Gretamorfosis

La activista sueca Greta Thunberg con sus discursos y el movimiento "Fridays For Future" está movilizando a muchos jóvenes en todo en mundo en la lucha contra el cambio climático. Sus exigencias a los dirigentes políticos han tomado un tono más agresivo en su reciente discurso de Naciones Unidas.

Jose Miguel Viñas Jose Miguel Viñas 29 Sep 2019 - 15:30 UTC
Izquierda: Greta Thunberg con rostro relajado el día que visitó el Parlamento Europeo, el pasado mes de abril. Fotografía de Vincent Kessler © Reuters. Derecha: Greta en un momento de su encendido discurso en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, este mes de septiembre. © Fox News.

En el complejo escenario de cambio climático en el que nos encontramos, ha entrado en escena un nuevo actor –actriz, para más señas– cuya aparición ha sido explosiva, como algunas ciclogénesis, y cuyas actuaciones no están dejando a nadie indiferente. En apenas un año, Greta Thunberg ha pasado del anonimato a ser una de las personas más famosas del mundo, arrastrando con sus discursos a una marea de jóvenes por todos los rincones del planeta que no para de crecer. La incertidumbre inherente a cualquier proyección climática también se puede extrapolar al movimiento social y reivindicativo impulsado por Greta, conocido como “Fridays For Future”.

Greta no tiene reparos a la hora de echar en cara a los dirigentes políticos su pasividad frente al creciente impacto medioambiental al que está sometida la Tierra y la deriva que está tomando el cambio climático, culpándolos directamente de esta situación a la que hemos llegado y que amenaza el futuro de los jóvenes de su generación –Greta tiene en la actualidad 16 años– y las generaciones venideras. Con gesto compungido y una excesiva sobreactuación, la hemos visto en repetidas ocasiones rozar el llanto, tratando de transmitir su rabia, impotencia y desesperación. Es evidente que ese discurso está calando entre los jóvenes, pero recientemente en Nueva York, Greta dio un paso más allá.

Greta Thunnberg, con su pancarta reivindicando la huelga estudiantil por el clima, sentada sola junto al Parlamento de Suecia, en Estocolmo, en agosto de 2018. A partir de ese momento su activismo comenzó a convertirla en un fenómeno mediático, de alcance mundial. © The Independent

En este caso, la puesta en escena fue mucho más cuidada. Se planificó hasta el último detalle. El primer golpe de efecto fue su viaje en barco de vela a Nueva York, lo que tuvo el impacto mediático deseado y allanó el camino para el segundo acto, en el que definitivamente dio la campanada. Llegó alguna semana antes de la celebración de una nueva Cumbre del Clima, que como era previsible, volvió a dejar de manifiesto la dificultad de conseguir acuerdos rápidos y eficaces entre todas las naciones. La carta que Greta tenía escondida bajo la manga era su discurso en la sede de Naciones Unidas, que eclipsó por completo a la citada Cumbre (una más, del montón).

A diferencia de otros discursos anteriores de Greta, donde el miedo y la tristeza (angustia vital) fueron su principal hilo argumental, en este subió el tono y pasó directamente al ataque, con unas buenas dosis de agresividad. Ya el título de su discurso (“¿Cómo se atreven”?) dejaba a las claras que les iba a cantar las cuarenta a los líderes mundiales, como así hizo. Por destacar dos frases, quédese con estas: “Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías”, “Nos están fallando. Pero los jóvenes están empezando a entender su traición. Los ojos de todas las generaciones futuras están sobre ustedes. Y si eligen fallarnos, nunca los perdonaremos.”

Una de las manifestaciones de estudiantes del movimiento “Fridays For Future”, En las que están participando un número creciente de estudiantes en todo el mundo, y a las que se están uniendo numerosas organizaciones. © Corrierre della Sera

Es una incógnita el recorrido que tendrá este mensaje y lo que Greta aguantará la sobreexposición mediática. Lo que es indudable es que en estos momentos el movimiento estudiantil va a más y probablemente vaya contagiando a otros segmentos de la sociedad. La presión social siempre provoca cambios (acción-reacción), que seguramente vayamos viendo en los próximos años. Mucho más difícil es –rozando la utopía– conseguir transformar el mundo profundamente en los plazos en los que la ciencia está pidiendo drásticas reducciones de las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero. De momento, los jóvenes están empezando a meter presión, seguramente sin ser del todo conscientes de las implicaciones que tendrán para ellos mismos –para todos– sus legítimas reivindicaciones.

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