¿Por qué está helado el Polo Norte?
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Universidad Autónoma de BarcelonaNATURECambio climático global en los últimos 60 millones de años. Este registro muestra la tendencia al enfriamiento inferido de la concentración de isótopos de Oxígeno en los foramiríferos de las principales cuencas oceánicas. Las barras horizontales muestran la evolución de los escudos de hielo antártico y ártico. Los volúmenes de hielo asociado a la máxima extensión aparecen en gris oscuros y los menores en gris ligero. Fuente NATURE.Nota de la RAM. Queremos agradecer al Dr. Antoni Rosell de la UAB el envío del artículo y figuras aparecidos en NATURE para ser reproducidos en esta revista digital.Investigar - El Ártico acumula hielo desde hace 2,7 millones de años, pero hasta ahora nadie había podido probar cual es el mecanismo que lo provoca. Un equipo de científicos internacional, liderado por Antoni Rosell, investigador del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (ICTA) de la UAB, y Gerald H. Haug, del Centro de Investigación de la Tierra de Postdam (Alemania), ha descubierto el mecanismo que originó esta acumulación de hielo.Hace unos 2,7 millones de años hubo un descenso súbito de las temperaturas medias del planeta, el Océano Ártico se heló, y Europa y América del Norte se cubrieron de hielo. La explicación parece evidente: el frío provocó la acumulación de hielo. Pero para que todo este hielo se acumule de forma estable y se haya mantenido hasta hoy en día no hay suficiente con un descenso de la temperatura media. Los científicos llevan años especulando sobre las causas de esta acumulación de hielo y proponiendo diferentes hipótesis.Un equipo internacional de científicos liderado por Antoni Rosell, investigador ICREA del Instituto de Ciencia y de Tecnología Ambiental de la UAB, y Gerald H. Haug, del Centro de Investigación de la Tierra de Postdam (Alemania), ha descubierto el mecanismo que originó esta acumulación de hielo. Los investigadores han trabajado principalmente con los datos existentes de los restos de organismos marinos acumulados a lo largo del tiempo y con modelos climáticos.Según la investigación, el cambio más importante de esa época fue un incremento en la diferencia entre las temperaturas veraniegas y las temperaturas invernales en unos 7 grados en tan sólo unos pocos siglos. Es decir, los veranos fueron más cálidos y los inviernos más fríos. A causa de esto, a lo largo de los meses de verano se evaporó más agua del mar hacia la atmósfera, que se tradujo en un incremento de la humedad y precipitaciones en forma de nieve. En invierno, el fuerte descenso de las temperaturas facilitó la acumulación de hielo.Pero, ¿qué provocó esta diferencia de temperaturas? Los investigadores han obtenido las primeras evidencias de que el origen de esta diferencia fue la estratificación del agua del océano, provocada por un incremento súbito en las cantidades de agua dulce. Esto implica que el agua se mezcló menos que antes, que formaba capas de diferentes densidades en diferentes estratos, a diferentes profundidades. En el comienzo de la primavera, las capas más superficiales empezaban a calentarse y, como el agua no se mezclaba, acumulaban más calor y había más evaporación. En los meses de verano el efecto se autoamplificaba, ya que a más calor también hay más estratificación. En invierno, en cambio, el agua se volvía a mezclar y las temperaturas bajaban más que antes.Los autores de la investigación han podido reconstruir el comportamiento estacional de las temperaturas del Pacífico Norte mediante una reinterpretación de los datos obtenidos a partir de los análisis de restos de organismos marinos, y con la validación de este comportamiento mediante un modelo climático. Esto ha permitido demostrar el papel del océano, por medio de su temperatura superficial y amplitud estacional, y de la evaporación del agua del mar, para provocar grandes cambios climáticos en general y la intensificación de los ciclos glaciales y el enfriamiento de la Tierra en particular.Para Antoni Rosell, "la investigación permite entender mejor porqué cambia el clima, concretamente el papel del océano como agente en el cambio climático. Esta información mejorará los modelos climáticos para predecir la evolución futura del clima actual."Más información:Antoni RosellInstituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (ICTA)Universitat Autónoma de BarcelonaTel. +34 93 581 3583A/e. [email protected] UAB:http://www.uab.es/servlet/Satellite?cid=1099409749848&pagename=UAB%2FPage%2FTemplatePlanaAgendaNoticias1&c=Page¬iciaid=1096477109910Más informaciónhttp://www.elmundo.esEl Océano Ártico es una acumulación de hielo que se formó hace unos 2,7 millones de años, pero hasta ahora, los científicos no habían logrado explicar cómo se congeló el casquete polar. Lo ha hecho ahora un equipo de investigadores del que forma parte el español Antoni Rosell, del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (ICREA) de la UAB, que estima que la causa está en el contraste térmico estacional entre otoños más cálidos e inviernos más fríos que provocó la estratificación del agua oceánica a causa de un repentino incremento de las cantidades de agua dulce.Los resultados de la investigación, que esta semana publica la revista 'Nature', son fruto de "diez años de trabajo" de un grupo internacional de científicos, en el que participa desde su inicio el investigador Antoni Rosell, del Instituto de Ciencia y de Tecnología Ambientales (ICTA) de la UAB, aseguran que "el cambio más importante de aquella época" fue que los veranos se hicieron más cálidos y los inviernos más fríos, un cambio de temperatura de unos 7 grados centígrados en sólo unos siglos.Esta diferencia térmica provocó que en los meses estivales se evaporara más agua del mar a la atmósfera, produciendo un aumento de la humedad y de las precipitaciones en forma de nieve que, con los fuertes descensos de la temperatura en invierno, facilitaron la acumulación de hielo.El equipo de Rosell ha obtenido las primeras evidencias de que el origen de esta diferencia de temperaturas estuvo en la estratificación del agua del océano, provocada por un incremento súbito de la cantidad de agua dulce. Esto implica que el agua se mezcló menos que antes, que formaba capas de diferentes densidades en diferentes estratos y a diferentes profundidades.Al inicio de la primavera, las capas más superficiales comenzaban a calentarse, con lo que el agua no se mezclaba, acumulaba más calor y había una mayor evaporación. En los meses de verano el efecto se autoamplificaba, ya que a mayor calor se produce una mayor estratificación. En invierno, en cambio, el agua se volvía a mezclar y las temperaturas bajaban más de lo que lo hacían con anterioridad.Los autores de la investigación han podido reconstruir el comportamiento estacional de las temperaturas del Ártico "mediante una reinterpretación de los datos obtenidos a partir del análisis de restos de organismos marinos, y con la validación de este comportamiento mediante un modelo climático".Un antiguo barco petrolero actualmente destinado a la investigación fue el encargado de obtener en el Pacífico norte una muestra de sedimentos a dos o tres kilómetros de profundidad y a unos 100 metros por debajo del fondo marino, de forma que cada capa de sedimentos se corresponde con una época y temperatura marítima determinada.En esta muestra de sedimentos, formada por una columna de unos diez centímetros de diámetro, se encontraron restos de plancton de la superficie marina y restos de tierra continental depositada por los icebergs hace unos dos millones de años, lo que evidencia las frías temperaturas y la importante presencia de bloques de hielo en aquella época.La influencia de los océanos en el cambio climáticoEsta investigación ha permitido demostrar, según Rosell, "el papel del océano, por medio de su temperatura superficial y amplitud estacional, y de la evaporación del agua de mar, para provocar grandes cambios climáticos en general y la intensificación de los ciclos glaciales y el enfriamiento de la Tierra en particular".En este sentido, Rosell aseguró a elmundo.es que seguirán trabajando en investigaciones similares a la del Ártico pero también centradas en las temperaturas de la Península Ibérica. "De momento, hemos podido reconstruir lo que ha pasado, pero no sabemos lo que sucederá en el futuro", aunque señaló que "desde el punto de vista de la salud del planeta, los actuales cambios climáticos no son dramáticos, sino sólo una pequeña perturbación, lo que no significa que no haya que preocuparse".El investigador recordó que "se habla de calentamiento global, pero el planeta desde hace años tiende a enfriarse y ya hemos estado en temperaturas más cálidas", y ha añadió que los que sí están cambiando son "los factores que cambian el clima", que ahora en su mayoría son fruto de la acción humana, como el aumento de CO2.Rosell afirmó también que "tarde o temprano se producirá una nueva glaciación", posiblemente "dentro de 10.000 ó 50.000 años", aunque reconoció que este tema, principal preocupación de los científicos en los años 60 y 70, ha sido sustituido ahora por el del calentamiento global.En este sentido, el científico del ICTA explicó que "la acción humana está retrasando" esa glaciación porque "al aumentar el CO2 en la atmósfera, estamos ralentizando el enfriamiento que debería producirse por motivos naturales", además de incidir en que "si miramos otros periodos no glaciares como el nuestro, vemos que son relativamente cortos, por lo que nuestro periodo cálido debería estar ya acabando".
Esta entrada se publicó en Noticias en 14 Abr 2005 por Francisco Martín León
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