Los expertos en meteorología y climatología advierten: no todas las lluvias sirven para acabar con la sequía
Cuando llegan lluvias intensas tras meses secos, muchos piensan que la sequía ha terminado. Sin embargo, los meteorólogos advierten que el problema es más complejo de lo que parece a simple vista.

Cuando después de meses sin apenas precipitaciones llega un episodio de lluvias intensas, es habitual pensar que la sequía ha terminado, ya que los embalses comienzan a recuperar su nivel, los campos vuelven a humedecerse y los ríos aumentan su caudal.
Sin embargo, los expertos en meteorología y climatología advierten que la relación entre lluvia y sequía no es tan simple como parece. En realidad, que llueva mucho durante unos días no siempre significa que el problema del agua haya desaparecido. Para que una sequía termine de verdad, deben cumplirse varias condiciones, y muchas de ellas dependen de factores que van más allá de una simple borrasca.
No todas las lluvias sirven para acabar con la sequía
Uno de los aspectos clave es la distribución temporal de las precipitaciones, ya que una tormenta muy intensa puede dejar en pocas horas la misma cantidad de agua que normalmente cae en varias semanas, pero eso no garantiza que se resuelva el déficit hídrico.
Após inverno de chuva, a península ibérica ficou verde. pic.twitter.com/1WHVSOaUbX
— Alexandre Marta (@AlexandreVCT) March 4, 2026
Los expertos señalan que lo realmente eficaz para revertir una sequía es que las lluvias se produzcan de forma prolongada y regular durante semanas o incluso meses, que es lo que ha pasado precisamente en la Península Ibérica o en el norte de Marruecos en este comienzo de 2026.
De hecho, algunos análisis indican que una o dos semanas de lluvia intensa apenas logran recuperar el nivel de los embalses, mientras que para una recuperación significativa pueden ser necesarios entre uno y dos meses de precipitaciones continuadas.
El papel del suelo: primero absorbe, después recarga
Tras largos periodos secos, la tierra actúa como una esponja que necesita empaparse antes de que el agua llegue a ríos o embalses.
Cómo la cobertura vegetal protege los suelos en pendientes al reducir la escorrentía, evitar la pérdida de suelo fértil y mejorar la infiltración del agua. pic.twitter.com/qDOxdUqp80
— Francisco Gómez de Tejada | arquitecto (@gomezdetejada) January 28, 2026
Esto significa que las primeras lluvias sirven principalmente para recuperar la humedad del suelo, pero no necesariamente para aumentar las reservas de agua. En muchas zonas afectadas por sequía, el agua caída durante los primeros episodios de lluvia apenas genera escorrentía hacia los ríos o embalses.
Solo cuando el terreno ya está saturado comienzan a producirse aportes significativos a los sistemas hídricos.
Lo que pasa cuando llueve demasiado rápido y fuerte
Paradójicamente, las lluvias torrenciales tampoco son siempre la mejor solución. Cuando el agua cae de forma muy intensa en poco tiempo, el suelo puede volverse parcialmente impermeable y gran parte del agua termina escurriendo rápidamente hacia el mar o provocando inundaciones.
Algunos expertos resumen esta situación con una frase sencilla: “llueve mucho, pero no llueve bien”. Este tipo de precipitaciones fuertes pueden aliviar momentáneamente la situación, pero no garantizan una recuperación duradera de los recursos hídricos y es por ello, que la lluvia más espera, es la lluvia de buen caer.
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