Las noches tórridas ya son un grave problema para España: "urge revisar el plan Meteoalerta"
Este mes de julio será recordado por sus noches tórridas con humedades superiores al 90 % en las regiones mediterráneas. Millones de personas no han podido descansar durante semanas y carecían de avisos al respecto. "Urge revisar el plan", apremian los expertos.

En el litoral mediterráneo viven millones de españoles que no están pudiendo descansar plenamente desde hace semanas. De día las temperaturas muchas veces están siendo extraordinarias, sobre todo coincidiendo con los picos de las sucesivas olas de calor, pero la singularidad de este verano son las noches, que no están dando tregua.
Ya habíamos vivido algo parecido en años anteriores, sobre todo en el verano de 2023, pero nunca de forma tan acusada. Los expertos constatan que en la última década el clima de las regiones mediterráneas ha cambiado notablemente y las noches parecen estar convirtiéndose en un problema de gran evergadura.
Las noches son hasta 5 ºC más cálidas que a mediados del siglo XX
El jefe de Climatología de la delegación valenciana de la AEMET, José Ángel Nuñez, ha atendido a Meteored para hablar del cambio importante que está registrando la estación estival. En la ciudad de Valencia, las temperaturas mínimas de julio han subido 3,7 ºC en los últimos diez años. En este mes que transcurre, la capital del Turia acumula una media de 24,9 ºC, “casi cinco grados y medio más que a mitad del siglo XX (19,5 ºC) y 13 noches tórridas”, que es algo inaudito.
El aumento de las noches tropicales y las tórridas, que son aquellas con temperaturas mínimas superiores a los 20 y 25 ºC respectivamente, están mostrando un incremento muy significativo. Para Núñez, “el crecimiento de las ciudades y la intensificación de la isla de calor han contribuido, pero el factor más determinante ha sido el cambio climático que se está produciendo por la quema de combustibles fósiles”.

Entre los expertos de Meteored la sensación es la misma. El también climatólogo Samuel Biener reclama más atención a las temperaturas mínimas, ”tienen importantes efectos en la salud, especialmente en los grupos más vulnerables”, avisa. Según el Centro Nacional de Epidemiología y el Instituto de Salud Juan Carlos III, hasta el día 24, España ha tenido un exceso de mortalidad atribuible a las altas temperaturas de 1683 personas.
En el verano pasado, el calor del mes de julio pudo contribuir al fallecimiento de 59 personas, no fue un período muy crítico. Agosto sí se saldó con 2184 defunciones. Lógicamente, esto no se debe solo a la falta de descanso nocturno, aunque sí tiene un papel relevante.
El mar Mediterráneo está aportando mucho calor y humedad
Samuel Biener vincula estrechamente las noches más cálidas al mar Mediterráneo, “en estas fechas roza los 30 ºC y sigue completando una secuencia de récord en varios observatorios”.
Esto es algo que también contempla José Ángel Núñez, que ve una clara correlación entre la temperatura de la superficie del mar y las temperaturas nocturnas en verano. “El aire se desliza sobre un mar muy cálido de forma que no sólo adquiere su temperatura, sino que se carga de humedad, lo que implica un nuevo factor de adversidad”, arguye. Con el calor y la humedad los mecanismos de enfriamiento de nuestros organismos son menos eficientes.

En este mes de julio la humedad ha venido siendo muy alta -hoy ya está bajando-, con valores nocturnos superiores al 90% en los observatorios costeros. “Con el mar tan cálido las brisas están muy inhibidas, sobre todo las nocturnas, y en el centro de las ciudades llegan a desaparecer”, razona Núñez.
En las noches húmedas la temperatura apenas baja por razones físicas relacionadas con el vapor de agua, que es el gas de efecto invernadero más potente. El experto de la AEMET explica que “en una atmósfera con tanta humedad absoluta el descenso de temperaturas es muy débil”. Si a esos valores que se mantienen elevados sumamos que la humedad no permite que nuestro sudor se evapore, y nos enfríe, el panorama para conciliar el sueño se complica.
También puede ser el detonante de futuras lluvias torrenciales
Inevitablemente, cuando hablamos de un Mediterráneo caliente acaba apareciendo el fantasma de las lluvias intensas. Sobre todo en la estación otoñal, el mar aporta energía a las nubes de tormenta pero no es una condición única. “Los diluvios mediterráneos son fenómenos atmosféricos y si no hay una configuración atmosférica adecuada, por muy cálido que esté el mar, no se van a producir”, aclara José Ángel Núñez.
Si bien es cierto que las aguas mediterráneas más cálidas implican una mayor disponibilidad de energía y humedad. “Si se produce la configuración atmosférica adecuada, la torrencialidad será mayor y los fenómenos aparejados más violentos como vimos en 2024”, continúa, aunque episodios tan extremos como aquel son raros y tienen un periodo de recurrencia amplio.
“Urge revisar el plan Meteoalerta”
Volviendo a las temperaturas mínimas extremas, Samuel Biener aboga por “revisar el plan Meteoalerta cuanto antes para incorporar avisos por mínimas nocturnas elevadas”. Es algo que afecta a los vecinos de las regiones mediterráneas fundamentalmente, y también a un sector importante, como es el turismo, que “ya está notando que las pernoctaciones tienden a desplazarse cada vez más hacia junio y septiembre para evitar el calor extremo”.

Desde la AEMET, José Ángel recuerda que al principio del plan Meteoalerta se incluyeron avisos por temperaturas mínimas, pero “se eliminaron porque se pensó que unas pocas noches cálidas en verano eran una incomodidad, pero no un peligro real”. Esto ahora ha cambiado y lo que hace 20 años apenas ocurría unas pocas noches al año, de hecho había veranos sin noches tórridas, ahora se ha generalizado y estamos en una situación en el que son muy frecuentes. “En Valencia, por ejemplo, hasta el día 25 de julio la mitad de las noches, 13, han sido tórridas”.
José Miguel Viñas, meteorólogo de Meteored.
Aunque los expertos son conscientes del cambio, modificar este plan ahora no es sencillo, “no es una decisión unilateral de la AEMET”, recuerda Núñez. “Hay que consensuar y acordar esto con las protecciones civiles autonómicas y la nacional y, en este caso, incluso las consejerías de Sanidad y el Ministerio tendrán algo que decir”.
Nos tenemos que adaptar a estos nuevos veranos
José Ángel Núñez no se anda con ambigüedades, “desgraciadamente nos tenemos que acostumbrar” a veranos como este. Al modificar la composición química de la atmósfera por la quema de combustibles fósiles, estamos potenciando el efecto invernadero, algo que necesariamente deriva en una atmósfera más cálida y energética en la que los fenómenos que se producen son más violentos.
“No son fenómenos nuevos, muchos de ellos eran conocidos en nuestro clima, pero ahora son más frecuentes e intensos”, subraya el experto. “En el caso de las olas de calor, no cabe duda de que la modificación de la atmósfera implica eventos más frecuentes, intensos, extensos y persistentes”.
Si bien considera que ya hemos comenzado a adaptarnos a esta situación, Núñez advierte de que eso tiene un límite, ya no solo considerando a las personas sino también a los ecosistemas. “Lo que antes ocurría un 5 % de los días del verano, ahora sucede el 25 % y a final de siglo probablemente ocurrirá más de la mitad de los días de verano”, augura y concluye: “No es una creencia, es ciencia, es física de la atmósfera, necesariamente ocurrirá así”.