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Los microorganismos en el punto de mira de la contaminación atmosférica

No poseen raíces, aguantan largos períodos sin humedad o precipitación y adquieren, a través del aire, todas las sustancias y nutrientes que necesitan. Los líquenes, ¿afectados por la contaminación y el cambio climático?

Carolina Morán Carolina Morán 16 Nov 2018 - 09:07 UTC
liquen
La sola presencia de los líquenes ya es síntoma de buena calidad ambiental. ¡Qué alegría da verlos en la naturaleza!

A menudo, cuando paseamos por el campo, la montaña o un denso bosque, no nos damos cuenta de que en el suelo, en las rocas, en las ramas o en los troncos de los árboles viven unos microorganismos que dan un aspecto de abandono pero que, en realidad, están dotados de una gran vida. Y es que los líquenes tienen la capacidad de vivir sin raíces, alimentarse únicamente mediante el aire -absorbiendo de él la mayoría de las sustancias y nutrientes que necesitan- y son los perfectos informadores de la calidad ambiental. ¿Cómo y por qué? Pues porque son muy sensibles a la contaminación atmosférica, y en cuanto detectan que algo no va bien, simplemente desaparecen.

Es por ello que los líquenes sean considerados como bioindicadores, ya que poseen una excesiva sensibilidad a los agentes contaminantes del aire y su sola presencia es señal de que el aire está limpio y el ecosistema en el que se encuentra está en buen estado ambiental. Microorganismos, por tanto, que son complicados de ver en ciertas zonas urbanas, ya que el principal contaminante que los afecta es el SO2, gas resultante de la quema de combustibles fósiles en vehículos a motor y algunas industrias; además de otras muchas sustancias tóxicas, como la lluvia ácida, los compuestos halogenados o los metales pesados.

Los líquenes están desapareciendo, y no por trucos de magia, sino por el cambio climático

Un reciente estudio, publicado en la revista Nature Geoscience, así lo confirma: las algas, los musgos y, sobre todo, los líquenes -también conocidos como las “cortezas biológicas del suelo” o “biocortezas” (en inglés, “biocrusts”)- que cubren aproximadamente 18 millones de km2 de suelo -alrededor de un 12% de la superficie terrestre-, disminuirán en un 25-40% para el año 2070 debido al cambio climático.

¿Sabías que los líquenes contribuyen a regular el clima y mantienen estables los niveles de humedad?
¿Sabías que los líquenes contribuyen a regular el clima y mantienen estables los niveles de humedad?

Por ello, uno de los principales retos a los que se enfrentan estos microorganismos, y que el Servicio de Información Comunitario sobre Investigación y Desarrollo (CORDIS) de la Comisión Europea ha probado mediante un proyecto, es saber si pueden responder o no a la modificación del clima con una velocidad suficiente como para evitar su extinción. Y es que, para sobrevivir -como ellos mismos han dictaminado- las poblaciones deben de ser capaces de adaptarse al cambio de su entorno, tolerarlo o migrar a un lugar donde las condiciones sean más benévolas.

Y si no pueden migrar, algunos investigadores conservacionistas ya se han encargado de trasladar y reubicar comunidades enteras o algunos especímenes de estos microorganismos a otros lugares donde las condiciones ambientales sean favorables para su desarrollo. Aunque lo más innovador que un estudio ha conseguido realizar es la simulación, mediante cámaras climáticas, de las condiciones ambientales de Marte para comprobar si pudieran desarrollarse tales microorganismos en tal planeta.

Y parece que sí, pues han recreado a la perfección sus parámetros climáticos -una atmósfera rica en CO2, una presión atmosférica de 7 mbar, la radiación ultravioleta solar existente en la superficie de Marte (>200 nm) y una temperatura bajo cero (concretamente de -93ºC)- y no solo tiene la capacidad de supervivencia, sino que presenta una resistencia extremadamente alta a tales condiciones. Cosa, por cierto, que ya se probó anteriormente con varios experimentos y satélites en el espacio, con el objetivo de demostrar que las comunidades de microorganismos pueden sobrevivir allí arriba.

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