Estrés térmico en el jardín: qué plantas sufren más los episodios cálidos de septiembre y cómo protegerlas

Los episodios cálidos de septiembre pueden causar estrés térmico en el jardín, especialmente en algunas plantas. Identificar sus síntomas y ajustar riego, sombra y cuidados resulta fundamental.

Llegado el mes de septiembre, las plantas siguen necesitando cuidados ante as posibles olas de calor.
Llegado el mes de septiembre, las plantas siguen necesitando cuidados ante as posibles olas de calor.

Aunque el mes de septiembre marca la transición hacia el esperado otoño, las temperaturas todavía pueden ser muy elevadas, especialmente durante las horas centrales del día. Estos episodios cálidos pueden provocar estrés térmico en las plantas, que deben afrontar una elevada demanda de agua y unas condiciones ambientales poco habituales para esta época.

El problema no afecta por igual a todas las especies, pues algunas plantas toleran perfectamente varios días de calor, mientras que otras pueden sufrir daños en hojas, flores, frutos e incluso raíces.

Conocer cuáles son las más vulnerables y adaptar los cuidados permite mantener el jardín en buenas condiciones de cara a los siguientes meses del año.

¿Qué es el estrés térmico en las plantas?

El estrés térmico aparece cuando una planta soporta temperaturas superiores a las que puede manejar adecuadamente. El calor intenso aumenta la transpiración y acelera la pérdida de agua a través de las hojas. Si las raíces no consiguen proporcionar suficiente agua, la planta puede cerrar sus estomas para reducir la pérdida de humedad.

Como consecuencia, disminuye la fotosíntesis y aparecen síntomas como: hojas lacias, bordes secos, amarilleamiento, caída de flores o frutos y crecimiento más lento. Además, el calor combinado con una humedad ambiental baja y una exposición solar intensa puede aumentar considerablemente el problema.

Las plantas que más pueden sufrir en septiembre

Las plantas jóvenes y recién trasplantadas suelen encontrarse entre las más vulnerables. Su sistema radicular todavía no está suficientemente desarrollado y tienen más dificultades para acceder al agua disponible en el suelo.

También pueden sufrir las hortalizas de hoja, como lechugas, espinacas o acelgas, especialmente cuando las temperaturas superan ampliamente las habituales.

El calor puede provocar marchitez y favorecer que algunas especies se espiguen antes de tiempo.

Las plantas ornamentales de flor también requieren atención, por ejemplo las hortensias, begonias y algunas plantas de sombra pueden mostrar rápidamente signos de deshidratación cuando reciben demasiadas horas de sol y altas temperaturas.

Los cítricos jóvenes, fresas y plantas cultivadas en maceta tampoco deben descuidarse. En los recipientes, el sustrato se calienta y pierde humedad mucho más rápido que el suelo del jardín, por lo que las raíces pueden sufrir.

El estrés térmico prolongado puede afectar de manera seria a las plantas.
El estrés térmico prolongado puede afectar de manera seria a las plantas.

El riego: mejor hacerlo en el momento adecuado

Ante un episodio de altas temperaturas, uno de los principales errores consiste en esperar a que la planta presente una marchitez intensa para regar. Es preferible comprobar regularmente la humedad del suelo y anticiparse a una deshidratación severa.

El riego debe realizarse preferentemente a primera hora de la mañana o al final de la tarde, evitando las horas de mayor insolación. Conviene aportar agua directamente al suelo, cerca de la zona radicular, en lugar de mojar continuamente las hojas.

Eso sí, aumentar el riego no significa mantener el terreno permanentemente encharcado. El exceso de agua puede provocar problemas de raíces y favorecer enfermedades.

Sombra temporal para las especies más sensibles

Durante varios días de calor excepcional puede ser útil proporcionar sombra temporal a las plantas más delicadas, por ejemplo mediante las mallas de sombreo, las cuales permiten reducir la radiación directa y la temperatura que alcanza el follaje.

En macetas, una solución sencilla consiste en trasladar las plantas sensibles a una zona luminosa pero protegida del sol intenso de las horas centrales.

El acolchado también ayuda

Una capa de acolchado orgánico, elaborada con paja, restos vegetales triturados, corteza o compost, ayuda a conservar la humedad del suelo y reduce de forma intensa las oscilaciones térmicas.

El acolchado puede servir de ayuda para evitar estrés en las plantas y reducir la pérdida de agua por evaporación.
El acolchado puede servir de ayuda para evitar estrés en las plantas y reducir la pérdida de agua por evaporación.

Además, el acolchado protege las raíces frente al calentamiento excesivo y mejora progresivamente la estructura del terreno a medida que se descompone.

No abonar ni podar en una situación de temperaturas muy altas

Durante una ola de calor o un episodio de temperaturas muy altas conviene evitar intervenciones innecesarias, ya que una planta sometida a estrés necesita primero recuperar su equilibrio hídrico.

Por ello, es preferible posponer las podas importantes y los abonados intensos hasta que las temperaturas se moderen. Una vez pasado el episodio cálido, se pueden retirar las partes dañadas y recuperar progresivamente la nutrición.

Septiembre puede engañar, porque, aunque el calendario avance hacia el otoño, el jardín todavía puede enfrentarse a condiciones propias del verano. Ante esto, vigilar las plantas, ajustar el riego, proteger las especies sensibles y mantener el suelo cubierto son medidas sencillas que pueden marcar la diferencia.