Este cangrejo que parece inofensivo está arrasando cientos de ríos españoles: por qué los expertos están en alerta

En muchas riberas españolas hay un cangrejo que no debería estar ahí. Resiste sequías, excava las orillas y desplaza al autóctono. El invasor perfecto ya domina.

Su expansión en las últimas décadas ha alterado ríos, humedales y marismas, desplazando especies autóctonas
Su expansión en las últimas décadas ha alterado ríos, humedales y marismas, desplazando especies autóctonas

A simple vista parece un cangrejo más, uno de esos crustáceos que forman parte del paisaje de acequias, arrozales y riberas. Sin embargo, tras esa apariencia común se esconde una de las especies invasoras más problemáticas de los ecosistemas acuáticos españoles.

Se trata del cangrejo rojo americano, Procambarus clarkii. Su expansión en las últimas décadas ha alterado ríos, humedales y marismas, desplazando especies autóctonas y modificando profundamente el equilibrio ecológico.

Durante años se ha popularizado la idea de que ciertos cangrejos habían llegado a la Península Ibérica en tiempos de Felipe II. Las investigaciones genéticas más recientes, impulsadas por equipos de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), han matizado ese relato histórico. Los análisis confirman que el cangrejo de río autóctono, Austropotamobius pallipes, presente en la península desde hace siglos, tiene un origen italiano en sus poblaciones ibéricas.

El problema actual, sin embargo, no es aquella introducción antigua, sino la llegada mucho más reciente de especies norteamericanas como Procambarus clarkii. Introducido inicialmente con fines comerciales y acuícolas, su extraordinaria capacidad de adaptación lo convirtió en una especie invasora de primer orden.

Una biología diseñada para colonizar

El éxito del cangrejo rojo americano responde a una combinación de rasgos biológicos que favorecen su expansión. Es una especie altamente resistente a condiciones ambientales adversas, soporta aguas con baja calidad, escasez de oxígeno y amplios rangos de temperatura. Además, excava galerías profundas en las orillas, lo que le permite sobrevivir a periodos de sequía y facilita la erosión de taludes y márgenes fluviales.

Desde el punto de vista ecológico, su impacto es múltiple. Actúa como depredador de huevos y larvas de peces y anfibios, consume vegetación acuática y altera la estructura del hábitat. También compite por alimento y refugio con el cangrejo autóctono y, lo que resulta más grave, es portador de la afanomicosis, una enfermedad fúngica letal para el cangrejo europeo, que carece de defensas naturales frente a este patógeno.

El declive del cangrejo europeo

El gran perjudicado por esta invasión ha sido Austropotamobius pallipes, actualmente catalogado en España como especie en peligro. La expansión del cangrejo rojo no solo ha supuesto competencia directa por recursos, sino la propagación de enfermedades.

La expansión del cangrejo rojo no solo ha supuesto competencia directa por recursos, sino la propagación de enfermedades
La expansión del cangrejo rojo no solo ha supuesto competencia directa por recursos, sino la propagación de enfermedades

Diversos trabajos científicos publicados en la revista Ecosistemas han analizado cómo las invasiones biológicas en ríos provocan cambios profundos en la red trófica. Cuando el cangrejo rojo se establece, no se limita a sustituir a la especie nativa, sino que modifica la dinámica de nutrientes, altera las comunidades de invertebrados y reduce la cobertura vegetal sumergida. El resultado es un ecosistema más simplificado y menos resiliente.

En muchos tramos fluviales españoles, la presencia del cangrejo europeo es ya residual y se limita a cabeceras aisladas, donde la fragmentación natural del hábitat dificulta el avance de las especies invasoras.

Un símbolo de las invasiones biológicas

El caso del cangrejo rojo americano ilustra con claridad cómo las decisiones humanas, incluso aquellas tomadas con fines económicos o productivos, pueden desencadenar transformaciones ecológicas de largo alcance.

Bajo la apariencia de un simple crustáceo, Procambarus clarkii representa uno de los ejemplos más visibles de invasión biológica en España. Su expansión no solo amenaza a una especie emblemática como el cangrejo europeo, sino que pone de manifiesto la fragilidad de los equilibrios ecológicos cuando se alteran las fronteras naturales de las especies.

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