Cómo podar un rosal sin miedo: el corte que parece agresivo pero activa su vida desde dentro
¿Buscas rosas de revista? Aprende a dominar las tijeras con esta técnica maestra que rejuvenece tus plantas y multiplica sus flores de forma espectacular cada temporada.

Lograr un rosal que parezca sacado de un catálogo botánico no depende sólo de abonos caros, también de la valentía a la hora de cortar. Muchos aficionados fallan por miedo a dañar la planta, cuando en realidad la falta de limpieza es lo que acaba asfixiando la belleza de estas flores.
Intervenir en la estructura del arbusto permite que la savia se concentre en los puntos con mayor potencial, eliminando madera vieja que sólo consume energía. Un mantenimiento riguroso es el único camino real para evitar que los hongos y la humedad arruinen tus variedades favoritas antes de tiempo.
Cómo podar rosales con precisión quirúrgica y éxito
El éxito comienza con el calendario en la mano y las herramientas listas. La fase más importante tiene lugar cuando el frío intenso se retira, coincidiendo habitualmente con el inicio de la primavera. Un indicador infalible en el jardín es la floración de plantas como la forsitia; en ese instante, el rosal está preparado para una limpieza profunda que elimine los daños causados por las heladas invernales.
"En abril poda el ruin, el bueno en marzo o febrero".
— Patrimonio Nacional (@PatrimNacional) February 10, 2025
Ya estamos poniendo a punto los rosales en los jardines de #Aranjuez. Nuestras compañeras utilizan las mismas cestas de mimbre que antiguamente y enraízan esquejes para su multiplicación.
Enseguida se llenarán de pic.twitter.com/VOSFFoJe8b
Para realizar una labor profesional, debemos reducir la planta hasta dejar una base de entre 10 y 20 centímetros sobre el nivel del suelo. La clave absoluta es cortar sin miedo, aunque parezca un corte demasiado agresivo, lo que implica retirar volumen sin dudar para que el ejemplar rebrote con una potencia renovada. Utiliza siempre tijeras que corten como un bisturí, evitando desgarros en la corteza.
Cada incisión debe situarse apenas a medio centímetro por encima de una yema sana. Es fundamental que el corte sea inclinado, con una pendiente opuesta al brote, para que las gotas de lluvia resbalen y no se acumulen sobre el ojo de la planta. Si el rosal muestra signos de debilidad, sé más drástico y corta sobre la tercera yema; si rebosa vitalidad, puedes permitirte dejar hasta la séptima para ganar altura.
Estrategias específicas para cada variedad de rosales
No todos los ejemplares responden igual ante las tijeras, por lo que identificar tu especie es el primer paso antes de empezar. Los rosales nobles y de arriate, famosos por sus flores individuales perfectas para jarrón, exigen una arquitectura abierta. Al podar, busca siempre yemas que miren hacia el exterior para que los nuevos tallos crezcan hacia fuera, evitando que el centro del arbusto se enmarañe y pierda luz.

En el caso de los rosales arbustivos, que pueden alcanzar dimensiones considerables de hasta tres metros, la técnica busca el equilibrio visual. Si tienes variedades de crecimiento muy vigoroso, no dudes en reducir sus ramas a la mitad de su longitud actual para mantener un porte compacto y manejable. Por contra, los rosales trepadores requieren un guiado distinto: aquí debemos recortar los sarmientos largos dejando sólo tres ojos o yemas, desde donde brotarán las flores que cubrirán muros o pérgolas.
Un error crítico que debemos evitar es tratar a todas las plantas por igual. Observa la dirección de crecimiento y elimina cualquier rama que se cruce o roce con otra, ya que las heridas por fricción son la puerta de entrada perfecta para las plagas. Mantener la herramienta desinfectada entre ejemplar y ejemplar es la mejor vacuna que puedes ofrecerle a tu jardín para evitar contagios innecesarios.
Mantenimiento estival y limpieza de chupones
Cuando llega el verano, la tarea se vuelve más sutil pero sigue siendo vital para prolongar el colorido. Esta fase de limpieza busca retirar las rosas marchitas y los tallos enfermos para que la planta no gaste recursos innecesarios. Al quitar las flores pasadas, desciende por el tallo hasta localizar los primeros cinco folíolos (cada una de las hojuelas de una hoja compuesta); ese es el punto exacto donde la planta recibirá el estímulo para generar un nuevo capullo.

Es vital vigilar la base del injerto para detectar los chupones, esos brotes silvestres que crecen con una fuerza inusitada pero que no dan flores bellas. Estos elementos roban la savia de la variedad principal y pueden llegar a debilitarla por completo si no se eliminan de raíz. Una buena poda de mantenimiento garantiza que el aire circule libremente por el interior del follaje, impidiendo que la humedad favorezca la aparición de manchas negras u oídio.
Al finalizar la jornada, recuerda que los restos vegetales nunca deben quedarse al pie del arbusto, ya que podrían albergar esporas dañinas. Trasládalos al compostaje y dedica un momento a lubricar tus tijeras para que se mantengan operativas. Con estos cuidados, tus rosales, además de sobrevivir, se convertirán en los protagonistas absolutos de tu espacio exterior, regalándote fragancias y colores inigualables.
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