Aclaraba el día 25 de noviembre de 1879. Los vecinos de aquel barrio, devotos de la Santa, habían encargado para este día una solemne misa, a la que habían de seguir en otros sucesivos el novenario de ritual con los lucidos enrames que era costumbre tradicional.
Pero el cariz del tiempo era malo, pareciendo como si no estuviera dispuesto a ayudarles, ya que de seguir así sería imposible sacar la procesión después de la novena de la tarde de aquel memorable día, contrariedad con la que no habían contado al hacer todos los preparativos previstos y ya preparados para dar la mayor solemnidad a esta fiesta onomástica.
Desde el día 22 venía reinando aquí un tiempo duro del S. S. O. al S. O., que es el conocido en Santa Cruz de La Palma con el nombre vulgar de caldereto, con rachas fuertes de viento y abundantes chaparrones y aguaceros acompañados de intensas tronadas y descargas eléctricas. Continuó así durante los siguientes, hasta que el día 24 por la noche roló éste más al sur y sueste, levantando mar gruesa y acabando de este modo por dar todo el aspecto de un verdadero temporal de agua, mar y viento. Tuvo tal intensidad, que durante muchos años persistió en la memoria de todos, recordándosele con el nombre de Temporal de Santa Catalina, con que luego se le nombró, que ha conservado hasta nuestros días, transmitido de padres a hijos; tal fue el efecto y la impresión que les dejó, pues jamás se recordaba ni recuerda haberse sufrido aquí un fenómeno semejante que causara tal alarma a todos estos tranquilos vecinos acostumbrados a vivir casi en una constante primavera.
A eso de las diez de la mañana, coincidiendo con la hora de la pleamar ? recordamos haberlo oído decir a testigos que lo presenciaron ? la crecida del mar era verdaderamente imponente, pues toda la calle de la Marina dejó prontamente de ser calle para convertirse en un callao, como antes lo fuera la ribera normal del mar, y ésta batía en los frontis de las casas de aquella calle con tal intensidad, que a veces subían sus olas a las ventanas altas. Todos o casi todos los huertos situados en la calle de la Marina que separaban ésta de la ribera y que seguramente fueron además levantados en su época, principalmente con miras a la protección de las casas que mirando cara al mar formaban y forman dicha calle, fueron derruidos y destruidos por las fuertes olas que arrasaban todo lo que se oponía a su trágico paso.
A la entonces casa de don Lorenzo Ortega, que es la que forma esquina con la desembocadura en la calle de la Marina de la llamada Apurón, un fuerte golpe de mar le derribó su pared principal y tuvo prontamente que ser desalojada por sus dueños. Ocurrió lo mismo con todas las otras casas de aquella manzana, así como otras muchas de la dicha calle, y se temió que les ocurriera alguna catástrofe y que o bien fueran sepultados bajo los escombros de sus viviendas o arrastrados por aquella mar embravecida que les parecía quería arrasar a toda la población.
En la casa de don José Aníbal Rodríguez y hermanas, propiedad y vivienda actual de don Manuel Sánchez Rodríguez, que hoy dista de la ribera más de doscientos metros, la mar rompió sus puertas y en el patio había constantemente tal cantidad de agua, que un pequeño bote que allí guardaban flotaba como si estuviera en la propia mar. En la de don Cristóbal García, frente al llamado Varadero, que igualmente dista del mar un trecho por el estilo, otro golpe de mar, después de romper sus puertas atrancadas, metió por una de éstas una tan enorme piedra, que nunca les ha sido posible sacarla, pues no cabe por donde entró. A la pequeña casa en donde estaba instalada la pescadería en la dicha calle de la Marina unos cuantos porrazos de mar fueron bastante para derribarla y convertirla en un montón de escombros, por lo que más tarde hubo que reedificarla de nuevo.
La mar entraba por los callejones que dan acceso desde la calle Real a la de la Marina en tal cantidad, que tanto esta calle como la Trasera, hoy nombrada Álvarez de Abreu, se convirtieron en un riachuelo, pues corría el agua por ellas como si tal lo fueran.
A la casa número 29 de la calle Real, hoy O'Daly, cuya parte trasera tiene su frente mirando al mar y que hace esquina con la prolongación de la llamada cuesta de Matías, en el nombrado puente de Zamora, hoy propiedad de los hermanos Abreu, estuvo también a punto de llevársela o derruirla, pues después de haber hecho desaparecer el huerto y jardines que la protegían por dicho frente y de haber roto todas sus puertas, también atrancadas, la emprendió con la dicha esquina, derribando gran parte de ésta con peligro de producir su derrumbamiento, lo que pudo evitarse gracias a un nutrido grupo de marineritos valientes de los de aquella época que, con exposición de sus vidas, se parapetaron en el frente de dicha casa por la calle Real, bien provistos de sacos de cal hidráulica, y cuando veían un recalmón con su correspondiente hacío, como ellos dicen, se lanzaban de unas cuantas zancadas a la otra esquina en peligro, y atacaban rápidamente con dicho material y piedras los huecos que la mar en su incontenible furia iba abriendo.
Estas y otras muchas cosas recordamos haber oído ?con la boca abierta? contar en nuestros años mozos a los viejos de nuestra época, las que nos decidimos a recoger en estas mal hilvanadas líneas para que al correr del tiempo pueda recordarse cómo lo hacían nuestros mayores en épocas más felices en que sabían sentir y rememorar, casi con veneración, las tradiciones de su querido terruño.
Nunca se recuerda haber ocurrido aquí, como ya dijimos, una crecida de mar tan grande, y para mayor y mejor conocimiento de todo lo que dejamos relacionado, así como para darle más veracidad a nuestro relato, vamos además a copiar un curioso artículo que vio la luz en 28 de noviembre de 1879 en el periódico «La Asociación>, que se publicaba entonces en esta ciudad. En su número 58 veremos lo que el cronista de aquella época nos dice:
«El día 25 del corriente acaeció aquí el temporal de agua y viento que venía reinando desde el 22, en términos de haber causado general alarma por el peligro en que, a eso de las nueve o las diez de la mañana, estuvieron varias casas de la calle Trasera y de la Marina. Vamos a hacer una ligera reseña de lo ocurrido.
>Del día 22 al 25 reinó aquí constantemente el viento en la dirección de S. S. O. al S. O. El 24 por la noche roló más al Sur y aumentó la mar con gran violencia hasta el 25. Entonces se hacía en la localidad como del S. S. 0.; pero el cariz, la altura barométrica y la mucha mar hacían suponer que el viento firme era del S. S. E., pues aun cuando el viento en ese día no se sentía con mucha violencia, debe suponerse que fuese por que la elevación de la Isla neutralizara en algún tanto la violencia de los vientos del S. S. E. El 25 por la noche roló el viento y sopló con menos fuerza.
>Las lluvias fueron constantes en todos esos días y principalmente el 24 y 25 por la noche, lo mismo que la mucha electricidad, principalmente el 24.
»Este temporal causó los perjuicios siguientes, que vamos a reseñar.
>Los buques que se hallaban anclados en la bahía, si bien estuvieron en grave peligro, no llegaron a sufrir avería alguna. Un lanchón y un bote de los señores Rodríguez se fueron a pique, y una lancha del «Mosquito» propiedad de don Guillermo Cabrera y Compañía, encallaron haciéndose pedazos.
>El muelle sufrió bastante, quedando destrozada una gran parte desde la primera escalinata hacia fuera.
>En la casa de aquella plaza, situada en el punto de partida de la carretera, vino a tierra, a causa de las lluvias, una gran porción de la pared de la parte sur.
>En la casa de don José Aníbal Rodríguez y hermanas, el mar derribó las puertas que daban a la calle Trasera, inutilizando un pequeño establecimiento de comercio que había en una accesoria, el cual quedó lleno de arena, lo mismo que un patio de la casa, en la cual introdujo dos grandes tosas de madera, poniéndola en peligro.
»En todas las siguientes, hasta la de don Manuel Carballo inclusive, derribó las puertas de los pisos bajos en que había almacenes, carpintería y tonelería, causando los perjuicios consiguientes.
«En el huerto de la casa de don Francisco García Pérez derribó los dos muros que se hallaban paralelos a la orilla del mar y pasando adelante, echó a tierra las puertas de aquella casa por aquella parte. Estos muros hacía cincuenta años que habían sido construidos, lo cual prueba que en todo ese tiempo no se había embravecido el mar como ahora. Al caer uno de los muros (el de la parte de la calle Trasera), estuvieron en grave peligro de perecer bajo sus escombros don Estanislao Felipe Morales y el capitán del buque «San Miguel», don Antonio de las Casas, que se hallaban junto a él.
El inmediato puente quedó destrozado. El muro de la parte del mar del huerto de la casa de doña Magdalena Monteverde vino también a tierra, destrozando una pequeña cuadra que allí había.
En la casa de don Lorenzo Ortega y hermano derribó una gran porción de una de las paredes que miran a la Marina. Esta casa y las demás que son de aquella manzana fueron desalojadas por las familias que la habitaban, temiendo a la marca siguiente.
» En la pequeña casa destechada que cerca del callejón que llaman de la Placeta se halla entre una de las lonjas de pescado y una cuadra de don Felipe Massieu, derribó la mayor parte de la pared que mira al mar, con lo que puso en grave peligro dicha lonja, y derribando la puerta de la calle penetró por aquella parte hacia ésta.
»La inmediata herrería y las demás hasta la contigua a la pescadería fueron desalojadas.
» En la pescadería derribó toda la pared de la parte norte y una gran porción de la que da al mar. La muralla que de allí sigue hasta el reducto quedó en su mayor parte destruida, llegando el mar a batir contra la pared del huerto de don Francisco Lugo Sotomayor.
»En las casas siguientes, desde la de don Eufemiano de Castro y la de don José Rodríguez López inclusive, destrozó las puertas, causando los consiguientes perjuicios a los inquilinos de las accesorias y en los almacenes de don Bartolomé Matheu.
»En todas estas casas batía el mar, subiendo a veces sus olas a las ventanas altas.
>Todo el punto nombrado el Varadero y Astillero quedó convertido en un callao.
>El huerto de don Bernardino Rodríguez Sequeda, cuyo valor se calculaba en unos mil pesos, ha desaparecido completamente, en donde se halla hoy un callao. También destruyó por completo otro de don Mariano Espinosa y la pared de otro que se hallaba frente a la tenería.
>En todas las casas de la manzana que empieza en el astillero y concluye en la calle de Santa Catalina estaba el mar batiendo como si fuera su orilla. Todas ellas fueron oportunamente desalojadas por sus inquilinos. Algunos de éstos fueron colocados en la inmediata ermita de Santa Catalina, llevando al hospital a algunos enfermos que en aquellas casas y accesorias había.
>Todos los barcos pescadores que se hallaban en el muelle y varadero fueron llevados a la calle principal de la población sufriendo algunos varias averías.
>Calcúlase en más de diez mil pesos el valor de las averías causadas por el mar.
»Ésos, según nuestros datos, fueron los más importantes perjuicios que causó en esta ciudad el temporal. En las demás casas ocasionó los que son consiguientes a una lluvia copiosa y casi sin interrupción que cae durante algunos días, y en el edificio que ocupa la cárcel de este partido derribó también el muro de la parte norte de su patio. No hemos recibido aún noticias de los demás pueblos de la Isla.
»La autoridad local adoptó las disposiciones que creyó convenientes. El Sr. Gobernador Militar recorrió con el Ayudante del Batallón los sitios en peligro y envió a ellos la Guardia Provincial y sus asistentes para que auxiliasen en lo que les fuese posible. El ?Sr.Ayudante Militarde Marina y su Asesor recorrieron los puntos amenazados, adoptando las disposiciones que creyeron oportunas.
>Todos los vecinos de los puntos amenazados y otros muchos trabajaron sin descanso para lograr que las consecuencias de la tempestad fuesen lo menos grave posible. Entre estas personas debemos citar una por la circunstancia de no ser del país. Esta persona es el coronel don Daniel Seco, a quien damos las gracias en nombre de nuestros compatriotas.
> Además de don Estanislao Felipe y don Antonio de las Casas, hubo otras varias personas que tuvieron su vida en peligro y es indudable de que, de haber ocurrido el suceso de noche, hubiéramos tenido que lamentar muchas desgracias personales y muchos más perjuicios.
>El mar ha seguido desde aquel día, tranquilo; pero en el momento en que escribimos estas líneas la lluvia no ha cesado todavía por completo>.
Con la terminación de la copia del artículo citado damos aquí por concluida la primera parte de este relato, enterándonos por ella de lo que ocurrió en tierra o en la tierra, como dice la gente de mar, durante el temporal a que nos hemos venido refiriendo; y vamos a ver en la segunda lo que al mismo tiempo y durante la misma tempestad ocurría en la mar y sobre la mar.
Continuará.
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Reportajes en 06 Nov 2007 por Francisco Martín León