Los glaciares del Pirineo se deshacen a un ritmo alarmante: el Aneto se fragmenta y otro está a punto de desaparecer
Ni siquiera una primavera con nevadas récord ha conseguido frenar el deshielo. Los científicos han descubierto cambios preocupantes que amenazan la supervivencia de los últimos glaciares pirenaicos.

Los glaciares pirenaicos atraviesan uno de sus momentos más críticos. Las últimas mediciones realizadas por científicos españoles confirman que el deshielo continúa avanzando a una velocidad preocupante, hasta el punto de que algunos de estos gigantes de hielo están perdiendo su estructura original.
La última campaña de monitorización del grupo CryoPyr, perteneciente al Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), ha revelado que el glaciar del Aneto se encuentra ya dividido en cuatro cuerpos de hielo diferenciados, mientras que el de Llardana, situado en el macizo del Posets, podría estar viviendo su último año como glaciar activo.
El Aneto pierde hasta 4,8 metros de espesor
Uno de los cambios más importantes se ha producido en el glaciar del Aneto, el mayor de los Pirineos, donde los investigadores han confirmado una nueva fragmentación bajo el Pico del Medio. Esta división se suma a la detectada en 2025 bajo el Pico de Coronas, lo que ha provocado que el glaciar quede separado en cuatro sectores cada vez más pequeños y aislados.

Las mediciones realizadas mediante drones muestran que el Aneto ha perdido una media de 2,4 metros de espesor durante el último año, aunque en determinados puntos la reducción ha alcanzado los 4,8 metros.
Sin embargo, las cifras más preocupantes se han registrado en otros sectores de la cordillera. El glaciar de Ossoue, situado en el macizo del Vignemale, ha experimentado una pérdida media de 3,1 metros, con descensos puntuales de hasta 4,9 metros. Por su parte, Monte Perdido ha perdido una media de 2,3 metros, aunque en determinadas zonas el hielo ha disminuido hasta seis metros, la mayor pérdida localizada de toda la campaña.
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— Aquí la Tierra (@aquilatierratve) November 5, 2026
El glaciar de la Maladeta tampoco escapa a esta tendencia. Según las mediciones de la Confederación Hidrográfica del Ebro, ha registrado una reducción media de 2,3 metros de espesor.
Un glaciar del Pirineo podría estar en las últimas
Especialmente delicada es la situación del glaciar de Llardana, en el macizo del Posets. A pesar de encontrarse en una zona favorable para la acumulación de nieve, ha perdido una media de 1,5 metros de espesor durante el último año, con reducciones puntuales de hasta 3,4 metros. Su deterioro es tan avanzado que gran parte de su superficie está cubierta de fragmentos rocosos y apenas conserva zonas donde la nieve pueda transformarse en nuevo hielo.
En una entrevista concedida a SER Pirineos, Jesús Revuelto, investigador del grupo CryoPyr, ha señalado que probablemente este sea el último año en el que Llardana pueda seguir considerándose un glaciar activo.
La situación también resulta preocupante en Monte Perdido, donde han aparecido nuevos afloramientos rocosos y uno de sus sectores inferiores presenta signos de transformación hacia un helero residual. Mientras tanto, el glaciar de Ossoue lleva varias temporadas sin mostrar movimientos aparentes, una señal de su progresiva pérdida de dinámica.
Ni siquiera las nevadas récord consiguen frenar el deshielo
Uno de los aspectos más curiosos de esta investigación es que las extraordinarias acumulaciones de nieve de la pasada primavera no han sido suficientes para compensar las pérdidas de hielo. Los científicos advierten de que los glaciares pirenaicos son especialmente vulnerables a los veranos cada vez más cálidos y prolongados, capaces de provocar una fusión superior a la acumulación de nieve de los meses anteriores.

A este fenómeno se suma otro problema: el oscurecimiento de las superficies glaciares por la acumulación de polvo, piedras y otros materiales. Estos depósitos pueden favorecer la absorción de radiación solar y acelerar la desaparición del hielo.
Además, los investigadores han observado desprendimientos de rocas en los circos glaciares, un proceso relacionado con los cambios térmicos y la degradación del permafrost. Después de 16 campañas consecutivas de seguimiento, los resultados confirman una tendencia que se repite año tras año: los glaciares del Pirineo continúan perdiendo espesor, extensión y capacidad de recuperación.
La fragmentación del Aneto y el posible final de Llardana como glaciar activo pone de manifiesto que la transformación del paisaje glaciar pirenaico ya está en marcha y avanza incluso después de inviernos excepcionalmente favorables.