Una cordillera de 2.000 km guarda su historia a 40 km bajo tierra: los geólogos la han descifrado con rastros de magma
Una cordillera de más de 2.000 kilómetros conserva a 40 kilómetros de profundidad las huella de magmas de hace más de 250 millones de años que permiten reconstruir su historia

Una de las grandes cordilleras de Asia conserva bajo sus montañas las huellas de procesos geológicos ocurridos hace más de 250 millones de años. Un equipo internacional de científicos ha conseguido reconstruir parte de aquella historia profunda utilizando las señales que dejaron antiguos magmas en las rocas que hoy afloran en la superficie.
La protagonista es Tian Shan, una gigantesca cadena montañosa de más de 2.000 kilómetros que atraviesa Asia Central, principalmente por China y Kirguistán.
La historia de la cordillera está escrita en sus magmas
La clave del trabajo está en unas rocas que se formaron cuando los magmas ascendieron y se enfriaron durante las etapas antiguas de formación de la cordillera.
El estudio, publicado en Eath and Planetary Science Letters, combina miles de datos geoquímicos con observaciones geofísicas y modelos termodinámicos para reconstruir qué ocurrió en la base de la corteza terrestre hace entre 305 y 250 millones de años.
Los resultados muestran que los magmas responsables de buena parte de esta arquitectura profunda eran fundamentalmente graníticos, aunque lo más interesante es que no todos procedían de un mismo entorno geológico.
Dos partes de la corteza con historias diferentes
El primero se encuentra al norte, con unas características químicas que apuntan a un manto que había sido modificado por procesos relacionados con la subducción de una placa oceánica bajo una placa continental.
El segundo, situado hacia el sur, presenta una composición diferentes con magmas que parecen haber interactuado con materiales procedentes de una antigua corteza continental que habían sido reciclados hacia el interior de la Tierra.
High above the snow line amid the vast Tianshan Mountains, at an altitude of 3,0004,800 meters, the Xinjiang Tianshan snow lotus thrives in the extreme conditions of bitter cold, thin air and intense ultraviolet radiation. https://t.co/acJJ1pXTD9
— Massimo (@Rainmaker1973) October 5, 2026
En otras palabras, bajo una misma cordillera existen materiales que cuentan historias geológicas distintas.
Los científicos han visto la corteza a 40 kilómetros de profundidad
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que las diferencias detectadas en las rocas de superficie también aparecen en las observaciones realizadas sobre la estructura profunda de la cordillera.

Los investigadores compararon los resultados geoquímicos con anomalías gravitatorias y velocidades de las ondas sísmicas, permitiendo inferir cómo cambia la composición y densidad de las rocas a grandes profundidades.
Los resultados apuntan a diferencias en la corteza inferior situada aproximadamente entre 35 y 45 kilómetros de profundidad.
El magma dejó una especie de huella dactilar
Cuando un magma se acumula en la base de la corteza y evoluciona, no todo el material termina formando las rocas que vemos hoy en la superficie, sino que durante su diferenciación se generan también una gran cantidad de residuos minerales. El equipo investigador, utilizó modelos termodinámicos para simular cómo se comportaron los magmas y qué minerales quedaron como resultado de esos procesos.
La conclusión es que los dos grandes dominios identificados en Tian Shan produjeron residuos muy diferentes. En el sector meridional, la incorporación de materiales continentales reciclados favoreció una corteza inferior relativamente menos densa, con minerales más ligeros como la plagioclasa. En cambio, el dominio septentrional conserva una corteza inferior más densa, donde predominan minerales como el clinopiroxeno y el granate.
Referencia de la noticia
Huang, He; Gómez-Frutos, Daniel; Yin, Jiyuan et al. (2026). Linking deep-time magmatism to present-day lithospheric architecture through integrating geochemical mapping, geophysical observation, and phase equilibrium modeling.