Unos astrónomos neerlandeses revelan cómo la gravedad de la Luna mantuvo a la Tierra hirviendo para crear vida

La Tierra primitiva, cubierta por magma y sometida a una Luna mucho más cercana, habría mantenido su superficie fundida durante cientos de millones de años, según un nuevo estudio.

La Tierra pudo permanecer cubierta por océanos de magma más de 500 millones de años por la influencia de una joven Luna mucho más cercana que en la actualidad.
La Tierra pudo permanecer cubierta por océanos de magma más de 500 millones de años por la influencia de una joven Luna mucho más cercana que en la actualidad.

Hace alrededor de 4.500 millones de años, el aspecto de la Tierra no guardaba ninguna relación con el planeta en el que vivimos actualmente. La superficie terrestre estaba dominada por extensos mares de roca fundida, mientras una atmósfera espesa y cargada de gases envolvía el mundo recién formado. En el cielo, una Luna nacida poco antes ocupaba una distancia mucho menor que la que mantiene hoy en día.

El equilibrio radiativo es el balance entre la energía que un cuerpo (o planeta) recibe desde una fuente externa y la cantidad de energía que emite al espacio. Cuando ambos flujos coinciden, la temperatura del cuerpo permanece constante.

Durante décadas, buena parte de la comunidad científica consideró que aquel episodio de magma generalizado tuvo una duración relativamente limitada. Sin embargo, una investigación difundida en arXiv y realizada por especialistas del Instituto Astronómico Kapteyn (Países Bajos), plantea un escenario muy distinto: la fase fundida terrestre pudo mantenerse durante más de 500 millones de años bajo determinadas condiciones físicas y químicas.

La Tierra fundida y la influencia de una Luna muy cercana

La principal explicación propuesta por los investigadores se encuentra en la interacción gravitatoria entre la Tierra y la Luna en sus primeros tiempos. Al encontrarse a una distancia mucho menor que la actual, el satélite ejercía una atracción extremadamente intensa sobre el interior del planeta.

Ese efecto provocaba deformaciones continuas en las capas internas terrestres. El resultado era una producción constante de calor, un mecanismo conocido como calentamiento por mareas. La energía generada ayudaba a evitar que los océanos de magma perdieran temperatura con rapidez.

Aunque la solidificación era inevitable a largo plazo, este aporte energético actuaba como un freno persistente al enfriamiento. Según el estudio, la contribución lunar fue uno de los elementos que permitió prolongar durante millones de años un estado que, de otro modo, habría terminado mucho antes.

La atmósfera que atrapaba el calor de la Tierra

A la acción gravitatoria se sumaba otro factor decisivo. El magma liberaba enormes cantidades de gases y vapor, creando una envoltura atmosférica muy densa alrededor del planeta. Esa capa impedía que el calor escapara con facilidad al espacio.

Un inmenso océano de magma cubre la Tierra primitiva bajo una Luna mucho más cercana y masiva. La intensa gravedad lunar y una densa atmósfera de gases retrasaron el enfriamiento del planeta durante millones de años.
Un inmenso océano de magma cubre la Tierra primitiva bajo una Luna mucho más cercana y masiva. La intensa gravedad lunar y una densa atmósfera de gases retrasaron el enfriamiento del planeta durante millones de años.

Los autores de la investigación analizaron esta evolución mediante PROTEUS, un modelo diseñado para estudiar la transformación de planetas jóvenes. Las simulaciones demuestran que la Tierra atravesó etapas en las que la energía emitida al espacio era prácticamente equivalente a la generada en el interior.

Cuando se alcanzaba ese equilibrio radiativo, el proceso de enfriamiento quedaba prácticamente detenido. Los cálculos indican que estos periodos pudieron extenderse desde apenas 2 millones de años hasta alrededor 320 millones de años, dependiendo de las condiciones presentes en cada fase.

Tierra fundida, química del manto y origen de la vida

La duración de estos episodios dependía en gran medida de la denominada fugacidad de oxígeno, un parámetro que refleja determinadas características químicas del manto terrestre. Un interior más oxidante favorecía la retención de agua durante más tiempo antes de liberarla como vapor.

Cuando esa liberación se producía en las etapas finales de cristalización, la atmósfera se volvía todavía más espesa. El efecto invernadero aumentaba y la superficie conservaba temperaturas elevadas durante un periodo considerablemente más largo.

Los investigadores sostienen además que este escenario pudo favorecer la acumulación de compuestos prebióticos. Entre ellos destaca el cianuro de hidrógeno (HCN), una molécula considerada por numerosos astrobiólogos como una pieza relevante en la formación temprana de ARN y proteínas.

De confirmarse esta hipótesis, los prolongados océanos de magma, además de marcar la juventud del planeta, también pudieron crear las condiciones químicas que precedieron a la aparición de la vida en la Tierra.

Referencia de la noticia

Onset of habitable conditions on the Hadean Earth set by feedback between tides and greenhouse forcing
Marijn R. van Dijk, Harrison Nicholls, Tim Lichtenberg

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