Mas allá de las partículas finas: por qué los medidores de calidad del aire infravaloran el peligro del humo de incendio

El humo de los incendios contiene mucho más que partículas finas con gases, compuestos tóxicos e incluso metales que se pueden escapar de los controles habituales, incrementando el riesgo para la salud humana.

La exposición a aire contaminado está aumentando en un mundo que experimenta muchos más incendios debido al cambio climático
La exposición a aire contaminado está aumentando en un mundo que experimenta muchos más incendios debido al cambio climático

La primera cifra que suele aparecer en las aplicaciones y estaciones de calidad del aire cuando un incendio forestal cubre una ciudad de humo es la concentración de PM2,5. Pero, ¿qué son estas partículas?

Las PM2,5 son finas partículas capaces de penetrar profundamente en los pulmones, por lo que se trata de un indicador fundamental a la hora de valorar la calidad del aire.

El humo de un gran incendio es una mezcla mucho más compleja, ya que contiene partículas ultrafinas, gases, compuestos orgánicos volátiles, hidrocarburos aromáticos policíclicos y, dependiendo de lo que esté ardiendo, metales tóxicos como plomo. además de otras sustancias peligrosas.

El problema no es solo cuánto humo hay, sino qué contiene

El PM2,5 es uno de los mejores indicadores disponibles para conocer la gravedad de un episodio de humo, ya que son partículas con un diámetro aerodinámico igual o inferior a 2,5 micras, unas 30 veces más pequeñas que el diámetro aproximado de un cabello humano.

La naturaleza del combustible que está ardiendo importa enormemente. Por ejemplo, no produce el mismo humo un incendio que consume exclusivamente vegetación que otro que arrasa viviendas, vehículos, cables plásticos, pinturas, muebles o aparatos electrónicos.

La EPA estadounidense define el humo de los incendios como una mezcla compleja de partículas y gases, entre ellos monóxidos de carbono, óxidos de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles e hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Por tanto, el número que aparece en un sensor no puede resumir por sí solo toda la toxicidad del humo.

Cuando el bosque se mezcla con casas, coches y aparatos electrónicos

Es aquí cuando aparece uno de los escenarios que más preocupa a los investigadores, la denominada interfaz urbano-forestal, donde las viviendas y otras construcciones se encuentran mezcladas con la vegetación. Cuando las llamas alcanzan estas zonas, dejan de quemarse únicamente árboles, arbustos y materia vegetal.

Una investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences analizó precisamente las emisiones de estos incendios, y encontró que la combustión de edificios y vehículos puede generar numerosos contaminantes peligrosos.

Mismo humo, pero consecuencias diferentes

Dos incendios pueden generar una concentración similar de PM2,5, y, sin embargo, presentar composiciones diferentes. El tipo de vegetación, la humedad del combustible, la temperatura de combustión, la fase del incendio y, sobre todo, los materiales que están ardiendo determinan qué sustancias terminan en la atmósfera.

La EPA señala que los contaminantes del humo varían en función del combustible consumido ya que en los incendios de interfaz urbano-forestal, la presencia de materiales fabricados puede añadir contaminantes peligrosos que no aparecen en las mismas proporciones en un incendio de vegetación.

¿Qué ocurre con los medidores de calidad del aire?

Los equipos profesionales utilizados por las administraciones pueden medir diferentes contaminantes. Por ejemplo en España, las redes oficiales evalúan, entre otros, PM10, PM2,5, dióxido de nitrógeno, ozono, monóxido de carbono, dióxido de azufre, plomo, benceno, arsénico, cadmio, níquel y benzo(a)pireno.

Por tanto, no se puede decir que las estaciones oficiales solo miden partículas finas, ya que el problema aparece cuando durante un incendio se interpreta un índice general del aire o la lectura de un sensor doméstico como si describiera todos los componentes del humo.

Referencia de la noticia

Astor, Maggie. (2026). What the Newest Research on Wildfire Smoke Tells Us.