Fotometeoros, ¡un espectáculo en el cielo!

Los arcoíris son los más conocidos, pero existen otros fotometeoros dignos de admirar y fotografiar. ¿Cómo se forman, dónde y cuándo podemos verlos?

Maider Rodríguez Maider Rodríguez 22 Ago 2019 - 10:16 UTC
fotometeoros
Los fotometeoros o meteoros ópticos son un auténtico espectáculo de la naturaleza.

Es fácil que una nube capte rápidamente nuestra atención, pero en ocasiones dedicarle un poco más de tiempo a lo que sucede sobre nuestras cabezas nos premiará con otro tipo de fenómenos meteorológicos: los fotometeoros. Las gotitas de agua en suspensión o los cristales de hielo presentes en las nubes, junto con la interacción de la luz solar, son responsables de estos fenómenos.

Los fenómenos ópticos que dan lugar a los fotometeoros son la reflexión, la refracción, la difracción, la dispersión y la difusión, y dependen de dónde nos situemos como observadores respecto a la luz.

El fotometeoro por excelencia: el arcoíris

Los días de lluvia que se combinan con los ratos de sol son perfectos para que podamos observar este fenómeno óptico. La luz del sol atraviesa las gotitas de agua suspendidas y, por medio de la refracción, se genera un arco de colores concéntrico. Como observadores nos situaremos de espaldas al sol, entre la luz y el agua. En ocasiones, se genera un arco secundario en el que el orden de los colores es inverso. Además, es necesario que el sol tenga una altura mínima para que sea visible durante el día, aunque en determinadas ocasiones también puede verse un arcoíris nocturno.

En realidad, el arcoíris dibuja una circunferencia completa, pero solo seremos capaces de verla si nos encontramos por encima de la superficie terrestre. ¿Cómo? Volando. Desde un avión o un helicóptero podremos observar el fenómeno completo, sin obstáculos.

El halo solar

Las nubes de tipo alto, situadas a más de 6.000 metros de altitud y formadas por pequeños cristales de hielo, dan lugar a fotometeoros muy curiosos, entre ellos, el halo solar. Se trata de un círculo brillante alrededor del Sol en el que podemos ver todo el espectro de colores. Debe haber bastantes cristales de hielo presentes para que la luz refracte lo suficiente. Lo más recomendable para verlo sin dañarnos la vista es tapar el Sol con algún objeto, o bien con el dedo, un truco que puede servirnos también para fotografiarlo. Se le llama también halo de 22 grados porque es el ángulo al que refracta la luz.

El parhelio

Para ver un halo solar completo se necesita que los cristales de hielo estén distribuidos en todas las direcciones posibles, pero esto no siempre ocurre. Cuando los cristales de hielo planos se colocan sobre su parte horizontal debido a la tranquilidad de la atmósfera, el sol refracta la luz a ambos lados de su disco.

parhelio
La duración de un parhelio es fugaz, normalmente unos 15-30 minutos.

El Sol, entonces, aparece en medio de otros dos falsos soles. De hecho, se le conoce igualmente por el nombre de 'falsos soles'.

Pilar solar o `sun pilar´

Las frías nubes altas son también responsables de este fotometeoro, ya que propician que la luz refracte en los cristales de hielo dando lugar a una columna luminosa que se levanta sobre el horizonte. Tiene lugar cuando el sol está bajo por lo que es propio del amanecer y del atardecer. Tanto este curioso fenómeno óptico atmosférico como el mencionado halo solar, son más propios del invierno en nuestra latitud, puesto que entonces la presencia de cristales de hielo suele ser mayor debido a las bajas temperaturas.

Las iridiscencias

Aunque suele confundirse con el arcoíris, ambos fenómenos son muy distintos. Las iridiscencias son pinceladas irregulares de color que suelen verse reflejadas en las nubes de tipo medio, como los altoestratos y los altocúmulos. Se producen por difracción y sus colores dependen del tamaño de las gotitas de agua y del ángulo en el que nos encontremos como observadores. Son más intensas y por tanto más perceptibles cuanto mayor es el número de gotitas de agua. El color dominante suele ser el azul, aunque también el verde y el rojo.

Además, pueden verse de día y de noche. La luz del sol que proyecta la Luna es capaz de dejarnos iridiscencias en noches claras y con la presencia de este tipo de nubes.

Espectro de Brocken

Este fotometeoro es uno de los más misteriosos e inquietantes. Es propio de las zonas de montaña en las que podemos presenciar un mar de nubes o nieblas. El sol queda a nuestra espalda y nuestra sombra se proyecta de forma alargada sobre la nubosidad, generándose así una gloria sobre nuestra cabeza. Mientras que en el arcoíris la luz atraviesa las gotas de lluvia, en el caso del espectro de Brocken atraviesa las gotitas en suspensión presentes en la niebla. También es conocido como la 'corona de Ulloa'.

Al margen de estos fenómenos, existen otros fotometeoros de mayor rareza como el arcoíris de fuego, el rayo verde o el Alpenglühen. Sacarles el mejor partido a estos fenómenos, dependerá de nuestra destreza como fotógrafos.

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