¿Qué fue de los termómetros de mercurio?

Con el paso de los años los termómetros digitales han ido sustituyendo a los de mercurio. ¿Por qué se tomó esta decisión? ¿Qué hacemos si tenemos uno en casa?

Marc Redondo Marc Redondo 01 Jul 2019 - 08:01 UTC
Termómetro
Los termómetros de alcohol -en la imagen- acabaron sustituyendo a los de mercurio, prohibidos desde 2009.

Ha sido el instrumento meteorológico más usado la última semana. Los ojos de todos los españoles han estado atentos a los termómetros día y noche. Tanto el que tenemos en el coche, el de la farmacia, el de la calle, o incluso, el del móvil. Aunque todos sabemos que no son fiables, los hemos usado como prueba para poder quejarnos de este calor insoportable.

Antiguamente las mediciones se hacían con termómetros de mercurio. Y no solo para la temperatura ambiental, sino también para conocer si teníamos fiebre o confirmar la temperatura de un alimento y ver que el punto de cocción era correcto. Pero el mercurio se prohibió para el uso de todo instrumento de medición y la era digital se abrió paso con un gran abanico de nuevos artilugios.

¿Eran más fiables los termómetros de mercurio?

Los termómetros funcionaban gracias a la buena respuesta que el mercurio tenía ante cambios de temperatura. Con un coeficiente de dilatación muy grande, cuando subía la temperatura, el mercurio se dilataba y subía por el pequeño capilar en cuyo lateral estaban apuntadas las temperaturas.

Con la llegada de los primeros termómetros digitales se puso a debate la fiabilidad de ambos aparatos de medición. Se daba por supuesto que los de mercurio, los de toda la vida, eran los mejores. La población era reacia al cambio. Los estudios que han ido saliendo, especialmente en el mundo de la medicina respecto a la medición de la temperatura corporal, llegan a resultados contradictorios. Estudios dicen que son más fiables los nuevos, pero otros estudios lo contradicen.

¿Por qué se prohibieron estos termómetros?

La toxicidad del mercurio fue el motivo de su prohibición. Hay que tener en cuenta que de forma natural el mercurio está en el ambiente, tanto en el aire, en el agua como en los suelos. Pero se comprobó que en altas concentraciones podía causar daños irreversibles en el sistema nervioso, pulmones, riñones... y no solo por su ingesta, sino también por la inhalación del vapor de mercurio. Además, es un elemento que permanece en los ecosistemas durante miles de años y es muy difícil de eliminar.

Hace no muchos años aún se vendían en las tiendas de minerales pequeños frascos con mercurio. Yo mismo jugué muchas veces a sacarlo del frasco y ponerlo encima de un papel blanco, y con el dedo, tocar las bolitas que se hacían y moverlas. Luego esos dedos, evidentemente, iban a la boca y a los ojos. A mí, siendo un niño, nadie me había contado que eso era peligroso.

Que el mercurio era tóxico se sabía desde hace mucho tiempo. Fue lo que ocurrió en una ciudad japonesa, Minamata, lo que hizo reaccionar a todo el mundo sobre la necesidad de prohibirlo. Allí se produjo un brote de envenenamiento en los años 50 en el que murieron cientos de personas y otras sufrieron problemas neurológicos. Todo esto a raíz de un vertido de 81 toneladas de mercurio de una empresa cercana y el consumo posterior del pescado contaminado. Dio lugar al nombre de Enfermedad de Minamata.

¿Dónde hay que llevarlos si tenemos uno en casa?

En el año 2009 la Unión Europea prohibió la fabricación y la comercialización de termómetros de mercurio. Evidentemente, aún en nuestras casas quedan un gran número de ellos. Por desgracia, este tipo de termómetros no es reciclable debido a la peligrosidad del mercurio. Además, es líquido y muy volátil. Hay que llevarlos a un Punto Limpio, donde gestionarán su destrucción con la extracción del mercurio de forma segura.

El mercurio no solo estaba presente en termómetros. En pilas y baterías, en fluorescentes, insecticidas, protectores de madera, interruptores eléctricos, cosméticos y armas, entre otros, se usaba el mercurio. Ahora su uso está absolutamente regulado.

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