Riesgo extremo de aludes en las cordilleras españolas: los expertos aclaran por qué es peligroso esquiar fuera de pistas

En estos próximos días el riesgo de aludes seguirá siendo muy elevado en las principales cordilleras de la España peninsular: cómo se producen y por que el peligro se dispara fuera de las pistas de esquí.

Un alud o avalancha es el desplazamiento ladera abajo de una importante porción de nieve o manto nival, que puede incorporar parte del sustrato y de la cobertura vegetal de la pendiente. El riesgo de aludes ha existido a lo largo de la historia, y en Europa lo han sufrido más recurrentemente los pueblos de montaña de los Alpes y del Pirineo.

Aunque los aludes están presentes en distintas cordilleras ibéricas, es en el Pirineo de Huesca, Lleida y Girona y también en ciertos sectores los Picos de Europa donde se registran con más frecuencia y donde han tenido históricamente un mayor impacto social y económico. De esto se habló en las XVI Jornadas de Meteorología y Prensa en la estación de Formigal-Panticosa organizadas por Aramón, en las que participó Meteored.

¿Por qué se producen los aludes?

Son diversos los factores en la incidencia de la ocurrencia de aludes: el espesor, la estructura y composición del manto nivoso; la inclinación y forma de las laderas; la existencia o no de vegetación en el suelo y las condiciones meteorológicas, son los más destacados.

Los aludes se dividen morfológicamente en tres partes: zona de salida, zona de trayectoria y zona de depósito. Son varios los factores que influyen en su desencadenamiento, desde las condiciones del manto nivoso hasta las meteorológicas.

La zona de salida es la parte del terreno donde se inicia el alud y se produce una aceleración significativa de la masa de nieve, pero es en la zona de trayecto donde el alud alcanza la máxima velocidad y se producen las incorporaciones o pérdidas de nieve tanto del fondo como de los laterales. La zona de depósito es donde el alud se detiene y se deposita la nieve movilizada.

Los tipo de aludes

Existen tres tipos de aludes, y el practicante de esquí de montaña debe conocer y saber reconocer las condiciones que pueden llevar a desencadenarlos, sobre todo fuera de las pistas de esquí, donde el riesgo se dispara, especialmente tras abundantes nevadas o con importantes cambios de temperatura, que impide la estabilización del manto nivoso.

  • Aludes de placa, causantes del 90 % de las víctimas de esquí de travesía
  • De fusión o de nieve húmeda
  • De nieve polvo, poco frecuentes en el Pirineo

Todo esquiador de montaña debería ser experto en nivología y aludes, puesto que de sus conocimientos y de la adecuada toma de decisiones sobre el terreno puede depender su vida.

Mucha información se adquiere prestando atención y con la experiencia, y por eso en la montaña no se debe perder ninguna oportunidad para aprender y poner atención al color, textura y sonido de la nieve, especialmente cuando el riesgo de alud es muy alto o extremo como en estos días.

Aludes de placa

Los aludes de placa se producen por rotura de una placa, desencadenada por una persona o por algún o varios miembros del grupo. Ocurren más frecuentemente en invierno y preferentemente en laderas norte, que no ven el sol durante semanas, donde la nieve no se transforma, tardando más tiempo en estabilizarse. Las laderas de orientación este son las segundas en peligro, pues en invierno solo ven el sol al alba, cuando el día es más frío y apenas se transforma la nieve.

Las placas de viento son superficies de nieve conectadas entre sí que forman una capa con adherencia precaria sobre la base inferior. Suelen formarse tras nevadas con viento, aunque también se pueden formar en días de viento, incluso si no nevado días antes, arrastrando la nieve de la ladera expuesta al viento, a la ladera contraria o ladera a sotavento.

La inclinación de la pendiente es el factor más importante: el riesgo aumenta especialmente a partir de los 27º de inclinación y el rango más peligroso es entre 30º a 45º. Por encima de dicha inclinación, la nieve no suele acumularse.

Las convexidades del terreno son zonas favorables a la ruptura de placas, porque en ellas las fuerzas de tracción superan con más facilidad a las fuerzas de resistencia a la cizalladura y, por eso, se debe tener mucha precaución en zonas de cambio de pendiente.

Una placa aguanta quieta sobre una ladera inclinada al mantener un equilibrio entre sus fuerzas de tracción y de resistencia. Este equilibrio puede romperse cuando soporta una sobrecarga como puede ser una nueva nevada, pero especialmente ante el paso de una o varias personas agrupadas.

De ahí, la importancia en guardar la distancia de seguridad mínima de 10 metros entre los miembros de un grupo a la hora de cruzar o descender una ladera potencial de avalanchas.

Aludes de fusión o nieve húmeda

En primavera, la orientación de la ladera es muy importante para esquiar en una mejor nieve y evitar los aludes de fusión o de nieve húmeda, que ocurren cuando el sol alto de primavera y el calor humedecen la nieve, aumentando su peso haciéndola deslizar ladera abajo, especialmente en laderas con inclinación fuerte. Por eso, es recomendable madrugar mucho para esquiar en esta época.

Un lugar donde podemos favorecer un alud espontáneo de fusión o de nieve húmeda es recorriendo un corredor largo o una canal en un día de calor. Debemos evitar los corredores tras grandes nevadas o en días de aumento de temperaturas o lluvia. Las cornisas situadas en la salida del corredor son como esponjas y podrán caer al humedecerse al sol.

La lluvia también produce de forma casi instantánea, aludes de nieve húmeda. Percola y rompe los anclajes de la nieve, haciéndola aumentar de peso y lanzándola ladera abajo. Tras retirarse la lluvia, la primera noche estrellada helará toda esa nieve fundida, estabilizándola por completo.

Normas de actuación si te atrapa un alud. Fuente: Dirección General de Protección Civil y Emergencias
Normas de actuación si te atrapa un alud. Fuente: Dirección General de Protección Civil y Emergencias

La nieve transformada y humedecida durante el día por el calor en las laderas al sol o por la lluvia en todas las orientaciones se helará durante las noches despejadas, estabilizándose para la mañana siguiente. Sin embargo, tras una noche de mucha cobertura nubosa, la nieve amanecerá húmeda, pesada y más propensa a desencadenar aludes de nieve húmeda.

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