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¿Te imaginas a la ciudad de Madrid en medio de una sabana?

No hace falta recurrir a las proyecciones más extremas del calentamiento global para toparse con un interior peninsular convertido en una sabana. Ya ha pasado, y no había industria. Cada año presentaba 10 meses de sequía.

Hace 14 millones de años el interior peninsular tenía sequías de hasta 10 meses. Era una sabana casi desértica.

La semana pasada la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) publicó un informe con los riesgos meteorológicos que se verán acrecentados por el cambio climático. Entre los fenómenos que podrían afectar regularmente a nuestro país, destaca el aumento de las sequías y el incremento de los incendios forestales debido a la aridez. Esto podría impulsar la temida desertización. No hace falta acudir al imaginario para ver a la ciudad de Madrid en medio de una sabana, basta con recurrir a la paleoclimatología. 

El actual calentamiento global forma parte de un sistema cíclico que alterna periodos muy cálidos con otros gélidos. El repunte en el último siglo, eso sí, ha estado además alentado por la actividad humana. La Tierra hace poco ha presentado épocas cálidas, como la vivida en el Óptimo Medieval, y otras muy cálidas. Eso sí, bastante más distantes y largas. Hace 14 millones de años la zona que ocupa la capital española quedó inmersa en un terreno casi desértico.

En aquel entonces, el Mioceno Medio, una sabana se extendía por el centro de la península entre un clima tropical muy árido con hasta 10 meses de sequía. La Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha llegado a esta conclusión gracias a un estudio que ha comparado los restos de mamíferos hallados en el yacimiento de Somosaguas, con los que actualmente habitan en África o Asia. 

Los resultados de esta investigación, que hace unos días fueron publicados en PLOS ONE, forman parte de quince años de excavación y estudio del material fósil. El tamaño de cada especie en parte viene determinado por las condiciones ambientales del medio en el que habita. Según el texto de la UCM, los elefantes que por ejemplo habitan lugares húmedos -como las selvas asiáticas- tienen un tamaño menor que los elefantes que habitan los lugares secos –sabanas africanas-. 

Somosaguas como Sahel, o el este de Pakistán

“Partiendo de esta premisa, la distribución de tamaños dentro de una comunidad de mamíferos puede ofrecernos información sobre el clima bajo el cual se desarrolla”, explica Iris Menéndez, investigadora del departamento de Paleontología de la UCM y del Instituto de Geociencias. El ambiente de Somosaguas hace 14 millones de años era probablemente similar al entorno actual de la región de Sahel, en el norte de África, o al este de Pakistán.

“Para ello se realizó una recopilación de información de listados faunísticos de mamíferos, sus tamaños corporales como el peso y parámetros climáticos de estos lugares, como temperaturas y precipitaciones, gracias a la cual se pudieron desarrollar modelos estadísticos adecuados”, arguye Menéndez.

El yacimiento de Somosaguas es particularmente interesante en los estudios paleoclimáticos por situarse en un punto de inflexión en el clima del planeta durante el Mioceno, que activó el cambio de condiciones globales cálidas hacia ambientes fríos que derivaron en las glaciaciones del Pleistoceno. ¿Y si se vuelve a repetir la historia?