El misterio de los Prototaxites: los colosos de ocho metros que la ciencia no puede explicar

Datos recientes revelan que los Prototaxites no guardan relación alguna con especies vivas, lo que provoca un vuelco drástico en los registros científicos sobre estos misteriosos seres del pasado terrestre.

Los Prototaxites son gigantescos pilares del Silúrico y Devónico que dominaron la Tierra antes que los árboles. Estos enigmáticos seres representan un linaje único y extinto, ajeno a cualquier grupo actual.
Los Prototaxites son gigantescos pilares del Silúrico y Devónico que dominaron la Tierra antes que los árboles. Estos enigmáticos seres representan un linaje único y extinto, ajeno a cualquier grupo actual.

Hace casi dos siglos que los expertos intentan descifrar qué eran realmente los Prototaxites, unas estructuras alargadas halladas en suelo canadiense. Lo que en un principio pareció una madera vieja resultó ser el mayor quebradero de cabeza biológico de nuestra época. Estos organismos superaban los ocho metros de altura y dominaban la Tierra mucho antes de que los bosques fueran lo que vemos hoy. Un estudio recién validado acaba de tumbar todo lo que creíamos saber sobre ellos con una seguridad asombrosa.

El enigma de los Prototaxites: estos colosales y misteriosos seres terrestres habitaron nuestro planeta entre los periodos Silúrico y Devónico, hace aproximadamente 420-370 millones de años. Mediante cuerpos verticales que alcanzaban los 8-9 metros, lideraron el entorno natural mucho antes del auge de los bosques modernos. Aunque primero se clasificaron como hongos inmensos, análisis actuales indican que representaban una forma biológica singular y desaparecida, ajena a la flora, fauna o fungi.

Hablamos de unos seres que vivieron en una Tierra casi irreconocible, rodeados de vegetación muy simple y helechos primigenios. Su aspecto, similar a pilares verticales sin ramas, ha desconcertado a generaciones de naturalistas que no sabían en qué cajón de la vida meterlos. Ahora, gracias a la tecnología moderna aplicada a unas muestras muy antiguas, parece que por fin aceptamos que estamos ante un grupo de seres vivos que no dejaron herederos en el mundo actual.

Las dudas históricas sobre los Prototaxites

A mediados del siglo XIX, un investigador llamado John William Dawson localizó unos restos fósiles muy extraños en la región de Gaspé, en la provincia de Quebec, Canadá. Aquellos troncos petrificados parecían restos de pinos antiguos que se habían podrido hace eones, pero algo no encajaba en su fisonomía interna. Al carecer de los anillos típicos o de extremidades vegetales, la duda sobre su verdadera identidad biológica quedó suspendida en el aire durante décadas sin que nadie lograra dar con una respuesta definitiva.

Esta incertidumbre se prolongó más de un siglo y medio. No fue hasta que arrancó el nuevo milenio cuando surgió una propuesta que parecía convencer a la mayoría de la comunidad experta. En 2001, Francis F. Hueber de la Universidad Sheffield (Reino Unido) sugirió que aquellos postes gigantes eran en realidad hongos de un tamaño descomunal, una idea que ganó muchos seguidores tras analizar ciertos fragmentos que parecían mostrar órganos de reproducción muy parecidos.

Sin embargo, lo que parecía una teoría sólida empezó a resquebrajarse cuando entraron en juego herramientas de medición mucho más precisas. El uso de escaneado láser permitió observar detalles que antes eran invisibles al ojo humano, revelando que la organización de sus tejidos no era la que cabría esperar. Aquel supuesto hongo gigante empezó a parecerse cada vez menos a lo que conocemos, obligando a los científicos a volver al punto de partida para buscar nuevas explicaciones sobre su origen.

La evidencia química contra los Prototaxites

El equipo liderado por Alexander Hetherington ha sido el encargado de poner los puntos sobre las íes en esta investigación tan esperada por la comunidad. Tras estudiar minuciosamente tres muestras distintas de fósiles, los resultados han sido demoledores para las teorías anteriores. Según el autor principal, la forma en que se conectan sus partes internas no se parece a nada que se enseñe en las facultades de biología actuales sobre el reino de los hongos.

Los fósiles petrificados de Prototaxites sirven como único testimonio de estos colosos del pasado. Estos restos son piezas clave para descifrar un enigma evolutivo que permaneció oculto durante siglos.
Los fósiles petrificados de Prototaxites sirven como único testimonio de estos colosos del pasado. Estos restos son piezas clave para descifrar un enigma evolutivo que permaneció oculto durante siglos.

De hecho, Hetherington fue muy tajante al declarar a Science Magazine que: “En los libros de anatomía sobre hongos vivos nunca encontramos estructuras como estas”. Esta afirmación resume perfectamente el sentimiento de asombro de los investigadores al comprobar que la composición de los Prototaxites es única. No hay rastro de las configuraciones celulares que definirían a un organismo fúngico moderno, lo que rompe cualquier parentesco directo con las setas o mohos que crecen hoy en nuestros bosques.

Para no dejar cabos sueltos, los científicos realizaron pruebas químicas profundas en los tubos que formaban el cuerpo de estos gigantes. Los datos confirmaron que tampoco tenían relación con el mundo de las algas o de las plantas terrestres que conocemos. Incluso se comprobó si podían ser líquenes complejos o tener algún vínculo con el reino animal mediante sus paredes celulares, pero todas las pruebas dieron negativo. Estamos ante un diseño biológico que la naturaleza decidió no volver a repetir.

El fin de una estirpe biológica sin sucesores

Tras descartar cualquier vínculo con familias actuales, el estudio en Science concluye que estos eucariotas formaron un grupo único que se desvaneció sin dejar rastro. Los expertos sostienen que estos seres siguieron una senda evolutiva solitaria durante millones de años, lo que impide asignarlos a un linaje existente hoy. Esta singularidad cierra un debate de siglos, posicionando a los Prototaxites como un enigma biológico absoluto que caminó por cuenta propia, lejos de la clasificación convencional de plantas, animales o los hongos comunes.

Esta rama floreció en el Devónico como un experimento natural que, a pesar de su éxito inicial, terminó en un callejón sin salida vital. No evolucionaron en formas menores ni dejaron descendencia, simplemente se borraron del mapa biológico dejando solo fósiles como testigos de su gloria. Aún restan incógnitas sobre su nutrición o las causas de su extinción en aquel entorno hostil. Por ahora, nos queda admirar aquellos pilares orgánicos que dominaron la Tierra hace 400 millones de años, pareciendo hoy visitantes de un planeta totalmente ajeno.

Referencia de la noticia:

Prototaxites was an extinct lineage of multicellular terrestrial eukaryotes

Corentin C. Loron, Laura M. Cooper, Sean McMahon, Seán F. Jordan, Andrei V. Gromov, Matthew Humpage, Laetitia Pichevin, Hendrik Vondracek, Ruaridh Alexander, Edwin Rodriguez Dzul, Alexander T. Brasier, Alexander J. Hetherington
https://www.biorxiv.org/content/10.1101/2025.03.14.643340v1

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