Tres grandes pérdidas y la conexión hispano-irlandesa

Autor: Manuel PalomaresPalabras clave: meteorología histórica, INM, perfiles humanos.

En el año que acabó hace poco, 2007, y en un período de sólo cuatro meses, hemos lamentado la triste pérdida de tres notables meteorólogos. Tuve la suerte de haberlos tratado y de disfrutar de la enorme humanidad de esas tres personas que se distinguían, sobre todo, por su aprecio y amistad hacia quienes, como yo, estábamos muy por detrás de ellos. Dos eran irlandeses y uno español y aunque he sentido la pérdida de cada uno, me he decidido a reunir en estas líneas algunos recuerdos de los tres, asociados sobre todo a esa frecuente conexión que siempre aparece entre Irlanda y España y que desde luego se manifestó de forma muy particular en la pequeña historia de la meteorología. No en balde, Mariano Doporto, un meteorólogo español exiliado tras la guerra civil, fue durante 16 años director del Servicio Meteorológico irlandés

Figura 1. Foto del Dr.  Anthony Hollingsworth

El doctor Anthony Hollingsworth ha sido una de las figuras más notables de la predicción numérica en las últimas décadas, a través de su notable trabajo en el Centro Europeo de Predicción a Plazo Medio, del cual era el miembro más antiguo cuando dejó su puesto de director de investigación en el año 2003. Hollingsworth había ingresado en el Servicio Meteorológico irlandés en 1965 después de graduarse y de haber recibido años atrás el premio al mejor estudiante irlandés de enseñanza secundaria. Mientras trabajaba de predictor en Shannon continuó sus estudios de matemáticas y pocos años después obtuvo una beca para hacer el doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachussets. Allí trabajó como ayudante de dos de los grandes precursores de la predicción numérica moderna, Ed Lorenz y Norman Phillips y en 1970 se convirtió en la tercera persona más joven en obtener un doctorado en meteorología desde la Guerra Mundial. A su vuelta a Europa se unió a Brian Hoskins en el brillante departamento de meteorología de la universidad de Reading y cuando se fundó el Centro Europeo en 1975 se integró en su primera plantilla de científicos.

Tras retirarse como funcionario del Centro, Tony Hollingsworth continuó enormemente activo como director del ambicioso proyecto europeo de investigación GEMS al que estaba estrechamente dedicado, cuando falleció repentinamente el 29 de julio de 2007, mientras disfrutaba de unas vacaciones en Galway. Aunque había nacido en Dublín, Hollingsworth tenía una segunda residencia en esa población del oeste de Irlanda con tantas conexiones con España. Galway fue destino habitual de barcos españoles en los siglos XV y XVI, y en el antiguo muelle aun se conservan el “Arco español” de su antigua muralla, delante del “Spanish Parade”. Se dice incluso que parte de sus habitantes descienden de los españoles que se refugiaron allí tras el desastre de la Armada Invencible, e incluso que el nombre es una derivación del término latino Gallaeci (Galicia), tierra con la que los ancestros de Galway habrían tenido fluidas relaciones desde tiempos muy remotos.

Tony Hollinsgworth ingresó en el Servicio Irlandés, al tiempo que Brendan McWilliams, con quien trabó gran amistad durante sus años en Shannon. Con el tiempo McWilliams fue subdirector del Servicio y luego Director de Administración de EUMETSAT, la agencia de los satélites meteorológicos europeos. McWilliams es reconocido en Irlanda como el mayor divulgador de la meteorología en su país, primero como presentador del Tiempo en la televisión irlandesa en los años setenta y desde 1988 a través de una columna casi diaria, Weather Eye, en el Irish Times, el primer periódico irlandés. No se trata de la información tradicional del tiempo sino que McWilliams ha desgranado allí, durante casi veinte años, miles de hechos y anécdotas sobre aspectos humanos, sociales, históricos, literarios y de muchos otros calibres, relacionados con el tiempo y el clima. Su erudición y la calidad literaria de sus “ojos del tiempo” le granjearon una popularidad enorme entre sus lectores.

La esclavitud de una columna seis días a la semana es grande, pero Incluso durante sus años en EUMETSAT, McWilliams siempre encontraba tiempo para enviar su columna al periódico, y lo que es más asombroso, temas meteorológicos para escribirla sin caer en repeticiones. Yo mismo, preocupado por el probable agotamiento de su inspiración, tuve el atrevimiento de sugerirle algunos temas y aunque me hizo el aprecio de aprovechar un par de ellos, (la columna de Mc Williams que se publica en este número del Observador es uno) realmente no lo necesitaba.

Mc Williams había venido más de una vez a Madrid donde un íntimo amigo suyo es profesor de ingles desde hace muchos años en un colegio de la capital. Cuando se jubiló en EUMETSAT a final de 2004 volvió a Irlanda y vivía felizmente retirado en Wexford aunque sin dejar de escribir su columna cotidiana en el Irish Times. El 22 de octubre de 2007 llegó la inesperada y triste noticia de su fallecimiento tras una rápida enfermedad.

Figura 2.  Brendan McWilliams

Recuerdo muy bien que en 2001 yo estaba preparando un artículo sobre Mariano Doporto, con motivo del centenario de su nacimiento. Doporto había fallecido de un infarto en su despacho de director del Irish Meteorological Service en 1964 y escribí a Brendan McWilliams para pedirle que me proporcionara contacto con algún miembro retirado del Servicio irlandés que le hubiera tratado antes de esa fecha. Su sorprendente respuesta fue que él mismo le había conocido personalmente. “Mi padre también era meteorólogo y estuvo muchos años a cargo del observatorio geofísico de Valentia – me contó Brendan - Doporto tenía gran interés en sus actividades y cuando venía a visitarlo era siempre invitado a cenar en nuestra casa. Aunque yo era un chico de 8-11 años le recuerdo muy bien por su destreza en la papiroflexia. Cada vez que venía pedía papel y me hacía unas figuritas maravillosas – una rana que saltaba, un soldado que saludaba, etc. etc.”

Doporto tenía otras habilidades, y una de sus más eficaces gestiones fue la decisión de contratar meteorólogos extranjeros en el aeropuerto de Shannon, que en los años cincuenta adquirió una importancia excepcional como escala obligada en los vuelos trasatlánticos. Doporto sabía que era una circunstancia efímera que desaparecería con las aeronaves a reacción de mayor autonomía. Resultaba por tanto más barato y eficiente contratar personal extranjero, en lugar de formar a irlandeses que acabarían perdiendo su empleo o resultando una carga de personal excesiva para las necesidades futuras. Doporto se preocupó especialmente de que alguno de esos miembros temporales del Servicio irlandés fuera español y así fue como Rafael Cubero llegó a Shannon. Rafael había realizado una larga estancia de capacitación en Estados Unidos y era un competente predictor aeronáutico. Durante año y medio trabajó en la misma oficina y con las mismas funciones que unos años más tarde ocuparían Anthony Hollingsworth y Brendan McWilliams.

Durante su estancia en Irlanda Cubero continuó con sus prácticas de vuelo, una afición que había iniciado en España cuando empezó a trabajar en las oficinas de aeropuerto del INM (entonces Servicio Meteorológico Nacional). Pocos años después dejó el INM para convertirse en piloto de líneas aéreas y cuando le llegó la edad del retiro retornó al Instituto. La triste noticia de su muerte nos llegó el 6 de diciembre de 2007 y en otra página de este número de El Observador se pueden leer más detalles sobre su interesante periplo vital.

Figura 3. Rafael Cubero.

Descansen en paz los tres meteorólogos relacionados directa e indirectamente entre si por varias coincidencias, incluso la muy triste de su fallecimiento casi al mismo tiempo. Y relacionados también a través de esa conexión que siempre acaba surgiendo entre España e Irlanda, dos países que parecen misteriosamente hermanados por el destino.

Manuel Palomares

EL EXTRAÑO COMPORTAMIENTO DE LAS PEREZOSAS CIGUEÑAS ESPAÑOLAS

(“Weather Eye” por Brendan McWilliams en el Irish Times del 27 de abril de 2002)

Fenología es el nombre dado a los estudios sobre la influencia del clima local en especies comunes de plantas, aves, insectos y otros organismos vivos, pero no humanos. Según parece la palabra se deriva "fenomenología”; su invención se atribuye a un tal Charles Morran en1863 para describir lo que el llamó "la ciencia de las apariciones” – la repetición estacional de un fenómeno natural. En los últimos años se usa crecientemente como un método para la detección o confirmación del cambio climático.

En Gran Bretaña, por ejemplo, se cree que las temperaturas más altas que la media son responsables de la llegada anticipada observada en ciertas especies de mariposas migratorias, en comparación, digamos, con hace unos 20 años. Se dice que la Almirante Roja, que emigra a Francia en invierno, reaparece ahora, por término medio, unos 16 días antes que anteriormente.

Algo parecido sucede en el Mar del Norte, donde las temperaturas medias del mar en invierno son casi  4º C más altas que hace algunos años. Este agua más cálida implica, aparentemente, menos superficie de plancton para que se alimenten las larvas de bacalao del Mar del Norte, y el número de ejemplares que ahora sobreviven hasta la edad adulta es menor que antaño.

Y luego está el caso del extraño comportamiento de las cigüeñas españolas. Desde tiempos inmemoriales, la cigüeña blanca, Ciconia alba, ha construido sus nidos sobre las torres y campanarios de casi todos los pueblos españoles. Las cigüeñas prefieren pasar el invierno en el calor de Africa, pero cada primavera su regreso a España se espera con impaciencia por la población local y se celebra como el preludio optimista de la proximidad de otro verano.

Pero ahora, según un meteorólogo español amigo mío, más y más cigüeñas blancas eligen permanecer en los lugares donde están sus nidos de verano durante toda la época invernal. Cada vez en mayor cantidad dejan de emigrar hacia el sur en invierno, y ni siquiera lo hacen desde las regiones más frías de la meseta central.

Diversas razones se han citado para explicar ese repentino cambio de costumbres. Algunos dicen que las cada vez más abundantes cantidades de desperdicios, un subproducto de nuestra forma de vida moderna, proporciona una fuente de alimentación accesible y atrayente para las cigüeñas a lo largo de la estación invernal, desplazando por tanto al estímulo que podría haber provocado su emigración en el pasado.

Otros señalan el hecho de que la vida para las cigüeñas es hoy más fácil que en tiempos pasados. Los ecologistas y las asociaciones en pro de la vida salvaje han promovido un nuevo entusiasmo hacia estas aves, incluso hasta el extremo de preparar plataformas artificiales en atalayas apropiadas a fin de que sea más fácil para las cigüeñas construir sus nidos. La consecuencia, supongo, es que las cigüeñas se están volviendo perezosas.

Pero, una vez más, podría tratarse solo otra manifestación del temido calentamiento global..

Esta entrada se publicó en Reportajes en 04 Abr 2008 por Francisco Martín León

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