Un rover descubre marcas ocultas que no se habían visto en 4500 años en un conducto de la Gran Pirámide de Guiza

Una investigación pormenorizada revela cómo los sistemas de precisión desvelaron los secretos constructivos de la edificación del faraón Keops tras milenios de absoluto aislamiento.

El robot Pyramid Rover exploró los conductos ocultos de la Gran Pirámide de Guiza en una misión tecnológica sin precedentes. La expedición reveló marcas antiguas de canteros en pasajes sellados desde hace más de 4.000 años.
El robot Pyramid Rover exploró los conductos ocultos de la Gran Pirámide de Guiza en una misión tecnológica sin precedentes. La expedición reveló marcas antiguas de canteros en pasajes sellados desde hace más de 4.000 años.

En el año 2002, una investigación realizada por National Geographic TV se enfrentó al reto de descifrar los pasajes más inaccesibles de la Gran Pirámide de Guiza. La operación combinó la divulgación en directo con la ingeniería de vanguardia de entonces para inspeccionar una sala llamada la Cámara de la Reina. La inspección se realizó a través de un misterioso conducto, no mucho más ancho que un perro salchicha, que asciende en diagonal hacia la oscuridad.

Dicho conducto fue descubierto por un ingeniero británico en 1872, junto con un pasaje similar en el lado opuesto de la sala. Ambos conductos, el del sur y el del norte, habían sido tapiados con ladrillos, y ninguno parecía atravesar la pirámide por completo, ya que no había aberturas en el exterior.

¿Qué es el Pyramid Rover?
Es un dispositivo robótico compacto, de unos 12 centímetros de altura, dotado con cámaras de fibra óptica y un sistema de perforación. Su diseño permitió desplazarse por los conductos angostos de la Cámara de la Reina en la Gran Pirámide de Guiza.

En septiembre de 2002, el robot lideró una operación de alcance internacional, emitida en directo a todo el mundo, con el objetivo de arrojar luz sobre uno de los grandes enigmas de la arqueología.

La inspección requería una alternativa mecánica compacta y capaz de superar algunos desniveles extremos sin dañar la estructura arqueológica. Así surgió el Pyramid Rover, un robot móvil multifuncional con orugas para agarrarse tanto al suelo como al techo. Los investigadores se trasladaron al emplazamiento con toneladas de componentes y herramientas de precisión, logrando adaptar los sistemas de tracción a las irregularidades del relieve de roca.

El origen del Pyramid Rover y las misiones en Guiza

La planificación técnica de este dispositivo articulado se gestionó de forma conjunta con una firma especializada en robótica: la empresa iRobot. Los componentes principales se transportaron en doce equipajes específicos que contenían perfiles metálicos y maquinaria de mecanizado. En pleno verano, los operarios montaron un taller donde, si era necesario, fabricaban piezas de recambio todas las noches.

El vehículo Pyramid Rover poseía bandas de rodadura capaces de ejercer presión simultánea en el pavimento y la techumbre del canal. Cuando ciertos tramos del pozo presentaron irregularidades que impedían el paso del rover, el equipo ideó e incorporó un sistema para desplegar pequeñas rampas. Más adelante, a unos 64 metros de profundidad, una losa de piedra caliza bloqueó su avance, por lo que los ingenieros lo dotaron de un taladro capaz de abrir un estrecho orificio de exploración.

Obstáculos a 64 metros y perforación con el Pyramid Rover

A alcanzar una distancia exacta de 64 metros desde el inicio del recorrido, una barrera de roca calcárea detuvo la progresión del Pyramid Rover. La solución consistió en acoplar una broca rotativa para realizar una apertura milimétrica en el bloque de cierre. A través de ese orificio, el equipo introdujo una cámara de fibra óptica provista de filamentos de vidrio para registrar el espacio interior.

El robot Pyramid Rover perforó los bloques de la Gran Pirámide de Guiza para revelar secretos ocultos tras 4.500 años. Esta histórica exploración arqueológica en la Cámara de la Reina desveló marcas de cantería inéditas mediante micro-robótica de precisión.
El robot Pyramid Rover perforó los bloques de la Gran Pirámide de Guiza para revelar secretos ocultos tras 4.500 años. Esta histórica exploración arqueológica en la Cámara de la Reina desveló marcas de cantería inéditas mediante micro-robótica de precisión.

La transmisión en tiempo real mostró una cavidad desprovista de objetos ceremoniales o restos humanos visibles. Aunque el propósito arquitectónico del canal continuó generando debates científicos, la operación demostró la viabilidad de la micro-robótica en los entornos confinados.

Los datos obtenidos transformaron los métodos de análisis arqueológico empleados hasta el momento en Guiza.

Marcas de cantería descubiertas en la Gran Pirámide

El principal valor del análisis radicó en los elementos cromáticos impresos en las paredes internas del último tramo. El instrumental óptico captó marcas de canteros en ocre rojo que datan de la época de la construcción de la pirámide. Y es que los análisis posteriores vincularon directamente estos trazos con la fase de edificación del monumento funerario.

“Fuimos las primeras personas en 4.500 años en ver esos pigmentos rojos”, ha señalado Christian Weagle, un ingeniero conocido principalmente por su trabajo como ingeniero de diseño en iRobot.

El hallazgo constató que los pasajes, descubiertos originalmente en 1872 por un profesional de la ingeniería de origen británico, custodiaban algunos de los testimonios más directos de los grandes desafíos logísticos de la época faraónica.

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