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El año acaba con una situación aún preocupante en nuestros embalses

Dos episodios lluviosos importantes, uno en el tercio norte y el otro en la vertiente atlántica, han conseguido que en el conjunto del país hayamos recuperado el 40% de capacidad total. Veamos a continuación cómo están evolucionando nuestros embalses en este mes.

El río Irati forma la impresionante Foz de Lumbier, cañón excavado por el río en la roca caliza, con una longitud aproximada de un kilómetro y con paredes casi verticales entre los 150 a 400 m de altura.
El pantano de Itoiz ha aumentado el 83% gracias a las importantes precipitaciones de principio del mes. Recibe el aporte del río Irati, que forma la impresionante Foz de Lumbier, cañón excavado por el río en la roca caliza, con una longitud aproximada de un kilómetro y con paredes casi verticales entre los 150 a 400 m de altura.

Dos han sido los episodios de precipitación durante diciembre, uno el desarrollado en los primeros once días del mes, que principalmente afectó al área cantábrica y Pirineos occidentales, con cantidades muy grandes y que provocaron importantes inundaciones y avenidas, como la del río Ebro; y el que acaba de terminar, mucho más extendido, con cantidades más modestas pero que han afectado a las regiones más necesitadas, como son las del sur peninsular.

En lo que llevamos de mes y para observatorios principales, la máxima cantidad de agua recogida, hasta el momento, son los 297,6 l/m2 del aeropuerto de San Sebastián. Aunque hay estaciones de las provincias de Bilbao, San Sebastián y Navarra que han superado los 450 l/m2. En la otra cara de la moneda hay algunas áreas peninsulares, en especial del área mediterránea, donde las precipitaciones están siendo muy escasas. Con todas estas particularidades, podemos considerar, hasta ahora, a diciembre un mes ligeramente más seco de lo normal en el conjunto de la Península.

Las temperaturas están por encima de la media, sobre todo los valores diurnos, ya que las mínimas has sido relativamente bajas con importantes heladas en ambas mesetas, provocadas por la situación anticiclónica que hubo entre períodos lluviosos. Las rachas de viento nuevamente están siendo una variable importante. El otro factor a tener en cuenta es la humedad relativa, que durante este mes se la puede considerar alta en relación a sus valores normales.

Por tanto, de las principales condiciones meteorológicas para la evaporación, solo la humedad no está siendo adversa para nuestros embalses. Todo esto hace que por semanas tengamos que la reserva de agua aumentó más que la media de los últimos 10 años durante la primera mitad del mes.

Notable aumento del agua embalsada en el Ebro

Como hemos visto anteriormente, este mes ha tenido dos momentos importantes de precipitaciones. Para la reserva hídrica, el más destacado es el que hubo hasta el día 11, en especial en el área cantábrica.

Los embalses que más se deberían haber beneficiado de esta situación serían los de las cuencas septentrionales, en especial del área cantábrica y el Ebro. Y así ha sido, la cuenca que más ha aumentado es la del Ebro, con una subida ligeramente superior al 26%.

De todos los pantanos de estas cuencas, el que más ha subido es el de Itoiz, en la provincia de Navarra, con un ascenso del 83%. Este embalse de uso variado, terminado en 2002, tiene una superficie máxima de ocupación de 1.100 ha, es alimentado por el río Irati y está situado apenas a 30 km al sur de Roncesvalles, uno de los puntos que han superado los 450 l/m2.

La más perjudicada, Andalucía

Como sabemos, el problema de los grandes almacenamientos de agua es la pérdida por evaporación. Los factores que más influyen en ella son la temperatura, el viento y la radiación solar. En este mes de diciembre todos han sido negativos, aunque las horas de Sol son pocas, la ausencia de nubosidad durante muchas jornadas ha provocado que su efectividad haya sido alta.

A la vez, mantenemos la vigilancia en varios pantanos donde el factor humano ha trastocado su evolución, sufriendo grandes desembalses durante el verano, principalmente en las cuencas del Duero y del Ebro. Los escogidos, como ya saben mis lectores habituales son, respectivamente, el de Ricobayo en Zamora, que fue vaciado hasta el 11%, recuperado hasta el 28,65% en la actualidad y el de Mediano, en Huesca, que lo dejaron a un 17%, estando en estos momentos al 21,61% de su capacidad, nuevamente con síntomas de vaciado.

Embalse de Guadalcacín, provincia de Cádiz, el mayor de la cuenca Guadalete-Barbate.
Embalse de Guadalcacín, provincia de Cádiz, el mayor de la cuenca Guadalete-Barbate y que solo se encuentra al 35% de su capacidad.

La escasez de precipitaciones -pese al último episodio de lluvias- y el dominio anticiclónico, con sus cielos poco nubosos, hacen que la cuenca más perjudicada en este mes sea nuevamente la Mediterránea andaluza, con una pérdida cercana al 4%. Está al 32% sobre su capacidad total, alejada un 22% de su media de los últimos 10 años.

Conclusión: la situación sigue preocupando

Ya hemos pasado el otoño, que es el período más húmedo en la mayoría de nuestras regiones y, por tanto, más propicio para nuestros embalses, y la situación, aunque ha mejorado ligeramente, sigue siendo muy preocupante. Durante este mes hemos ganado un 3,47% en el agua embalsada, que en estos momentos está al 42,66%. Esto es algo más de un 8% inferior a la misma fecha del año pasado y nos encontramos por debajo de la media de los diez últimos años, casi un 13%.

En situación atmosférica normal, ya con el invierno iniciado, los temporales atlánticos verán dificultada su llegada por el clásico bloqueo anticiclónico de esta época del año; siendo sustituidos por entradas del norte y del noroeste, que deberían seguir aportando agua a las cuencas del tercio norte que se encuentran, en general, bastante bien. En cambio, no lo harían con las más meridionales, que están en verdadero peligro y a las que hay que seguir vigilando, con la cuenca del Guadalquivir como la peor de todas con tan solo un 27,84% de su capacidad.