Los científicos confirman la nueva realidad climática de Europa: despídete de los veranos sin olas de calor

Las olas de calor han dejado de ser episodios excepcionales en el centro y norte Europa. La ciencia confirma que serán una constante en los próximos veranos, con temperaturas extremas más persistentes y tempranas.

Los 40 ºC cada vez están más asentados en Europa.
Los 40 ºC cada vez están más asentados en Europa.

Hay una imagen que ya se ha vuelto habitual en los últimos años: la de termómetros superando los 40 ºC en ciudades del centro y norte del continente europeo. Capitales como París, Londres, Berlín o Ámsterdam han experimentado en los últimos años temperaturas que hasta hace bien poco parecían reservadas a otras zonas de los países del sur de Europa, y buen ejemplo de ello es el reciente e histórico episodio de calor extremo.

El inicio del verano en todo el continente europeo esta demostrando que el calentamiento global está avanzando rápidamente, dejando eventos de temperaturas extremas. Los expertos coinciden en alertan de que estos episodios de calor tan intensos serán cada vez más habituales debido a los cambios en la circulación atmosférica que ya se están manifestando.

Ya lo estamos notando: las olas de calor son más frecuentes, intensas y largas

Que siempre ha hecho calor en los meses de calores es una obviedad, pero la diferencia actual reside en su frecuencia y magnitud. Innumerables estudios muestran estudios de que en el primer cuarto del siglo XXI el número de olas de calor se ha duplicado respecto a las últimas décadas del siglo XX.

La masas de aire cálido permanecen bloqueadas durante más tiempo sobre el continente debido a configuraciones atmosféricas persistentes de altas presiones y pequeñas bajas a la altura de las Azores, lo que suele favorecer la configuración conocida como cúpula o domo de calor.

Estamos a las puertas de un nuevo episodio de temperaturas muy altas.
Estamos a las puertas de un nuevo episodio de temperaturas muy altas.

Desde esa posición, la irrupción de masas de aire procedentes del norte de África ascienden impulsadas por el viento del sur y recalentadas sobre el centro y norte de Europa. A ello hay que añadir la subsidencia que se produce sobre la Península y otras zonas del sur del continente europeo, reforzando las advecciones cálidas.

Los 40 ºC ya no son exclusivos del sur de Europa

El país galo alcanzó los 46 ºC en Vérargues durante la histórica ola de calor de 2019, mientras que el Reino Unido el verano de 2022 dejó por primera vez temperaturas superiores a 40 ºC. Mientras, en la ciudad alemana de Hamburgo también se superó esa barrera durante ese mismo episodio. Este pasado fin de semana Berlín superó los 40 ºC y en Dinamarca se han registrado por primera vez los 37 ºC.

Mientras tanto, en España se continúa registrando algunos de los valores más altos del continente, con el récord nacional de 47,6 ºC medidos en La Rambla (Córdoba) en agosto de 2021, mientras que el récord europeo permanece en 48,8 ºC, alcanzados en Siracusa (Sicilia) ese mismo año.

El verano también comienza antes

Los episodios de calor más intensos tradicionalmente han llegado entre julio y agosto, pero ahora se registran temperaturas excepcionalmente altas desde finales de mayo o durante el mes de junio, y tenemos un ejemplo muy reciente en la ola de calor de junio de 2026, con gran parte de Europa registrando temperaturas récord.

Esta circunstancia modifica numerosos aspectos de la vida cotidiana, desde el calendario agrícola hasta el escolar, obligando a adaptar horarios laborales, actividades al aire libre e incluso el funcionamiento de edificios públicos.

Las noches tropicales agravan el impacto sobre la salud

Además de la temperatura máxima disparada también tenemos cada vez más temperaturas mínimas extremadamente elevadas. Están aumentando las llamadas noches tropicales, cuando la temperatura no baja de 20 ºC, asi como las noches tórridas, por encima de los 25 ºC, que dificultan el descanso y aumentan el estrés térmico del organismo.

La ausencia de enfriamiento nocturno impide que el cuerpo recupere el equilibrio térmico tras jornadas muy calurosas, incrementando el riesgo de problemas cardiovasculares, respiratorios y golpes de calor, especialmente entre personas mayores, enfermos crónicos y población vulnerable.