tiempo.com

Febrero loco: de la bestia del este al ‘hornillo' del Sahara en 7 días

Gran parte de Europa está comprobando la fiabilidad del refranero español: estamos viviendo uno de los febreros más 'locos' de los últimos años. En apenas una semana, los récords de frío se han convertido en otros muchos por altas temperaturas. Así se ha gestado el cambio.

Febrero loco
Gran parte de Europa ha pasado del hielo a la manga corta en apenas unos días.

El refranero ya nos tiene en guardia desde hace décadas, quizás siglos, sobre este mes que empieza a estar marchito. Quedan pocos días para que acabe febrero ‘el loco’ (ningún día se parece a otro, concluye el pareado) dejando tras de sí una larga lista de efemérides o récords en Europa que, si consideramos cómo el tiempo se está extremando, tampoco prometen ser muy duraderos. En apenas siete días, gran parte del continente ha pasado del frío siberiano con heladas anómalas a otro escenario donde el polvo del Sahara ha palidecido el cielo, dejando entrever una masa de aire subtropical que ahora provoca temperaturas más propias del mes de abril en Centroeuropa.

Hace una semana países como Alemania, Italia, Suiza o Austria registraron mínimas inferiores a los -20 ºC. Los medios alemanes llegaron a comparar su país con Laponia, aunque deberían haber considerado la estepa rusa: la bestia del este. En el sur de Berlín se registraron cerca de -24 ºC, un dato que no se observaba desde febrero de 2012; un poco más al sur, en Hungría, la meseta de Bükk descendió el día 13 hasta los -35,5 ºC. Nunca se había medido una cifra de ese calado en suelo húngaro aunque, tal y como pasó aquí en enero con los -35 ºC de la Vega de Liordes, en León, no han sido reconocidos oficialmente al haber sido medidos por un observatorio ajeno al servicio meteorológico de Hungría.

Numerosos récords por temperaturas altas

Después de la ‘bestia’, el tiempo se suavizó durante unos pocos días, mientras el Sahara se revolvía entre el anticiclón que produjo la calima de Canarias y el flanco más meridional de la borrasca Karim. De esa conjunción salió la irrupción de aire sahariano que hoy sobrevuela Europa. Si miramos de forma retrospectiva las masas de aire que afectan a ciudades como Berlín o Estocolmo, se aprecia que parten del interior de Argelia, pero muy, muy adentro. Tanto, que una parte de lo que hoy respiran los berlineses tiene origen -digamos que simbólico- en Níger.

Aire sahariano
Procedencia de las masas de aire que afectan a Estocolmo (izquierda) y Berlín (derecha).

Uno de nuestros meteorólogos en Daswetter.com, Johannes Habermel, en su pronóstico diario se pregunta si ha llegado abril a Alemania. Ayer la ciudad de Hamburgo alcanzó los 21.1 ºC, la máxima más alta registrada en febrero por el observatorio desde 1891, hace 130 años. En Suiza, Sankt Gallen obtuvo un nuevo récord de temperatura para febrero con 18 ºC, mientras que cerca del valle del Rin, Bregenz y Dornbirn superaron los 20 ºC por primera vez este mes en su historia.

Algunos observatorios de Suiza han superado los 20 ºC por primera vez en su historia. Hace unos días tenían mínimas cercanas a los -20 ºC.

En Austria las plusmarcas fueron también numerosas según el Instituto Central de Meteorología y Geodinámica (ZAMG, siglas en alemán): 21 ºC en Dornbirn, 20.7 ºC en Bregenz o 20.5 ºC en Kufstein, registros inéditos. “Los días inusualmente cálidos se han vuelto mucho más comunes en febrero en las últimas décadas” en Austria, según el ZAMG. En la primera mitad del siglo XX, el observatorio de Innsbruck registraba en febrero un solo día con más de 15 ºC cada cinco u ocho años. Entre 1996 y 2010 los 15 ºC se rebasaron al menos una vez cada año, acredita ZAMG en un estudio reciente.

¿Y este vaivén por qué?

Dentro de la normalidad que supone un febrero de altibajos, parece que los bandazos del chorro polar de este invierno vienen provocados por un calentamiento súbito estratosférico que se produjo a principios de enero. Los CSE podrían estar aumentando en un mundo más cálido y este fenómeno en invierno, paradójicamente, es el precursor de las olas de frío en Norteamérica y Europa. Mientras unas regiones son afectadas por esos ramales fríos del jet stream, otras se exponen a dorsales cálidas que surgen casi como reacción. Desde que empezó el año, hemos tenido la ocasión de experimentar ambas partes.