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Gota fría o DANA, un clásico al final del verano: ¿volverá este otoño?

Como cada año, conforme va pasando agosto los términos de gota fría o DANA van haciendo acto de presencia en los medios de comunicación o en la calle. ¿Volverá este otoño? Aquí te contamos más cosas sobre este temido fenómeno.

Sin duda, la gota fría es uno de los temas estrellas en esta época del año. Sin embargo, este término no suele usarse de forma adecuada.

Aquí tenemos uno de los temas estrella entre los medios de comunicación y los aficionados a la meteorología cada vez que encaramos la recta final del verano climatológico, que finaliza el próximo 31 de agosto. A estas alturas del año, tras varios envites de calor y con un Mediterráneo muy caliente, la gota fría o DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) poco a poco empieza a ganar protagonismo en las conversaciones de la calle.

Todavía están muy recientes las terribles imágenes que nos dejaron las inundaciones del pasado mes de septiembre en el sureste, o los daños provocados por la borrasca bautizada como Gloria, en un pasado mes de enero que nos parece ya muy lejano, antes de que el nuevo coronavirus se extendiera por todo el globo.

El origen de las gotas frías está en la atmósfera

Aunque por la calle se suele decir que la suma de un verano cálido y un Mediterráneo que está a más de 25 ºC tiene como resultado precipitaciones de consecuencias catastróficas, esto no es así. Resulta bastante frecuente ver que se usan los términos de gota fría o DANA (que hacen referencia al mismo fenómeno) como sinónimo de lluvias torrenciales, algo que es un error.

No hay que olvidar que una gota fría o DANA es un elemento atmosférico. En concreto, una depresión cerrada en altura que se ha aislado y separado de la circulación asociada al chorro polar. Como vemos, no se mencionan las lluvias torrenciales o la presencia de una superficie terreste o marina cálida como desencadenantes de la formación de este fenómeno.

El riesgo de lluvias torrenciales se está extiendo a otras estaciones

Estas depresiones en altura se pueden descolgar en cualquier época del año. De hecho, ya hay estudios que han constatado que se están volviendo más frecuentes en nuestra zona. Tampoco debemos olvidar que, en el contexto actual de calentamiento global, el incremento de temperaturas de la superficie terrestre y del mar permite que el calendario de lluvias torrenciales se vaya extendiendo. Ahora el potencial es mayor.

Temperatura Mediterráneo
El Mediterráneo ya presenta temperaturas en su superficie cercanas a los 28 ºC. Es un factor que agrava las lluvias torrenciales, pero no basta por sí solo.

Hay que asimilar que es cada vez más habitual que se produzcan aguaceros muy intensos fuera del otoño, como ya vimos en el invierno de 2017, en la Semana Santa de 2019 o con Gloria. También, que debido a la intensa urbanización que ha experimentado el litoral mediterráneo, con la ocupación de cauces y otras zonas inundables, no es necesario que los registros sean estratosféricos para que se produzcan problemas importantes. Por desgracia, este último factor suele quedar en el olvido.

El factor humano suele quedar en el olvido. La ocupación de zonas inundables se traduce en un aumento del riesgo de inundación.

No obstante, sólo un pequeño porcentaje de estos descuelgues se traducen en precipitaciones de consecuencias catastróficas, ya que además del descuelgue en sí, a grandes rasgos es necesario un aporte muy importante de humedad en capas medias-bajas, sin olvidar la influencia del relieve.

¿Septiembre arrancará con una DANA?

Por ahora las previsiones a largo plazo de nuestro modelo de referencia, del ECMWF, señalan que septiembre podría empezar con cierta inestabilidad en el litoral mediterráneo, algo que por otro lado no es extraño, ya que con el comienzo de la segunda quincena de agosto la atmósfera se vuelve más dinámica. Aunque cuidado, no todas las precipitaciones intensas están asociadas a una DANA, ya que el paso de una vaguada o un evento de lluvia cálida mediterránea pueden tener también consecuencias graves.