La 'mancha fría' del Atlántico está ganando extensión: cómo puede cambiar el tiempo de Europa este invierno
Las aguas cálidas del océano Atlántico central y subtropical contrastarán especialmente con esta masa de agua fría presente al sur de Groenlandia, pudiendo influir en la circulación zonal y en el carácter del invierno 2026-2027 en Europa.

En los últimos días se ha producido un cambio importante en la circulación atmosférica en Europa, poniendo fin a los episodios de lluvias torrenciales en el Mediterráneo y que traerá algunas lluvias al extremo norte. Mientras, el resto de la Península, especialmente el sur, tendrá una situación anticiclónica y estable.
Este cambio es interesante porque empieza a parecerse al patrón dominante previsto por los modelos durante este invierno: el bloqueo anticiclónico se ha disipado en el norte de Europa y la dorsal se ha retirado al sur, reforzándose el flujo zonal e intensificándose el chorro polar, que actualmente fluye entre los paralelos 45º y 55º de latitud norte.
Condiciones más favorables para el desarrollo de borrascas
Al reforzarse la circulación y aumentar el contraste térmico en latitudes medias, también se genera un caldo de cultivo perfecto para la formación y desarrollo de ciclones extratropicales. Estas borrascas se desplazan rápidamente de oeste a este por el Atlántico y terminan afectando a toda la vertiente atlántica de Europa.

En condiciones normales esta situación permite la distribución de las lluvias por el continente, especialmente en otoño e invierno. Sin embargo, una circulación anormalmente fuerte o persistente puede desencadenar fuertes temporales de viento y lluvia en Europa. En cierto modo este escenario no es nuevo. Durante los primeros meses de 2026, una circulación zonal extremadamente fuerte y relativamente baja de latitud desencadenó una sucesión de temporales de lluvia y viento que afectaron severamente a Portugal, Francia y España.
La cuestión está en analizar la probabilidad de que se pueda volver a repetir, y los modelos estacionales avisan que este próximo invierno parece, al menos, estar “dispuesto a intentarlo”. Además, esa anomalía de aguas frías presentes en el océano Atlántico norte que han ido ganando protagonismo año a año estas dos últimas décadas, podría contribuir a acentuar este escenario.
Un Atlántico subtropical muy cálido coincidiendo con un El Niño extraordinario
En este momento, lo más destacable con respecto a estos últimos años es la presencia de una gran franja de aguas con temperaturas elevadas en la superficie del Atlántico en latitudes medias y bajas. Estas anomalías cálidas se extienden desde América hasta Europa incluyendo también al Cantábrico, el Mediterráneo y el mar del Norte. Las previsiones indican que esta situación se va a mantener durante los próximos meses, condicionando el invierno en Europa.

Estas aguas cálidas aumentarán significativamente la evaporación y el contenido de humedad de las masas de aire procedentes del océano. El excepcional fenómeno de El Niño de este año está alterando ya la circulación en latitudes subtropicales y está previsto que lo haga también en latitudes medias, aumentando la intensidad de la circulación zonal en el Atlántico, por lo que la presencia de grandes ríos atmosféricos descargando precipitaciones abundantes en Europa es bastante probable a lo largo de este invierno. No obstante, hay una pieza más que todavía no está claro cómo va a encajar y que es importante.
La influencia de la mancha fría del Atlántico Norte
Tener una anomalía de temperatura en la superficie del océano del tamaño de la macha fría del Atlántico norte es muy relevante en la climatología de la zona y este año puede tener más repercusiones que en los anteriores por una sencilla razón: provocará un gran contraste térmico entre las aguas situadas al sur de Islandia y Groenlandia y las del resto del océano. Esto también se propagará a la baja atmósfera aumentando el gradiente térmico de las masas de aire que fluyan sobre el Atlántico norte, lo que constituye el “combustible” perfecto para los grandes ciclones de latitudes medias.

Este año el escenario más probable contempla un invierno templado pero húmedo y con un abundante tránsito de borrascas por el continente que, ocasionalmente, pueden ser intensas. De ahí que la situación meteorológica de este viernes y el comportamiento de la borrasca Austen sean interesante, ante la posibilidad de que constituyan el preludio de un patrón persistente este invierno.
Aún así, estas previsiones han de tomarse con cautela, sin perder de vista que un fenómeno de El Niño sin precedentes registrados en cuanto intensidad y un Atlántico con contrastes poco habituales en este momento, lo que puede complicar mucho cualquier análisis estacional.