¿Volar en un avión altera el sabor de las comidas?

La falta de humedad y la baja presión que se experimenta durante un vuelo hace que nuestra percepción por los sabores cambie y tengamos la sensación de que la comida está insípida.

Carolina Morán Carolina Morán 19 Feb 2019 - 02:10 UTC
Cabina de un avión
La atmósfera que se crea dentro de un avión afecta a nuestro sentido del gusto y del olfato.

No, no es que las aerolíneas no se esfuercen en preparar menús suculentos o la comida te sepa a cartón, estar volando a unos 10.000 metros de altura hace que la percepción del sabor se vea alterada. ¿Por qué?

La clave está en el olfato

Un estudio ya lo determinó: la falta de humedad y la menor presión del aire de la cabina hacen que nuestra mucosa nasal y receptores olfativos no funcionen correctamente y alteren, en consecuencia, nuestras papilas gustativas, lo que hace que experimentemos la sensación de no apreciar el sabor de la comida y creamos que lo que consumimos está demasiado soso -como ocurre cuando estamos resfriados-.

Una sequedad del ambiente y menor presión que se intensifica a medida que alcanzamos mayor altura, pero que, si lo unimos al zumbido constante de los motores del avión, la percepción que tenemos sobre el sabor de los alimentos se ve completamente alterada. Relación que ya se planteó en otro estudio en el que se demostró que tal percepción se ve atenuada por los ruidos de fondo y donde se concluía que el ruido disminuía entre un 15% y un 30% las propiedades dulces y saladas de los alimentos, mientras que las percepciones de sabor agrio, amargo y picante se mantenían prácticamente intactas.

Por no mencionar que varias compañías ya han incorporado hilos musicales clave para los momentos en los que sirven la comida y así incentivar la sensibilidad de las papilas gustativas mediante el estímulo indirecto de otro sentido, como el auditivo. Otras, a su vez, han optado por cambiar los platos, cubiertos y vasos de plástico ya que tampoco ayudan demasiado a que disfrutemos plenamente del sabor de la comida y/o bebida; e, incluso, algunas hacen una selección concreta de vinos, ya que los que en tierra son más afrutados, durante el vuelo “se vuelven” más ácidos y con más tanino, de ahí que se recomiende tomarse la copa al principio del trayecto, donde las papilas gustativas no se han visto todavía afectadas por la baja presión y la falta de humedad.

Comida a bordo de un avión
Las aerolíneas tienen que darle a la comida que sirven en sus vuelos un toque extra de sabor.

Aunque algo realmente curioso es el resultado que obtuvo otro estudio, en el cual se demostró que el sabor del zumo de tomate se intensificaba, razón por la cual sea una de las bebidas más consumidas en el aire que en la tierra. ¿Y por qué? Pues porque el tomate es un alimento rico en umami, el llamado quinto sabor, al cual no le afecta la altitud y, además, podría ser potenciado por el ruido de fondo, como también les ocurre a las espinacas, los champiñones y el marisco. Alimentos, por cierto, que están empezando a incorporar en los menús de los aviones para intentar realzar el sabor de sus platos sin la necesidad de añadirles más sal o condimentos.

Y en el espacio, ¿cómo sabe la comida?

Aunque nos cueste creerlo, la comida en el espacio ha avanzado mucho desde sus primeros inicios, donde estaba almacenada en tubos de aluminio -como si de pasta de dientes se tratara- o en forma de cubitos. Hoy en día, los alimentos se conservan liofilizados, con baja humedad, precocinados y/o deshidratados, como cualquier sobre de pasta, arroz, zumo o fruta deshidrata que tomamos en la Tierra, en los cuales únicamente habría que añadir agua caliente o comer directamente del sobre, manteniendo -por cierto- su sabor de manera asombrosa.

¿Entonces la gravedad cero no afecta? Por supuesto que sí, al igual que en un avión, el olfato y, por consiguiente, el sabor, se ven afectados, pero, en este caso, lo que influye es la ingravidez. Con ella, los fluidos corporales se desplazan de manera involuntaria y se concentran entre la nariz y la garganta, generando cierta mucosidad que, unida a las motas de polvo que flotan dentro de la aeronave, se genera un malestar dentro de nuestras vías nasales y alteran, en consecuencia, las papilas gustativas.

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