Esta cueva en Tailandia esconde un templo de oro en su interior (y solo se ilumina durante algunos minutos del día)

En el corazón de Tailandia, una cueva esconde un templo dorado que solo aparece bajo la luz del sol durante unos minutos. Descubre la historia, la belleza y el misterio de este lugar, que combina aventura y patrimonio.

Este pabellón fue construido con madera de teca y techos dorados, y fue diseñado para rendir homenaje a la realeza y al mismo tiempo integrarse con la luz natural que penetra por la cúpula de la cueva.
Este pabellón fue construido con madera de teca y techos dorados, y fue diseñado para rendir homenaje a la realeza y al mismo tiempo integrarse con la luz natural que penetra por la cúpula de la cueva.

Sobra decir que Tailandia es uno de los destinos más visitados del mundo, con cerca de 40 millones de turistas internacionales al año que se sienten atraídos por su mezcla de cultura, playas y paisajes exóticos.

Es un hecho también que el interés de los turistas españoles por Tailandia también está creciendo sostenidamente. Y no lo decimos nosotros, sino la cifras. En 2025 el país batió su récord histórico de visitantes procedentes de España, con más de 216.000 viajeros de nuestro país.

El parque de las trescientas cumbres que esconde uno de los templos más insólitos de Tailandia

Lo cierto es que entre sus muchos tesoros ocultos se encuentra una cueva única, un lugar donde la naturaleza esconde un templo dorado que solo se deja ver durante unos minutos cada día. Nos referimos a la cueva de Phraya Nakhon, ubicada en el Parque Nacional de Khao Sam Roi Yot, en la provincia de Prachuap Khiri Khan.

Es una zona del centro de Tailandia, aproximadamente a 300 kilómetros al sur de Bangkok y a unos 45 minutos en coche desde la turística ciudad costera de Hua Hin.

Este parque marino protegido, cuyo nombre significa “Montaña de las Trescientas Cumbres”, combina acantilados de piedra caliza, manglares, playas aisladas y una rica biodiversidad, lo que lo convierte en un destino ideal para escapadas de naturaleza y aventura.

Kuha Karuhas, el templo real oculto en una cueva

Lo que distingue a Phraya Nakhon de otras cuevas alrededor del mundo es el pabellón Kuha Karuhas, un pequeño templo real que se encuentra en una de las cámaras más grandes de la cueva.

Construido en 1890 por orden del rey Chulalongkorn (Rama V) para conmemorar su visita, este pabellón es una obra maestra de la arquitectura tradicional tailandesa y se ha convertido en un símbolo de la provincia.

La cueva en sí está formada por dos cámaras conectadas. Con el tiempo, los techos de ambas se han derrumbado parcialmente, creando aberturas naturales que permiten el paso de luz solar directa. Esta característica hace que, durante un breve periodo cada día, los rayos del sol caigan directamente sobre el pabellón, bañándolo con una luz dorada que realza sus detalles y colores, en un espectáculo que parece casi sobrenatural.

Además, la luz que entra desde el techo abierta favorece el crecimiento de arbustos y pequeños árboles dentro de la cueva, lo que crea un contraste visual sorprendente entre la vegetación y la roca calcárea.

El pasado y la leyenda de este templo dorado

La historia de esta cueva está envuelta en leyendas. Según la tradición local, fue descubierta hace más de 200 años por un noble llamado Phraya Nakhon, después de que su barco encallara durante una tormenta, y desde entonces lleva su nombre.

A lo largo del tiempo, la cueva se convirtió en lugar de peregrinaje y contemplación para la realeza tailandesa. Además del rey Rama V, otros monarcas como Rama VII y Rama IX han visitado la cámara interior, dejando inscripciones históricas en las paredes rocosas.

Un largo recorrido para llegar al paraíso

El viaje hacia la cueva es parte de su atractivo. Desde el pequeño pueblo de Bang Pu, en la costa del parque, los visitantes pueden elegir entre tomar un barco tradicional hasta la playa de Laem Sala o realizar una caminata por senderos hasta la misma playa.

Desde Laem Sala Beach, un sendero ascendente de unos 430 metros lleva hasta la entrada de la cueva. La última parte del trayecto es empinada y se realiza por escaleras naturales y rocosas, por lo que se recomienda llevar calzado cómodo, agua y protección solar.

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