; pero no lo es tanto el saberlo gastar razonablemente y de un modo que haya igualdad entre los valores empleados y los resultados, servicios y utilidades que de aquellos debe esperarse24.

Es evidente la plena actualidad de esta aseveración.

En su plan para el desarrollo de estudios meteorológicos nacionales, propuso dotar a los observatorios con barómetro, diversos termómetros, termógrafo, pluviómetro y veleta. Además consideró muy recomendable el instalar también un higrómetro así como una balanza anemométrica. Finalmente, los 23 observatorios de la Real Orden mencionada estuvieron equipados prácticamente con estos aparato25.


Barómetro Fortin, instalado en el Observatorio de Madrid en 1853, perteneciente a la colección de objetos antiguos del Observatorio Astronómico Nacional.

En el plan mencionado realizó una serie de recomendaciones sobre las características de los instrumentos a instalar, y que fueron seguidas en su mayor parte al dotar a los primeros observatorios de la red. Entre aquellas, propuso que los barómetros fueran de tipo Fortin, los cuales, hasta la generalización de los modelos de escala compensada en la segunda mitad del siglo XX, fueron el modelo de uso más general en los observatorios meteorológicos. También indicó la necesidad de realizar una adecuada calibración de estos instrumentos, mediante comparación con uno de referencia instalado en Madrid, para lo cual propuso un periodo de medidas de entre 60 y 90 días.

Propuso que los termómetros fueran de mercurio, con escala centígrada, con un rango entre –20ºC y 50ºC, que consideraba suficiente para nuestro país, templado, subdivididos en décimas de grado26. Para evitar problemas con los desplazamientos del cero que se pueden tener a lo largo de la vida útil del aparato, planteó que se exigiera a los responsables de los observatorios una calibración periódica de los instrumentos. Para el registro continuo de la temperatura propuso la instalación de termógrafos, de tipo Six, cuyo elemento sensible es una lámina metálica, utilizándose todavía en la actualidad instrumentos similares.

En cuanto a los pluviómetros, planteó que fueran construidos en España ya que:

son de tan fácil construcción que con sola la advertencia de que presenten un diámetro de nueve a doce pulgadas, y de estas fabricados de zinc o de cobre por alguno de nuestros artistas y de que tengan escalas divididas en líneas españolas o por el sistema decimal27.

En cada observatorio inicialmente estaba propuesta la instalación de dos de estos aparatos, uno en el techo del edificio y otro a nivel del suelo, para, en teoría, poder determinar la disminución de la lluvia con la altura. Actualmente se mide a 1,5 m de altura, ya que la presumible variación que se puede producir entre la azotea de los observatorios y el suelo será debida en su mayor parte a los errores intrínsecos a la medida del aparato más que a una variación atmosférica.

Aunque no lo consideró imprescindibles para todos los observatorios, planteó que al menos en 16 de ellos se instalaran para la medida de la humedad higrómetros de August o de Mason, constituidos por un par de termómetros, uno con el bulbo seco y el otro humedecido28, y para determinar la fuerza del viento, balanzas anemométricas, las cuales finalmente formaron parte de la dotación instrumental inicial de los observatorios.

La mentalidad práctica de Rico se manifestó claramente al escribir las instrucciones para la instalación y utilización de los instrumentos29, en las que dio minuciosas reglas sobre como desembalar y montar cada uno de los aparatos que se recibiesen en los diferentes observatorios, así como para poder reconocer el estado en que llegaran y realizar su instalación. Estos detalles, que pueden parecer poco importantes, fueron fundamentales a la hora de poner en funcionamiento las estaciones meteorológicas, ya que los encargados, en su mayor parte, eran profesores versados en Física, pero que no se habían visto anteriormente en el caso de tener que ejecutar semejantes actuaciones.

También tuvo en cuenta que muchas de las observaciones serían realizadas por personal colaborador, por lo que describe detalladamente como realizar los diferentes tipos de medidas, y dando recomendaciones como la siguiente:

conviene que las personas que auxilien a los profesores en sus observaciones meteorológicas, se acostumbren a leer con rapidez las alturas termométricas, pues deteniéndose enfrente de los termómetros, presentarían estos diferencias dependientes del calor radiante de los observadores, lo mismo que de la luz artificial cuando la empleasen durante los periodos nocturnos30.

Aunque con el uso de las garitas meteorológicas estos problemas se han atenuado bastante, sigue siendo una recomendación perfectamente válida.

Igualmente indicó como había que instalar los diferentes instrumentos. Así:

el barómetro ha de estar verticalmente, los termómetros y termógrafos al aire libre, resguardados de la acción directa de los rayos solares, los higrómetros necesitan estar colocados donde el aire corra renovándose, la veleta se situará a una altura dominando no solo el edificio sino a todos los inmediatos y que las balanzas anemométricas se establezcan en pequeñas plataformas por las inmediaciones de los pies de las veletas31.

Para resguardar a los termómetros de los rayos solares y de la lluvia, Rico propuso realizar un abrigo de madera, con paredes de doble fondo para impedir la conducción calorífica32. En la actualidad, se utilizan garitas meteorológicas construidas también en madera y con paredes de doble fondo, para favorecer la ventilación e impedir la conductividad del calor, donde se sitúan todos aquellos aparatos que necesitan estar ventilados, mientras que las veletas y anemómetros se procura colocarlos en un mástil de 10 m de altura y en terreno despejado.

 

Al igual que para el uso de los aparatos, también estableció una serie de recomendaciones para realizar las observaciones del estado de la atmósfera, de forma que estas fueran uniformes33. Para la observación de las nubes, propuso que se usara la clasificación establecida por Howard, ya que era la generalmente admitida para la realización de los estudios meteorológicos34. Además, señaló que otros meteoros que deberían anotarse en los registros, como son la calima, la niebla, las tormentas con sus fenómenos asociados (chubascos de lluvia o granizo, vientos fuertes y trombas), el granizo, indicando su tamaño y forma, las nevadas, considerando las fechas de inicio y cantidad, los rocíos y escarchas y, por último, los meteoros luminosos, como los arco iris, halos, auroras boreales, luz zodiacal y los rayos post y ante crepusculares. Aunque en la actualidad se observan un mayor número de elementos meteorológicos, se debe sobre todo a la introducción de nuevos tipos, que en su mayor parte son variedades de los señalados como importantes por Rico.

Uno de los temas fundamentales en la obtención de series meteorológicas es el método a seguir en el registro de los datos, así como la periodicidad en las medidas. Sobre este aspecto ya señaló Rico su importancia al afirmar:

la especialidad de los estudios meteorológicos consiste, filosóficamente considerada, en ser estos resultados de observaciones, cuyo valor aumenta a medida que su número va en progresión ascendente35.

Por ello, analizó los diferentes periodos de observación realizados en diversas estaciones europeas. De la observación horaria, 24 h al día, indicó que si bien es muy útil para la realización de campañas especiales de medidas, tiene el inconveniente de su penosidad, por lo que fue sustituida por la bihoraria (Rusia, Austria, Alemania y Prusia), la trihoraria (Italia e Inglaterra) o por cuatro observaciones diarias (Francia) 36.

A la vista de la experiencia de otros países, propuso que la observación cada dos horas debe ser la adoptada por un observatorio central, ya que:
es donde el Gobierno tiene influencia directa y se suponen a las personas más entendidas en la ciencia: de consiguiente desaparece la monotonía, y se convierte el estudio en recoger lenta y sucesivamente los elementos del saber37.

La observación trihoraria consideró que era la adecuada para los observatorios instalados en las escuelas superiores, mientras que la división en cuatro periodos
es más sencilla, no cumple tan bien con las exigencias del estudio, pero en cambio se adapta mejor a la generalidad de nuestras escuelas.38

Igualmente, dio instrucciones sobre como registrar los datos en los cuadernos de observación, tarea fundamental ya que, como el propio Rico escribió:
el orden de la división es la primera base del proceder filosófico en los estudios meteorológicos, pero esta no sería suficiente sin otra relativa a la reunión en cuerpo de muchas observaciones verificadas con el objeto de fijar los resultados variables y leyes de la naturaleza.

En concreto, propuso que:

debiendo las observaciones meteorológicas de nuestro país estar modeladas en general sobre la base de haberlas verificado a las nueve, doce, tres de la tarde y nueve de la noche, se anotarán en un libro siguiendo el orden de los días y de los meses; de este primer libro se han de sacar en hojas o tablas abrazando el periodo de cada mes, con la condición respecto del barómetro de estar rectificado a cero de temperatura y del higrómetro de estar calculada no solo la humedad, sino la presión del vapor acuoso; estas tablas se duplicarán, remitiendo unas al Observatorio Central y otras para la Biblioteca o Archivo de las respectivas escuelas donde se hallen existentes las estaciones de observación39.

No tuvo en cuenta únicamente el aspecto técnico de la dotación de los observatorios, sino que también consideró el factor humano como elemento primordial a la hora de poder llevar adelante la red de observatorios, señalando que la operatividad de la red debería estar guiada por la normativa establecida por el Observatorio Central, mientras que los temas administrativos los debería impulsar el Gobierno, mediante medidas como la adquisición de aparatos, adecuación de las horas de las clases de física, a las de observación, ya que los responsables de aquellas en general eran los encargados de las estaciones, o estimular el celo de estos profesores estableciendo algún título honorífico para aquellos que pasado algún tiempo hubieran dado pruebas de celo por el nuevo trabajo y que debería servirles para adelantar en sus respectivas carreras, que se concedería en función de las observaciones remitidas y del juicio científico del Observatorio Central. Igualmente sugirió que se concediera una pequeña gratificación a los observadores que colaborasen con los profesores en las tomas de medidas, especialmente en las horas nocturnas.

Finalmente, planteó extender las observaciones a las Baleares y Canarias, así como a las Antillas y las Filipinas, afirmando:

si se establece primero estudios y trabajos sobre el clima de la Península y Baleares, se coloca después en las Canarias procurando medios de conocer los accidentes en las inmediaciones de los trópicos; en nuestras Antillas los de la Zona Tórrida y en las Filipinas los del este del antiguo continente, fácilmente se concibe que nuestra edad concluirá por decir que el sol alumbra desde todos los puntos de su curso los estudios meteorológicos de España40.

Desgraciadamente, como se señala en el primer volumen del anuario del Real Observatorio de Madrid, de 186041, pese a los buenos oficios de Rico para la adquisición de los aparatos y las precisas instrucciones para su instalación y utilización, ni todos los instrumentos llegaron del extranjero en buen estado, ni para colocarlos se eligieron lugares a propósito ni, efectuadas muchas observaciones, se ordenaron, discutieron y publicaron en conjunto por largo tiempo, por lo que en esa época llegaban datos al Observatorio Central de muy pocos puntos de la Península, de cualquier modo distribuidos y muchos de ellos tarde e incompletos. Así, se llegó a plantear incluso la necesidad de realizar o no observaciones meteorológicas sistemáticas, dada la degradación a que había llegado la red. Afortunadamente esto no llegó a realizarse y, finalmente, se consolidó la meteorología oficial en España al crearse, en 1887, el Instituto Central Meteorológico42.

1.4.- Dirección de la sección de meteorología del Observatorio de Madrid

Aunque se estaban realizando medidas en el observatorio de Madrid desde 1837, estas estaban reducidas a la temperatura, precipitación y presión, anotando la dirección del viento y el estado cubierto o despejado de la atmósfera, presentando interrupciones en las series y encontrándose los datos inéditos. Por ello, finalmente en 1853 se reorganizaron las actividades del Real Observatorio de Madrid , creándose la sección de observación meteorológica, bajo la responsabilidad del catedrático de Física de la Universidad de Madrid, inicialmente fue Juan Chavarri, sustituido pronto, en 1854, por Rico, quién fue realmente el encargado de la puesta en marcha de la observación meteorológica en dicha institución.

Se tomó la decisión de ampliar el número de elementos atmosféricos a registrar, de forma que se instalaron en el observatorio un barómetro; termómetros tipo, de máxima, de mínima, de radiación y de subsuelo; un higrómetro, un anemómetro de Osler, con registro continuo del viento, un pluviómetro y un medidor de electricidad atmosférica.

Una vez adquiridos e instalados los aparatos en el observatorio, dieron comienzo las observaciones en diciembre de 1853, publicándose el resumen de las observaciones correspondientes a 185443. Este trabajo se realizó con gran detalle, presentando no únicamente los datos, sino también los comentarios sobre el estado de la atmósfera, la evolución de la misma en sus diferentes aspectos a lo largo del año, el análisis de los diferentes parámetros y su comparación con los obtenidos en otros lugares de la Tierra. Para esto se utilizó en gran medida la experiencia presente en trabajos de relevantes científicos, tanto españoles como extranjeros, como son, entre otros, Poisson, Humboldt, Dove, Buys-Ballot o D.P. Delgado y de los que Rico tenía un profundo conocimiento44.

Insistió en la necesidad de adquirir aparatos para medir el viento, elemento imprescindible para poder comprender la dinámica atmosférica. Esto es especialmente cierto en la época a la que estamos haciendo referencia, cuando todavía no existían los mapas sinópticos y, por tanto, era sumamente complicado el poder determinar el origen de las masas de aire, así como su evolución. De esta complejidad era consciente Rico, al señalar en uno de sus estudios meteorológicos  la interpretación física de los Monzones, como la de los Alisios en las regiones tropicales, la de los variables de las zonas templadas, la de los Tifones y la de los Huracanes periódicos y exclusivos en determinadas regiones de la tierra, se ha presentado hasta hoy dificilísima; resultando de aquí hipótesis mas o menos ciertas, conjeturas probables, y la inseguridad científica en el estudio de los vientos45:.

Rico también hizo mención de otro aspecto fundamental para la realización de una adecuada investigación meteorológica, cual es la continuidad en los estudios, al decir:
si las observaciones han de producir toda la utilidad que prometen, es indispensable que los trabajos en esta parte de la ciencia sean continuados, pues con la continuidad será posible fijar alguna de las muchas indeterminaciones que se presentan en la dinámica tan agitada del piélago atmosféri
46.

En el estudio de las temperaturas incluido en el resumen de 1854, no analizó únicamente los valores de las mismas, señalando el valor máximo del año (41,6ºC el 22 de agosto) sino que también hizo un especial hincapié en el estudio de la oscilación diurna, relacionándola con la nubosidad, ya que, como es sabido y Rico señala: el estado despejado de la atmósfera influye enérgicamente para que sean mayores las diferencias entre las máximas temperaturas diurnas y las mínimas temperaturas de calor47. Así, del análisis de la oscilación media diurna de las temperaturas, puede inferir que meses en cada estación fueron los más despejados, que corresponderán a los de mayor variación térmica.

Las observaciones higrométricas, es decir, relacionadas con la humedad atmosférica, no se realizaron en España de manera sistemática hasta 1854, en que se incorporaron a las que se efectuaban regularmente en el Observatorio de Madrid. A partir de esta información confiaba Rico poder caracterizar el clima del centro peninsular, ya que hasta entonces se veía muy probable que los valores de la humedad de esta zona deberían ser muy diferentes a los obtenidos en otros puntos de Europa, pero no se disponía de datos para comprobarlo. En el resumen correspondiente a 1854 ya señaló como los mínimos de humedad de verano y otoño en Madrid son muy notables cuando se comparan con los países del oeste y centro de Europa. Igualmente presentó la precipitación registrada en el Observatorio durante el año así como la evaporación. Este último parámetro tradicionalmente ha sido uno de los más complicados en medir de forma adecuada en los observatorios meteorológicos, aún en épocas recientes. Rico utilizó para ello un sistema similar al que actualmente se usa, consistente en un recipiente con agua, determinando la cantidad de agua evaporada por diferencias entre dos medidas del agua contenida en el recipiente a horas fijas48.

Uno de los aspectos fundamentales en la meteorología es el intentar realizar pronósticos sobre la evolución probable del tiempo. Hoy en día existen diversas técnicas para poder realizarla, todas ellas basadas en un adecuado análisis de partida del estado de la atmósfera. En la época en que Rico realizó la mayor parte de sus estudios meteorológicos todavía no se disponían de mapas sinópticos que permitieran conocer la distribución de las masas de aire así como su evolución, ya que hasta que no se sistematizó el uso del telégrafo para transmitir los datos no se pudo disponer de los adecuados análisis de la situación atmosférica49. Sin embargo, ya se prestaba una especial atención a la evolución de los vientos, señalando Rico que las corrientes atmosféricas participan de los caracteres meteorológicos y físicos de las regiones de donde vienen para transmitirlas a los países por donde cruzan50, aseveración que realmente pone de manifiesto la existencia de regiones manantiales de masas de aire, siendo la evolución de las mismas las que dan lugar al tiempo predominante de una zona determinada51.

La falta de un conocimiento global de los movimientos atmosféricos indujo a diversos errores en la interpretación de los datos observados, tanto de Rico como de diversos investigadores de su época. Así, por ejemplo, en la descripción de las condiciones meteorológicas reinantes en Madrid en marzo de 188752, hace mención sobre la existencia de un temporal del Nordeste, proveniente de Europa y que atravesó a la Península. Añade que dicho temporal debió marchar hacia el sudoeste, regiones intertropicales, mar de las Antillas y golfo de Méjico, a donde debió llegar aquel temporal europeo en el transcurso de ocho o nueve días. Esta última afirmación es claramente incorrecta, a la vista del conocimiento actual que se dispone sobre la dinámica atmosférica, y que se puso de manifiesto al poder utilizar mapas sinópticos en los cuales seguir, al menos en el nivel de la superficie terrestre, la evolución de los diferentes sistemas meteorológicos.

La irradiación solar se consideraba un elemento importante para los estudios meteorológicos en general, especialmente en sus aplicaciones agronómicas, como se desprende de las siguientes palabras de Daniell, citadas por Rico53, el agricultor sabe muy bien que sin la influencia directa del sol, y sea la que quiera la temperatura del aire, los frutos de la tierra rara vez llegan a su estado de madurez…por esta razón, conviene saber la elevación de temperatura que puede originarse por los rayos directos del sol.

Es por ello que se realizaron medidas de este parámetro a partir de la nueva organización del Observatorio de Madrid. Sin embargo, este elemento presentaba, antes de la invención de los piranómetros y pirheliómetros eléctricos, una gran dificultad en su estimación. En la época a la que nos estamos refiriendo, las medidas de la irradiación se hacían utilizando dos termómetros, uno expuesto al sol y el otro a la sombra. Realmente esta forma de determinar la intensidad de la radiación solar es meramente cualitativa, siendo difícilmente comparables las medidas entre aparatos, ya que son muy dependientes del vidrio en el que están realizados. Rico era consciente de estos problemas señalando que:

el procedimiento de observar dos termómetros de máxima para determinar el valor y fuerza de la facultad térmica de los rayos solares presenta por lo general muchas irregularidades y no pocos defectos por los resultados obtenidos54.

Para corregir en la medida de lo posible estos problemas, en la serie de datos de 1854 utilizó también un actinómetro de Herschel con el objeto de verificar las medidas55.

Otra de las variables meteorológicas que se empezó a medir sistemáticamente al hacerse cargo Rico del Observatorio fue la temperatura del subsuelo a distintas profundidades. Este parámetro, muy útil en su vertiente agrometeorológica al señalar la amplitud y profundidad de la onda térmica bajo tierra, sigue midiéndose actualmente con sistemas muy similares a los utilizados por Rico, consistente en un juego de termómetros con sus elementos sensibles colocados a diferentes niveles56. En la publicación de los datos de 1854, Rico hace mención a los primeros estudios sobre este tema, planteados de forma analítica por el célebre matemático y físico S. Poisson57, a principios del siglo XIX, y compara sus registros con los obtenidos en otros observatorios europeos, como los llevados a cabo en Bonn, encontrando resultados muy similares entre ambas estaciones.

 

Continua en Parte II: https://www.tiempo.com/ram/27235/contribucion-de-d-manuel-rico-y-sinobas-a-la-investigacion-meteorologica-en-espana-parte-ii/

 

 

Notas de la Parte I

1 Rico Sinobas, M. Fenómenos de la electricidad atmosférica. p.4.

2 Aunque la veleta para medir la dirección del viento y el pluviómetro para la precipitación se utilizaron anteriormente al invento del termómetro, no se tienen registros antes de finales del siglo XVII. Otros instrumentos meteorológicos desarrollados posteriormente fueron, por ejemplo, el higrómetro de cabello por Saussure en 1780, para medir la humedad relativa o el anemómetro de Woltman en 1780, para determinar la velocidad del viento.

3 Como por ejemplo, en su ensayo “Estudios meteorológicos y topográficos médicos en España, en el siglo XVIII”, publicado en 1858 en la revista El Siglo Médico.

4 Rico Sinobas “Estudios meteorológicos y topográficos médicos en España, en el siglo XVIII”. El Siglo Médico. p.49.

5 Rico Sinobas. Estudios meteorológicos y… op.cit.; p.58

6 IBID; p.74

7 Titulado “Curso elemental de meteorología”. Anteriormente, se habían traducido algunos libros sobre meteorología al español, siendo el más antiguo de ellos “La Meteorología aplicada a la agricultura” del P. Joseph Toaldo, traducido por Vicente Alcalá Galiano en 1786.

8 D. Gil de Zárate, Comisario Regio del Observatorio desde diciembre de 1851 hasta su fallecimiento, en enero de 1861, que según cuenta J. Tinoco en sus “Apuntes para la historia del Observatorio de Madrid” desempeñó el puesto con gran discreción, teniendo como principal objetivo de su cargo el ser un agente del Gobierno encargado de darle impulso, procurando que sus necesidades sean atendidas, sin mezclarse en los trabajos científicos. Este cargo persistió hasta 1868, en que fue suprimido, pasando a depender el Observatorio directamente del Rector de la Universidad Central.

9 Gran parte de estos manuscritos se encuentran depositados en el Archivo de la Real Academia Nacional de Medicina de Madrid (ARANMM).

10 Rico Sinobas: Memoria sobre las causas meteorológico-físicas que producen las constantes sequías de Murcia y Almería, señalando los medios de atenuar sus efectos.;pp.7-8.

11 Estos volúmenes se encuentran depositados actualmente en el ARANMM.

12 Rico Sinobas: Estudios meteorológicos y…op.cit.;p.74.

13 IBID.; p.57.

14 Estos datos se encuentran recopilados en los legajos denominados Observaciones meteorológicas varias de 1800 a 1848 y Observaciones varias de 1847 a 1854 depositados ambos en el ARANMM

15 Rico Sinobas: Estudios meteorológicos y…op.cit.;p.73.

16 En la carta que el barón de Humboldt dirigió a Mr. Elie de Beaumont, en 1855 en la que indica “soy de la opinión de aquellos que creen que el conocimiento simultáneo de las variaciones y cambios meteorológicos auxiliados por la telegrafía eléctrica, puede en ciertos casos ser muy útil, como por ejemplo, en las grandes cuencas de los ríos, y con motivo de las lluvias, nieves y deshielos, etc”.

17 Rico Sinobas: Estudio del huracán que pasó sobre una parte de la península española el día 29 de octubre de 1842.; p.74.

18 Rico Sinobas, M. y Chavarri, J. Memoria sobre el plan que podría adoptarse para verificar estudios meteorológicos en España.

19 IBID.; pp.323-324

20 Estas 23 primeras estaciones meteorológicas, que constituyeron el embrión de la actual red sinóptica del Instituto Nacional de Meteorología, fueron instaladas en su mayor parte en Universidades e Institutos de segunda enseñanza de las siguientes localidades: Alicante, Barcelona, Bilbao, Granada, Oviedo, Salamanca, Santiago, Sevilla, Valencia, Valladolid, Zaragoza Albacete, Almadén, Badajoz, Burgos, Ciudad Real, Cuenca, Huesca, Murcia, Palma de Mallorca, Riotinto, Soria y el propio Observatorio de Madrid, coordinador de las anteriores.

21 Rico Sinobas, M. Instrucciones para la colocación y uso de los aparatos meteorológicos en las estaciones que se establecen según Real Orden de 6 de octubre de 1850

22 Rico Sinobas y Chavarri: Memoria sobre el…op.cit.; p.425.

23 Rico Sinobas, M. “Viaje científico a Francia e Italia”. Revista del movimiento intelectual de Europa. nº14, p.106.

24 IBID.; p.106.

25 Los instrumentos destinados a cada observatorio fueron: barómetro, termómetro tipo, termómetro de máxima al sol, termómetro de mínima junto al suelo, termómetro de máxima, termómetro de mínima, termómetro húmedo de máxima, termómetro húmedo de mínima, anemómetro de Barrow y dos pluviómetros.

26 Actualmente siguen siendo similares, en general con la escala subdividida en dos décimas de grado.

27 Rico Sinobas y Chavarri: Memoria sobre el plan…op.cit.; p.426.

28 Actualmente este sigue siendo uno de los sistemas más utilizados para determinar los diferentes parámetros relacionados con la humedad atmosférica.

29 Rico Sinobas: Instrucciones para la…op.cit.

30 IBID.; p.25

31 Rico Sinobas y Chavarri: Memoria sobre el…op.cit.; p.428

32 Rico Sinobas: Instrucciones para la…op.cit.; p.16

33 IBID.; pp.34-42.

 

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