Un meteorólogo italiano advierte: si el vórtice polar sigue débil, febrero podría ser muy frío en varias zonas de Europa

La inestabilidad del vórtice polar estratosférico podría afectar al escenario meteorológico previsto para febrero en Europa, con posibles episodios de temperaturas frías y un marcado dinamismo en el área mediterránea.
Estos días, todas las miradas están puestas en el vórtice polar estratosférico, que comienza a mostrar signos de inestabilidad significativa. Si el vórtice polar se inclina o sufre una deformación significativa, febrero podría ser muy frío para Europa.
Esta alerta se basa en modelos de pronóstico que indican la posibilidad de un evento de calentamiento estratosférico (CSE). Este fenómeno podría desestabilizar el vórtice polar y propiciar olas de frío en diversas zonas del hemisferio norte.
¿Qué es el vórtice polar?
El vórtice polar es una vasta zona de baja presión, llena de aire frío, que gira en sentido antihorario alrededor del polo norte, tanto en la troposfera (la atmósfera inferior) como en la estratosfera (a mayor altitud, entre 10 y 50 km). En condiciones normales, durante el invierno boreal, este vórtice permanece compacto y confina el aire gélido del Ártico a las latitudes polares, favoreciendo un clima más templado en latitudes medias como Europa.

Sin embargo, cuando el vórtice se debilita o se deforma, una gran porción de aire frío puede descolgarse hacia el sur, provocando frío extremo, nevadas e inestabilidad atmosférica, tal como está sucediendo actualmente en Estados Unidos.
Las posibilidades de un intenso calentamiento estratosférico
Según las últimas tendencias de los principales centros meteorológicos, como el ECMWF (Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio) y el GFS americano, existe una alta probabilidad de que se produzca un fuerte CSE a principios de febrero de 2026.
Todo comienza con las ondas planetarias, que a menudo, especialmente cuando pasan sobre América del Norte, interactúan con grandes cadenas montañosas, como las Montañas Rocosas, tendiendo a empujar los flujos de calor hacia la estratosfera, interactuando con los vientos estratosféricos del vórtice polar.
Normalmente, los vientos zonales (que soplan de oeste a este) son potentes y repelen estas ondas. Pero si estas son particularmente fuertes, quizás amplificadas por cambios en la corriente en chorro polar, pueden ralentizar o revertir estos vientos. Esta perturbación libera una enorme cantidad de momento angular (momentum) en dirección opuesta al flujo medio.
En efecto, las ondas transfieren momento (hacia el oeste) al flujo medio. Esto ralentiza significativamente los vientos zonales del oeste del vórtice polar, y esta desaceleración del viento crea una convergencia de momento (convergencia de flujo de Eliassen-Palm).
El aire que desciende sobre el Polo se comprime adiabáticamente (como cuando se presiona el émbolo de una jeringa), y la compresión calienta el aire muy rápida e intensamente. Este es el verdadero mecanismo del calentamiento: calentamiento adiabático por subsidencia (el aire caliente no llega de otro lugar, sino que el aire ya presente se calienta al descender y comprimirse).
¿Posible colapso del vórtice polar?
Uno de los escenarios más debatidos es la posible división o colapso del vórtice polar. Por ahora, es solo una posibilidad. En caso de división, el vórtice se dividiría en dos o más lóbulos, uno de los cuales podría desplazarse hacia el centro y norte de Europa.
Este "lóbulo" traería consigo aire ártico o siberiano, favoreciendo una inclinación del vórtice que abriría las puertas a las heladas y a la nieve en el corazón del continente.

Si uno de estos lóbulos se deslizara sobre el continente, abriría las compuertas del frío y las heladas en gran parte de Europa. Sin embargo, cabe recordar que no todos los estratos cálidos traen frío; depende de la intensidad y el tipo.
La incertidumbre relacionada con este escenario
Si uno de estos lóbulos se deslizara por el continente, abriría la puerta al frío y las heladas en gran parte de Europa. De materializarse este escenario, el continente podría enfrentarse a una marcada fase invernal, con temperaturas inferiores a la media, heladas nocturnas y nevadas en zonas como los Alpes, los Apeninos, las llanuras del norte de Europa y quizás incluso el centro y norte de España. Sin embargo, cabe recordar que no todos los calentamientos súbitos estratosféricos traen frío; depende de la intensidad y el tipo.
Aún no podemos saber con certeza dónde azotará el frío ni si afectará directamente a España. Los modelos muestran variabilidad, con un lóbulo que podría desplazarse hacia Rusia y Europa del Este, evitando parcialmente el Mediterráneo, o viceversa. También es importante recordar que se trata de tendencias a largo plazo, no de pronósticos definitivos, y que muchos factores podrían influir actualmente en estos eventos.
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