¿Qué pasa cuando impacta un rayo en un rascacielos? Ayer, en Benidorm

Las fuertes tormentas de las últimas horas han dejado imágenes tan espectaculares como estas, en las que un rayo alcanza un edificio desencadenando una lluvia de chispas y material incandescente.

En las últimas horas se han producido fuertes tormentas en buena parte del territorio peninsular, destacando algunos sistemas que se han desplazado por el interior del sureste y el litoral mediterráneo. Uno de ellos llegó por la noche a Benidorm, donde una potente descarga impactó directamente en la azotea de un edificio de gran altura.

Un rayo no es más que una descarga eléctrica que se genera entre dos puntos con diferente potencial (voltaje), igualando las cargas. Estas diferencias de potencial en una tormenta pueden superar los 100 millones de voltios. Aunque el aire es un aislante eléctrico, es incapaz de mantener tal gradiente de potencial y al final se produce la ruptura dieléctrica del mismo. Cuando esto sucede, se forma un canal conductor en estado de plasma por el que circula una corriente de decenas o incluso centenares de miles de amperios, calentando el aire a temperaturas extremas, en torno a los 30 000 ºC, volviéndose visible y muy brillante.

En el canal conductor de un rayo el aire puede alcanzar temperaturas de 30 000 ºC, volviéndose visible y muy brillante. A estas temperaturas el material donde impacta se funde o hierve instantáneamente.

Cuando el rayo alcanza un objeto, como en este caso, la corriente que circula por él puede calentarlo en extremo, sobre todo si el material es mal conductor de la electricidad y ofrece resistencia a su paso. A estas temperaturas el material se funde o incluso hierve instantáneamente, como sucede con la cornisa del edificio, lo que desencadena una lluvia de chispas y material fundido que cae hasta el suelo. Obviamente los rayos suponen un peligro extremo y su calor, onda expansiva y descargas eléctricas secundarias pueden causar lesiones graves incluso a decenas de metros de su punto de impacto, por eso conviene siempre evitar puntos de riesgo como zonas elevadas, postes y árboles.