Absorción de carbono en el Océano Antártico

Cada año, los océanos absorben aproximadamente 2.200 millones de toneladas de carbono generado por la actividad humana, demorando así el calentamiento global que sería más rápido si todo ese carbono fuese a parar a la atmósfera.

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Alrededor del 40% de esta absorción se produce en el Océano Antártico. El cambio climático ha perturbado el régimen de los vientos en esta región del planeta y ha reducido la cantidad de carbono que sus aguas absorben; un círculo vicioso que se ha reproducido por primera vez en un modelo informático de alta resolución.

Takamitsu Ito, oceanógrafo de la Universidad Estatal de Colorado, y sus colaboradores en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y en el Instituto Scripps de Oceanografía, han conseguido simular con éxito y a una resolución muy elevada el ciclo del carbono del Océano Antártico. Para ello, usaron en un centro de la NASA una de las supercomputadoras más potentes del mundo.

La lejanía, su gran tamaño y las severas condiciones meteorológicas del continente antártico, impiden a los científicos recolectar suficientes datos in situ, por lo que deben confiar en las simulaciones. El Océano Antártico está lleno de remolinos que exigen una gran potencia de computación para poder ser simulados con precisión.

Grupo de icebergs flotando en las frías aguas que rodean la Antártica, concretamente en el Mar de Weddell.

Los resultados del estudio implican que el cambio climático actual puede influir significativamente en el ciclo global del carbono, tal como subraya Ito, quien ha llevado a cabo la investigación junto con Molly Woloszyn. Los cálculos demuestran que alterar el régimen de vientos en esa zona del mundo acarrea cambios en el transporte oceánico de dióxido de carbono y potencialmente modificaciones en la tasa de absorción marina de carbono.

Los cambios en la absorción oceánica de carbono a su vez afectan a los niveles del dióxido de carbono atmosférico y al clima. El resultado es un círculo vicioso, o fenómeno de realimentación, en el cual el dióxido de carbono es causa y también consecuencia del cambio climático global. Por tanto, es obvio que en este tema existe una interacción compleja que gobierna la evolución a largo plazo de nuestro planeta. Los océanos son el mayor sumidero de dióxido de carbono atmosférico, y su efecto ha amortiguado las graves consecuencias del calentamiento global.

Esta entrada se publicó en Noticias en 21 Oct 2010 por Francisco Martín León

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