La pesadilla del polen en Japón: el error histórico de los años 50 que ha condenado al país a una epidemia de alergias
Cada primavera, millones de japoneses viven atrapados entre estornudos, mascarillas y medicamentos. Detrás de esta crisis alérgica masiva hay una decisión forestal tomada tras la Segunda Guerra Mundial que se ha visto agravada por el actual cambio climático.

Cada primavera, millones de japoneses salen a la calle con mascarillas, gafas protectoras y medicamentos antihistamínicos en el bolsillo, algo que llama mucho la atención a los turistas y extranjeros.
Y lo que hoy parece una crisis sanitaria inevitable comenzó, en realidad, hace más de siete décadas, cuando Japón tomó una decisión forestal destinada a reconstruir el país tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial.
Aquel plan de reforestación masiva, concebido para recuperar montañas erosionadas y garantizar suministro de madera, terminó creando uno de los mayores problemas de salud pública del Japón moderno: una epidemia nacional de alergias al polen.
El origen del problema: reconstruir rápido, plantar más rápido
Tras la guerra, buena parte de los bosques japoneses habían desaparecido, y la madera había sido utilizada intensamente como combustible o material de construcción. Durante los años de escasez energética, se produjo una destrucción de laderas boscosas cercanas a ciudades como Tokio, Osaka o Kobe, que quedaron prácticamente desnudas, aumentando el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra.
El árbol nacional de Japón es el sugi o cedro japonés. En la pequeña isla de Yakushima, el lugar más húmedo del país, se encuentran sus bosques más espectaculares, con ejemplares que sobrepasan los mil años pic.twitter.com/6SGMBgwxld
Viaje al Patrimonio (@viajepatrimonio) February 19, 2018
Para acelerar la recuperación forestal, el Gobierno impulsó una estrategia simple y eficiente: plantar especies de crecimiento rápido capaces de regenerar el paisaje en poco tiempo.
Las especies elegidas fueron el cedro japonés (sugi) y el ciprés japonés (hinoki), dos árboles resistentes, perennes y especialmente útiles para la industria maderera.
El plan funcionó, ya que Japón recuperó cobertura forestal en tiempo récord. Pero décadas después, apareció una consecuencia inesperada de la mano de las enormes cantidades de polen que producen dichos árboles, concentraciones capaces de viajar cientos de kilómetros impulsado por el viento.
Una crisis nacional de salud pública
Hoy, aproximadamente una quinta parte del territorio japonés está cubierta por plantaciones de sugi e hinoki con el problema de que la mayoría de estos árboles alcanzó su madurez al mismo tiempo y, a partir de los 30 años, comienzan a liberar volúmenes masivos de polen cada primavera.

El resultado es una de las tasas de alergia estacional más altas del planeta. Se calcula que más del 40% de la población japonesa sufre síntomas moderados o graves de rinitis alérgica, una cifra muy superior a la registrada en muchos países occidentales.
El cambio climático empeora la situación
La crisis del polen en Japón ya no depende únicamente de los árboles porque entra en juego el calentamiento global que está amplificando el problema en las últimas décadas.
Las temperaturas más suaves durante el invierno y la llegada temprana de la primavera están adelantando la temporada de polinización. Además, el aumento del dióxido de carbono en la atmósfera favorece que muchas plantas produzcan aún más polen que décadas atrás.

En algunas regiones japonesas, las autoridades meteorológicas han detectado temporadas cada vez más largas e intensas con episodios virales recientes mostraron auténticas “nubes” de polen elevándose desde los bosques, una imagen que resume visualmente la magnitud del fenómeno.
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