Algunas notas sobre las verdes anomalías en los árboles de hoja caduca a finales de otoño de 2006

Se presentan en este artículo unas notas meteorológicas sobre la singularidad del otoño de 2006 con respecto a la caída tardía de las hojas de algunos  árboles caduciformes que adornan nuestros jardines y parques.

Figura 1. A finales de noviembre se podían ver sauces llorones en su gran esplendor con verdes hojas como en el verano, dando sombra bajo la presencia de la luz tenue otoñal.
Figura 1. A finales de noviembre se podían ver sauces llorones en su gran esplendor con verdes hojas como en el verano, dando sombra bajo la presencia de la luz tenue otoñal.

Resumen

Se presentan en este artículo unas notas meteorológicas sobre la singularidad del otoño de 2006 con respecto a la caída tardía de las hojas de algunos árboles caduciformes que adornan nuestros jardines y parques. Las temperaturas relativamente altas, la ausencia de heladas y las abundantes lluvias otoñales de 2006 en ciertas zonas de la península Ibérica provocaron un alargamiento desmesurado y llamativo de la permanencia de las hojas en muchos árboles. En otros años, y por las mismas fechas, las hojas perecederas ya cubrían el suelo de parques, bosques y jardines.

Palabras clave: fenología, caída de las hojas, climatología, otoño, 2006.

1. Introducción

Muchos medios de comunicación se hicieron eco de un aspecto paisajístico de los árboles de campos y ciudades del final de otoño de 2006 y que se dio en muchas zonas de España: mientras que los suelos debían estar cubiertos por una capa de hojas marchitas, muertas y desprendidas de ciertos árboles y arbustos, las hojas seguían encaramadas a los árboles caduciformes que las vio nacer la pasada primavera. Y todo ello como consecuencia de los aspectos meteorológicos vividos en los últimos meses de 2006: sequedad extrema en los meses cálidos, temperaturas mínimas benignas en los meses otoñales y ausencia de heladas en los dos últimos meses, octubre y noviembre, que fueron muy húmedos.

Al redactar estas notas, nos encontrábamos a finales de noviembre y primeros de diciembre de 2006 y al dirigir nuestra mirada hacia nuestros parques y jardines veíamos que el manto verde tupía todavía muchos árboles, cuando lo normal es que la caída de las hojas debería haber tenido lugar, figura 1. Esto no nos sirve de una referencia absoluta pues en las grandes ciudades hemos creado un microclima especial y las condiciones del regadío artificial alteran, lógicamente, el ciclo de vida de las plantas. Pero aún así, el año 2006 ha sido similar en gran parte de España: higueras, árboles llorones, falsos plátanos, plantas trepadoras, arbustos, etc., de hojas caducas se resistían a perder su masa verdosa. Hasta que llegó diciembre con su frío helador. El “algo está pasando” fue la frase que muchos empleaban para describir este fin de otoño benigno de 2006. Después de los veranos calurosos de 2003, 2005, y de la persistencia de los calores de 2006, junto a la última pertinaz sequía, las lluvias otoñales de octubre y noviembre, se viene a la cabeza el amenazante efecto del cambio climático y la huella del ser humano en este cambio.

Y todo ocurría como si algunas plantas rebrotaran con fuerza y trataran de ganar el tiempo perdido con el mantenimiento de sus hojas, después de un periodo seco entre 2005-2006 donde las lluvias se ausentaron notablemente en casi toda España. Las precipitaciones abundantes en la mitad occidental durante un otoño muy cálido daban energías a las maltrechas y doloridas plantas; una primavera otoñal tardía llenaba nuestros jardines y campos. En estas condiciones, algunos medios se han hecho eco de tan socorrida frase: el “qué ocurre ahora”, encaja ya con el calentamiento global terrestre que se avecina, según anuncian los expertos para los años venideros. El titular de prensa estaba, a todas luces, servido sin pensar en sus consecuencias. Mucha gente acepta esa idea porque todo encaja con el vago y deficitario pensamiento que se tiene sobre el cambio climático. Otros achacan esta primavera otoñal a que el tiempo está loco, pero el tiempo siempre ha estado loco, o ¿lo está más ahora que antes?

Este retaso aparente en el proceso natural de ciertos árboles y arbustos está justificado por la temperie de este final de año y quizás de lo vivido con anterioridad: las temperaturas benignas, ausencia de heladas y unas lluvias otoñales oportunas muy coincidentes con el mercurio relativamente alto fueron los responsables de tal singularidad arbórea. Todo ello aconteció con un periodo previo muy seco. Y eso que hemos sido visitados por sistemas de bajas presiones con vientos fuertes y moderados que deberían haber ayudado a mover más intensamente las ramas de los árboles para despojarlos de sus hojas, pero ni con eso. Este hecho no sólo se ha dado en España. Otros países europeos han visto alterada su fisonomía arbórea de hojas caducas de sus parques y jardines por los mismos acontecimientos meteorológicos que en España. Vemos algunas de las razones.

2. Consideraciones básicas biológicas y fisiológicas

Las plantas, como todo ser vivo, tienen una relación muy estrecha con el medio que les rodea. Este medio ambiente es un moldeador de la propia fisiología de la planta; el contacto con una situación extrema puntual o con unas condiciones ambientales iguales y duraderas (crónicas) producen respuestas distintas en la planta.

El stress se define como: un desequilibrio termodinámico con el entorno, capaz de producir una tensión interna que inducirá cambios metabólicos en la planta.

Ante una situación de stress la planta reaccionará creando mecanismos de resistencia puntuales si el stress es repentino. Si el stress perdura en el tiempo y se hace crónico, la planta adquirirá mecanismos metabólicos de tolerancia para desactivar la tensión externa. En cambios lentos o de stress muy ligero, la planta tiene la capacidad de aclimatarse, lo que le permitirá que un stress posterior más intenso no le provoque un daño agudo.

Si el stress es muy intenso y se mantiene durante un tiempo largo, la planta no puede reaccionar metabólicamente (no se adapta) y acabará muriendo.

En la siguiente gráfica, figura 2, se ve cómo se comporta la planta cuando el stress se incrementa y sube la resistencia que tiene que hacer ante él.

En la fase 1, FASE DE ALARMA, la planta tiene el primer contacto con el stress y la primera reacción de alerta, de momento no varía nada.

En la fase 2, FASE DE INDUCCIÓN, la resistencia baja y la planta empieza a desarrollar las variaciones del metabolismo para adaptarse a los cambios.

Fase 3, FASE MÁXIMA, ya llevamos un tiempo prolongado con un stress intenso, la planta pone en marcha mecanismos más extremos de resistencia porque los cambios anteriores no han funcionado y la planta se ve superada.

Fase 4, AGOTAMIENTO, la planta ha llegado a unos niveles donde ya se ve superada por la duración del stress y empieza un fallo general de su organismo

Fase 5, MUERTE, la planta se colapsa y, finalmente, muere.

Figura 2. Gráfica conceptual de reacción donde R y T representan la resistencia y el tiempo cronológico, respectivamente.
Figura 2. Gráfica conceptual de reacción donde R y T representan la resistencia y el tiempo cronológico, respectivamente.

Si en la fase temprana de agotamiento el stress cesa, muchas plantas pueden recuperarse y volver a crecer en una época más favorable.

Si hablamos del tema que en este artículo nos incumbe, veremos como este stress, sea por déficit hídrico o de temperaturas altas, sólo afectará a la planta en épocas de crecimiento y desarrollo que se darán en primavera y principios de verano. Es entonces cuando las condiciones adversas van a afectar más negativamente a la planta. En otoño, al ser una época donde el nivel metabólico está estable o en bajada, las condiciones externas desfavorables no van a alterar el crecimiento ni la vida de la planta.

3. Parámetros medioambientales y las plantas

Ahora nos vamos a centrar en cómo afectan la luz, la radiación, la temperatura y el agua disponible en el suelo en el crecimiento y vida de la planta.

La luz, como todos sabemos, es el elemento esencial para que la planta realice la fotosíntesis, es decir, el proceso por el cual la planta obtiene la energía necesaria para poder incorporar el carbono, proveniente del dióxido de carbono, en la composición de todas sus moléculas. La luz y la radiación están implicadas en lo que llamamos el fotoperiodo que se define así: el conjunto de procesos mediante los cuales las plantas regulan sus funciones biológicas como el crecimiento o su reproducción utilizando como indicador el ciclo día-noche, por lo tanto las horas de luz y, a su vez, el ciclo del sol.

Este mecanismo va a determinar procesos como la germinación, la dormición (proceso en el que entra una yema de un árbol o una semilla para superar una etapa desfavorable para su desarrollo, en el caso de las yemas de los árboles el proceso se da en la época invernal y en el caso de semillas hasta que éstas encuentran las propiedades del suelo adecuadas para su germinación) o la floración de las especies vegetales.

La temperatura es un factor que a su vez interacciona con el fotoperiodo e interviene en los procesos de dormición o floración de algunas especies. En cuanto a las altas temperaturas podemos decir que están relacionadas con la radiación e intensidad de la luz solar: unas temperaturas muy altas tendrán su efecto en la superficie foliar y, a su vez, en la clorofila y cloroplastos; la intensidad alta de luz y las altas temperaturas pueden destruir las clorofilas y provocar la pérdida de pigmento, amarilleo de la hoja o directamente su caída por un shock térmico.

Unas temperaturas altas o muy suaves y unas horas de luz elevadas e intensas en los meses de verano y principios de otoño pueden hacer que el ciclo de la planta se descompense, el fotoperiodo cambie su ciclo y se retrase la posterior caída de las hojas en otoño.

El efecto del déficit hídrico o de un exceso puntual es más directo que el de la temperatura. Si se suceden las épocas secas, el suelo presentará un déficit hídrico importante, la poca agua que queda, estará fuertemente retenida y no estará disponible para las plantas. El agua es un elemento esencial para todos los seres vivos y si ésta falta durante mucho tiempo, la planta morirá. Un déficit hídrico moderado se puede traducir en una caída temprana de las hojas o marchitamiento. Un exceso puntual de agua repentino, antes de unas temperaturas suaves revitalizará el crecimiento vigoroso de la planta o floración de algunas especies, aunque sería fuera del periodo primaveral.

Los cambios de la fisiología de la planta en otoño no son de respuesta inmediata, sino que están inducidos desde mediados del mes de agosto, es decir cuando las horas de luz diarias empiezan a ser más bajas. Este proceso está regido por el fotoperiodo que antes ya hemos definido. La planta en este momento se prepara para la parada del metabolismo que sufrirá en los próximos meses.

¿Cómo afectan condiciones climáticas anómalas en meses de primavera, verano y otoño a las plantas?

En épocas dónde el déficit hídrico o stress hídrico primaveral y estival es muy intenso, agravado por unas temperaturas estivales muy cálidas, las condiciones ambientales se vuelven extremas y sólo los vegetales más adaptados al clima continental y mediterráneo pueden sobrevivir. Incluso así, especies perfectamente adaptadas, como el roble, tienen que tomar medidas drásticas debido al fuerte shock de temperatura o stress térmico. Estas medidas muy frecuentemente son un secamiento y caída general de las hojas. Así la planta cesa de gastar energía en el crecimiento y mantenimiento de las hojas y no llega a agotarse (morir).

En el pasado 2006 han ocurrido dos etapas que pueden explicar esta permanencia anómala de las hojas en los árboles.

1- El año 2006 ha estado marcado por una primavera muy seca, con muchas horas de luz y un verano (sobre todo julio) cálido y seco, lo cual ha hecho que el suelo tenga un déficit hídrico grave. Estos antecedentes han supuesto para la planta un stress severo en un periodo prolongado de tiempo, en el cual las plantas para economizar recursos han reducido la tasa de crecimiento y se han dedicado, de alguna manera, a subsistir con los medios que les quedaban.

Al haber más días y horas de luz y recibir mucha más intensidad de luz, el ciclo del fotoperiodo se ve alterado y la señal que activa los mecanismos de entrada al otoño (a mediados de agosto) se ha visto modificada, atrasando la advertencia de parada metabólica otoñal en cuestión de un mes.

Cabe destacar que el stress térmico no ha sido lo suficientemente grave para dejar secuelas en la vegetación. En el verano del 2003 el secamiento de muchos robles, bojes y pinos fue destacadísimo, unos tantos murieron y muchos otros se quedaron sin hojas en cuestión de semanas. Un año más tarde aún se notaban los efectos de ese verano, muchos árboles tuvieron un crecimiento por debajo del normal.

2- Teniendo en cuenta lo explicado en el anterior punto, pasamos al otoño de 2006 y entramos en un periodo de suavidad de temperaturas y de precipitaciones significativas. La planta que en época primaveral y estival no tuvo condiciones favorables para el crecimiento, ahora se encuentra con un ambiente óptimo, como si estuviese viviendo una segunda primavera.

En este momento la planta o árbol puede actuar de dos formas distintas. La primera, que se da en algunas especies perennes, es un rebrote de sabia, poco duradera. Se ha observado en encinas en el 2005 y 2006 en Cataluña. La segunda forma de reacción es mantener durante más tiempo las funciones fotosintéticas pero sin crecimiento, es decir, alargar el periodo en el cual las hojas se muestran verdes. Esta estrategia la adoptan generalmente los árboles caducifolios como pueden ser los tratados en este artículo. En este periodo la planta no crece, sólo se mantiene. Podemos decir que estas condiciones climatológicas en otoño no suponen un stress significativo para los vegetales.

Otras plantas herbáceas y arbustivas pueden desarrollar una segunda floración durante este periodo otoñal que va de septiembre a finales de octubre. Encontramos ejemplos en la alfalfa o en la retama de olor.

4. Datos meteorológicos otoñales

Según datos del Instituto Nacional de Meteorología, la temperatura en el pasado noviembre ha sido en amplias zonas de Madrid, por citar un ejemplo, cuatro grados más alta que la media del último decenio, sobre todo las mínimas.

Hay dos factores por los que se produce la caída de las hojas: uno dependiente de las condiciones ambientales, fundamentalmente de tipo meteorológico, y otra asociada a las características genéticas de cada árbol. En esta última línea, algunos árboles se desprenden de sus hojas muy rápidamente y otros las mantienen durante un largo periodo de tiempo. Pero el frío, las heladas, las bajas temperaturas, en general, y la ausencia de radiación solar hacen que las hojas sean elementos inútiles para las plantas, ya que las condiciones de la temperie del otoño e invierno impiden que se realice la fotosíntesis de forma adecuada. Las hojas son ahora partes inservibles y el árbol de hoja caduca se desprende de ellas.

Pero el final del otoño de 2006 no ha sido así. No ha habido grandes heladas intensas y persistentes, las temperaturas mínimas han sido muy suaves y las lluvias abundantes en la mitad occidental de la península Ibérica han marcado la climatología del último trimestre de 2006. Aun tan avanzado el otoño, olmos, castaños y falsos plátanos lucían sus hermosos mantos de hojas. Y con esto se alteran los ritmos biológicos de los vegetales. Las características térmicas de octubre y noviembre en la Península fueron muy cálidas y húmedas en términos generales, como se aprecia en las siguientes figuras 3 y 4.

Figura 4. Carácter termo-pluviométrico del mes de noviembre de 2006 (N, normal; H, húmedo; MH, muy húmedo; EH, extremadamente húmedo. Ídem para seco). Fuente INM.
Figura 4. Carácter termo-pluviométrico del mes de noviembre de 2006 (N, normal; H, húmedo; MH, muy húmedo; EH, extremadamente húmedo. Ídem para seco). Fuente INM.

5. Datos de Madrid Barajas

A continuación se presentan los datos del observatorio de Madrid Barajas, por tomar un ejemplo, obtenidos del portal de Weatheronline donde se observa que las temperaturas mínimas de octubre y noviembre han sido siempre positivas, con la lógica ausencia de heladas, quedando las mínimas en noviembre muy por encima de los 3,8 º C de la media climatológica normal. Ver figura 5.

Figura 5. Datos meteorológicos de la estación Madrid Barajas tomados del portal de Weatheronline para las fechas señaladas en cada uno de ellos así como los datos climatológicos. De arriba a abajo y de izquierda a derecha, Valores climatológicos, Dirección del viento, Temperatura mínima y máxima. Nótese las altas temperaturas mínimas. Fuente Weatheronline.
Figura 5. Datos meteorológicos de la estación Madrid Barajas tomados del portal de Weatheronline para las fechas señaladas en cada uno de ellos así como los datos climatológicos. De arriba a abajo y de izquierda a derecha, Valores climatológicos, Dirección del viento, Temperatura mínima y máxima. Nótese las altas temperaturas mínimas. Fuente Weatheronline.

Se puede observar en estas gráficas (que pueden servir de modelo de comportamiento meteorológico para amplias zonas peninsulares) como los vientos predominantes fueron de componente sur y suroeste y trajeron bastantes lluvias (figura no mostrada). Aunque la tendencia termométrica es descendente desde finales de septiembre, como era de esperar, los valores de la temperatura máxima y mínima han quedado por encima de los valores medios en octubre y noviembre para la estación de Madrid Barajas. Ver tabla 1.

Tabla 1. Valores normales climatológicos y leyenda del observatorio de Madrid Barajas para el periodo 1971-2000. Fuente INM.
Tabla 1. Valores normales climatológicos y leyenda del observatorio de Madrid Barajas para el periodo 1971-2000. Fuente INM.

En los meses de octubre y noviembre no ha habido heladas, y las temperaturas extremas han sido más altas que los valores normales permitiendo y retrasando la caída de las hojas en árboles tan simbólicos y llamativos en Madrid como son el falso plátano y llorones.

6. Conclusiones

La ausencia de heladas, temperaturas mínimas y máximas relativamente altas y un régimen pluviométrico superior a lo normal, generado por entradas sucesivas de masas de aire atlánticas de componente oeste y suroeste, han promovido las condiciones para que muchos árboles de la Península de hoja caduca retrasaran la caída de sus hojas provocando un espectáculo ciertamente raro: a finales del otoño de 2006 muchos árboles, plantas y arbustos, que deberían exhibir sus ramas limpias de hojas, se veían cubiertos de esta miríada de color verde. Las sucesivas entradas de frentes fríos a lo largo de diciembre, la bajada paulatina de las temperaturas y todo ello unido al régimen de estabilidad del anticiclón de las Azores hicieron el resto y, de esta forma, se pudo ver en el suelo un manto de hojas en un otoño tardío, recogido por los afanados jardineros que no daban crédito a lo que veían sus ojos.

Más datos desde el INM (los links citados dejaron de funcionar hace tiempo)

Más información meteorológica de los meses de de octubre y noviembre de 2006 en la página del INM (www.inm.es). Datos climatológicos, Resumen mensual en:

http://www.inm.es/web/sup/tiempo/climat/res_cli.html

Artículo de marzo de 2007 publicado en la RAM en papel de esa fecha.

Autores: Francisco Martín León y Sergi Corral Buela

Esta entrada se publicó en Reportajes en 16 Mar 2015 por Francisco Martín León

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