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Hay ingredientes para una temporada de huracanes 2020 muy activa

El 1 de junio dará comienzo la nueva temporada de huracanes en el Atlántico Norte y la primera pregunta que surge es si tendremos una temporada activa o no. Según avanza la primavera, las primeras previsiones empiezan a sacar a la luz información que puede ser interesante.

Ojo huracán
Para que un huracán alcance su máximo grado de desarrollo, no sólo hace falta un océano cálido. La cizalladura también debe ser muy débil.

Un ciclón tropical es un sistema de bajas presiones generado en un entorno barotrópico, es decir, una región en la que apenas hay contraste de masas de aire en el plano horizontal, algo frecuente en bajas latitudes. Todo lo contrario de lo que sucede en latitudes medias, donde el encuentro de masas de aire tropical y polar crea intensos gradientes de temperatura y presión. Los ciclones tropicales, por tanto, no dependen de estos contrastes y se nutren de la energía que les aporta un océano templado, la cual se libera a partir del calor latente de evaporación producido por la condensación en el seno de fuertes corrientes convectivas.

El grupo de meteorología tropical de la CSU espera un total de 16 tormentas tropicales con nombre, 8 huracanes y 4 huracanes importantes. Amplía la información.

Los ciclones tropicales no sólo necesitan un océano cálido sobre el que formarse, también se precisa de una masa de aire húmedo sobre él, de una cizalladura muy escasa y además de un precursor, es decir, una onda o baja aislada que se desplace por una zona con estas características. Obviamente estas condiciones no siempre se dan simultáneamente y por supuesto pueden variar de un año para otro, dando lugar a temporadas muy activas y otras que, por el contrario, no suelen destacar en cuanto al número de ciclones tropicales formados.

Para aventurarse a conocer tendencias estacionales, el fenómeno de El Niño suele ser un buen indicador. Aunque este fenómeno es conocido por afectar especialmente al Pacífico sur, tiene repercusiones a escala global. Concretamente sobre el Atlántico tiene un efecto significativo en regiones tropicales: condiciona mucho la cizalladura. Cuando el Pacífico oriental aumenta su temperatura dando lugar a condiciones de El Niño, la circulación de niveles altos de latitudes tropicales en el Atlántico Norte suele ser más intensa, por lo que la cizalladura suele ser mayor y la formación de ciclones tropicales se ve afectada, siendo poco probable.

La cizalladura puede ser inferior a la habitual en latitudes tropicales

Pero si se dan condiciones neutras o de La Niña, los vientos de niveles altos en el Atlántico disminuyen y la temporada de ciclones tropicales tiene altas probabilidades de ser más activa. Este año lo comenzamos con condiciones ligeramente positivas, sin llegar a darse un episodio de El Niño significativo, y además parece que poco a poco evoluciona a condiciones neutras, incluso algunos modelos apuntan a un ligero episodio de La Niña a lo largo del verano y otoño. Esto podría traducirse en una baja cizalladura sobre el Atlántico tropical durante la temporada de huracanes.

Por otra parte, las temperaturas de la superficie del océano están por encima del promedio para esta época del año, con anomalías positivas de hasta 1 ºC en extensas zonas del Atlántico tropical y que rebasan los 2 ºC en el Golfo de México con respecto a las medias de los últimos 30 años. Los modelos de predicción estacionales muestran además que estas anomalías persistirán durante el verano.

Con esta combinación, es bastante probable una temporada de ciclones tropicales más activa de lo normal en el Atlántico Norte, como indica la Universidad Estatal de Colorado en su predicción estacional emitida este pasado jueves. Si bien, hay que tener en cuenta que son las primeras pistas para una predicción que es muy compleja y que depende de muchos factores. Habrá que prestar atención a la evolución de estos parámetros y observar atentamente cómo comienza el verano en el Atlántico.