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La supercámara de la Guerra Fría que se usó para cazar rayos

Desde 2006 y hasta su fallecimiento, elstormchaser Tim Samaras anduvo detrás de un objetivo casi imposible: grabar el punto exacto donde se forma un rayo. Adaptó y trabajó con una cámara especial de 725kg y 1,80m de altura, que se usó para filmar pruebas nucleares.

Joan Boscà Joan Boscà 18 Ago 2018 - 09:42 UTC
La Supercámara viajaba dentro de un remolque a medida, enganchada a la camioneta del Team Twistex. Foto de Carsten Peter.

Por nuestro trabajo y los objetivos de nuestra empresa, bien sabemos lo difícil que es captar un rayo a cámara superlenta. Estos se producen en menos de una décima de milésima, y suelen durar menos de quinientas. Tim Samaras, uno de los grandes hitos de los cazatormentas de la historia, se propuso un objetivo muchísimo más difícil, tan difícil que falleció sin poder conseguirlo, pero evidentemente nunca cedió en el empeño de hacer miles y miles de kilómetros, financiados por National Geographic, para conseguir algo que nadie ha logrado a día de hoy: captar las milésimas donde se forma un rayo.

Por nuestra experiencia cazando rayos sabemos dos cosas: la primera que las descargas descendentes (las que se producen antes de producirse el rayo visual) las origina una pequeña explosión, la segunda, que éstas son más fáciles de grabar en tormentas nocturnas y marítimas. No sé si Tim llegó a saber esto último, imagino que sí. Él por supuesto también contaba con dos cámaras Phantom (la que utilizamos para la captura a cámara superlenta). Pero ni este tipo de cámaras tan especiales sirven para capturar el momento donde nace el rayo, debido a la rapidez con que sucede y al deslumbramiento que esa explosión de luz provoca y que ciega a la cámara.

Samaras estudiaba las explosiones convencionales con una cámara especial y el día que iban a subastarla, la adquirió por 600 dólares. La bautizó como la “Kahuna” y le realizó varias adaptaciones para poder captar los rayos: sustituyó la película por sensores digitales de gran sensibilidad, le añadió circuitos electrónicos para mejorar su funcionamiento interno, y creó un software a medida para pasar y guardar los datos en una computadora lo más rápido posible.

La cámara más complicada de la historia, que ha intentado capturar un rayo

El nombre original de la misma era “Beckman & Whitley 192”, llevaba un espejo de tres caras montado en una turbina accionada por aire comprimido o helio que le permitía alcanzar velocidades de 6000 revoluciones por segundo y captar 1,4 millones de imágenes por segundo (nosotros captamos unas 7000). Internamente una matriz de 32 sensores CCD recibían la luz exterior y mediante fibra óptica todos los datos eran enviados a un ordenador.

Sin embargo, una cámara tan grande, antigua y que no se había diseñado para tal propósito comportaba unas grandes dificultades: su altura y su peso dificultaban su maniobrabilidad, por lo que había que desplazarla siempre con un remolque del que no se podía sacar; la turbina necesitaba al menos diez segundos para coger la velocidad de rotación necesaria y disparar a un rayo, cuando sabemos que estos se producen en un chispazo; no podía estar más de un minuto con la turbina al máximo para dispararse por peligro de recalentamiento y, lo peor de todo, cada captura requería 20 minutos para pasarse a la computadora (con la Phantom solemos tardar unos 3 o 4), durante estos 20 minutos, no se pueden grabar nuevos rayos ni apagar la transmisión de datos.

Pese a ser reacio a ello en años anteriores, Tim aceptó en 2012 intentar capturar un rayo atraído artificialmente en el Laboratorio Langmuir de Investigación Atmosférica en Nuevo México, sin embargo, la anticipación a un rayo por parte del laboratorio era de cinco segundos como máximo, la Kahuna necesitaba el doble de tiempo para estar preparada para capturarlo. Para la temporada 2013, planeaba introducir varias mejoras en su modelo para mejorar su rapidez traspasando datos y su maniobrabilidad instalando un periscopio. Pero sólo durante unas pocas semanas pudo testear el sistema. Tim falleció en el tornado más ancho de la historia, el EF3 de El Reno el 31 de mayo de 2013, junto a su hijo Paul y su amigo y compañero de trabajo en el “Team Twistex” Carl Young. Sin él, el origen de los rayos, seguirá siendo un misterio para la raza humana.

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