Grandes catástrofes en las presas mineras

Los expertos estiman que cada año se registran en todo el mundo, entre una y cuatro fallas en presas relacionadas con la minería, multiplicando por 10 los accidentes ocurridos en presas hidráulicas.

Aspecto que presentaba Bento Rodrigues (Brasil), tras el vertido de lodos tóxicos de noviembre de 2015. Fuente: https://www.wikipedia.org

Los últimos incidentes ocurridos en la presa de una gigantesca mina de hierro de la compañía brasileña Vale en Brumadinho, al sureste de Brasil, han puesto una vez más en el punto de mira las condiciones de seguridad existentes en el mundo de las operaciones mineras, y más concretamente en sus presas o represas.

Desde América hasta Australia, las grandes empresas mineras, con el propósito de expandirse y buscar nuevas economías de escala, han ido excavando canteras cada vez más grandes y profundas, aumentando el volumen de desechos hasta cifras récord. Con la finalidad de poder almacenar tales cantidades de residuos, han construido gigantescas estructuras, conocidas como presas de relaves, formadas por enormes terraplenes que contienen el agua que queda después de separar los metales de los minerales, junto a depósitos de lodo y roca finamente molida.

En teoría, podemos pensar que estos relaves, al tener una envergadura tan destacada, aguantarán de forma permanente y eterna, pero la realidad es que suelen fallar con mucha frecuencia, provocando numerosos daños y en ocasiones auténticas catástrofes.

Las peores y más recientes catástrofes

Mina Mount Polley-Cariboo, Columbia Británica, Canadá. Se produjo el 4 de agosto de 2014, al romperse la presa de relaves de la mina a cielo abierto de cobre y oro de la empresa Imperials Metal Corporation (Canadá). Fue uno de los mayores desastres mineros de la historia del país. Se contaminaron con 25.000.000 de metros cúbicos de desechos tóxicos, el río Cariboo, el arroyo Hazeltine y los lagos Polley y Quesnel.

Mina Buenavista del Cobre-Arizpe, Sonora, México. Ocurrió solo 2 días después del desastre canadiense, es decir, el 6 de agosto de 2014. Se derramaron 40.000 metros cúbicos de residuos tóxicos a los ríos Sonora y Bacanuchi, procedentes de la mina Buenavista del Cobre, gestionada por la empresa estadounidense Southern Copper Corporation. Como consecuencia del vertido, 380 personas se contaminaron de forma directa al utilizar agua en el momento del derrame y, posteriormente, la contaminación llegó a la presa El Molinito, causando nuevos problemas de salud en los municipios de Ures y San Felipe.

Mina Germano-Mariana, Minas Gerais, Brasil. El día 5 de noviembre de 2015, la rotura del dique de Fundão provocó un gran vertido de lodo tóxico que devastó el pueblo de Bento Rodríguez y provocó la muerte de 19 personas. Según las estimaciones, la empresa que operaba (Samarco Mineração), filial de las gigantes Vale (brasileña) y Bhp Billinton (australiana-británica), volcó la desorbitada cifra de 60.000.000 metros cúbicos de barros contaminados, los cuales después de destruir Bento Rodriguez, recorrieron hasta 700 kilómetros hasta verterse en el Océano Atlántico, arrasando a su paso varios parques naturales y áreas indígenas de gran valor ecológico.

Mina Veladero-Jáchal, San Juan, Argentina. El 13 de septiembre de 2015, un vertido de 1.000 metros cúbicos de desechos con cianuro, realizado por la empresa Gold (Argentina), filial de la minera Barrick Gold (Canadá), alcanzó la desembocadura del deshielo de la Cordillera de los Andes, lugar donde nacen numerosos ríos de la región. El agua contaminada siguió su recorrido por los cauces fluviales de la zona, afectando a la cuenca hídrica que abastecía a varias poblaciones como Jáchal, provocando un gran daño sanitario y ambiental.

Represa minera de Brumadinho, Minas Gerais, Brasil. Es hasta el momento uno de los desastres mineros con mayor número de pérdidas humanas y además el más reciente, ya que tuvo lugar el pasado 25 de enero del presente año. Las instalaciones, pertenecientes a la compañía brasileña Vale, derramaron unos 13 millones de metros cúbicos de lodos, los cuales alcanzaron hasta unos 80 kilómetros por hora, arrasando multitud de viviendas y llevándose consigo la vida de 165 personas hasta el momento, cifra que previsiblemente continuará creciendo, pues todavía hay cerca de 200 desaparecidos.

En definitiva, aunque el número de fallas y accidentes en las presas mineras ha ido descendiendo progresivamente en los últimos años, los más graves y de mayor magnitud han aumentado, por lo que, a pesar de los múltiples avances en ingeniería y legislación ambiental, todavía queda mucho camino por recorrer para acabar completamente este tipo de catástrofes.