La UA y el CSIC publican el nuevo Atlas de la Desertificación de España y avisan: "más del 40% del suelo está degradado"

Las instituciones científicas que han elaborado el documento advierten que, si no se adoptan medidas urgentes, alrededor del 41 % del territorio podría quedar infértil, cuyas consecuencias, como pérdida de cultivos, agotamiento de acuíferos y migraciones climáticas, son dramáticas.

La erosión quita a las Bardenas Reales, en Navarra, hasta 10.000 kilos de tierra por hectárea y año

España se enfrenta a una emergencia silenciosa: más de cuatro de cada diez hectáreas del territorio nacional muestran ya signos de degradación, según el nuevo Atlas de la Desertificación de España, que acaba de ver la luz.

El estudio, promovido por la Universidad de Alicante (UA) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), advierte que, si no se actúa con urgencia, una parte significativa del país podría quedar baldía, con suelos empobrecidos y ecosistemas al borde del colapso.

Un hito cartográfico y científico

Este atlas representa un paso decisivo para entender la dimensión real de un problema que durante décadas ha sido difuso, subestimado o simplemente ignorado. El proyecto, bajo la coordinación del geógrafo Jorge Olcina (UA) y el investigador Jaime Martínez Valderrama (CSIC), ha reunido la opinión de más de 40 expertos y emplea una metodología vanguardista.

Mediante un algoritmo de aprendizaje automático (Random Forest), los investigadores han combinado múltiples variables —calidad del suelo, estado de los acuíferos, presencia de humedales, cambios en la vegetación, factores climáticos y sociales— para determinar los niveles de deterioro.

El resultado es ciertamente preocupante: el 43,35 % del territorio español —unos 206.000 km²— presenta signos de degradación. En las zonas áridas, el porcentaje se dispara al 60,94 %.

Más allá de la aridez: una definición más amplia de desertificación

Una de las grandes novedades del atlas es su definición de desertificación, que no se limita a zonas desérticas en el sentido tradicional, sino a áreas áridas, semiáridas o subhúmedas secas, cuyo suelo, acuíferos y ecosistemas están perdiendo productividad, biodiversidad y capacidad para sustentar la vida.

Desierto de Gorafe, en la provincia andaluza de Granada.

Para capturar esta complejidad, el atlas incluye 66 mapas organizados en seis temáticas —clima, agua, suelo, cubierta forestal, biodiversidad y sociedad—, además de otros propios, como la población que vive en zonas áridas o la huella ambiental del desperdicio alimentario, y casos prácticos.

Entre sus aportaciones originales figuran nuevos mapas que revelan, por ejemplo, la sobreexplotación del agua en regiones agrícolas intensivas, o la pérdida de humedales y vegetación natural, factores críticos para la resiliencia del paisaje.

Las zonas más vulnerables: sureste, levante y archipiélagos

El trabajo dibuja un mapa inequívoco del territorio más expuesto: la Región de Murcia lidera las estadísticas, con un 91 % de su superficie catalogada en proceso de degradación.

En la Región de Murcia, el 91 % de su suelo está en proceso de degradación, entre otras causas, por los efectos de la agricultura intensiva.

Otras áreas gravemente afectadas son Albacete y Almería (cada una con un 84 %), las Islas Canarias, provincias del levante como Alicante o Valencia (alrededor del 79–71 %), y territorios del interior como Valladolid o Zaragoza (alrededor del 79–71 %).

En las Islas Baleares, por ejemplo, el atlas sitúa al archipiélago “al borde de un colapso ecológico”, con un 85 % de su territorio bajo amenaza de desertificación.

Estos datos confirman que la desertificación ya no es un fenómeno local, aislado en unas pocas zonas áridas: es una amenaza nacional, transversal, que atraviesa comunidades autónomas y abarca tanto territorios rurales como agrícolas y urbanos.

Las causas: cambio climático y presión humana sobre el territorio

Según los autores del atlas, la degradación del suelo y los recursos hídricos no es solo consecuencia del clima —sequías, altas temperaturas persistentes, irregularidad de precipitaciones—, sino sobre todo del uso intensivo e insostenible del territorio.

Embalse de Sau, en la comarca de Osona, provincia de Barcelona, que debe abastecer a zonas de Barcelona y Girona, completamente seco.

En particular, la expansión del regadío, la sobreexplotación de acuíferos, la agricultura intensiva y el despilfarro hídrico, son señalados como los principales responsables.

El atlas denuncia que muchas zonas áridas, que tradicionalmente se consideraban marginales o de bajo rendimiento agrícola, han sido sometidas a un ritmo de explotación excesivo. ¿El resultado?: aguas subterráneas extenuadas, pérdida de cobertura vegetal, erosión del suelo, agotamiento de biodiversidad. Todo ello acelera un proceso de degradación que se retroalimenta.

Aviso urgente para la acción

“Cartografiar este complejo proceso y sus múltiples variables es imprescindible para diseñar soluciones”, afirmaron Olcina y Martínez Valderrama durante la presentación en la Sede Universitaria Ciudad de Alicante. Y es que, los responsables del atlas aseguran que conocer la extensión del problema es solo el primer paso: ahora, toca diseñar políticas eficaces.

Las Islas Canarias es una de las regiones más afectadas por la degradación del suelo. El otro archipiélago español, las Baleares, está al borde del "colapso ecológico".

Entre las recomendaciones de los autores figuran una gestión integrada e inteligente del agua, la regeneración de acuíferos, la restauración de suelos degradados, la recuperación de la cubierta vegetal y los bosques, y una planificación urbana y agrícola sostenible.

Además, el atlas puede servir de herramienta estratégica para los gobiernos y administraciones públicas, especialmente en el marco de la Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación (ENLD) y los planes europeos de resiliencia hídrica.

Lo que nos jugamos: del suelo a la seguridad futura

Más allá de los demoledores datos, el mensaje del atlas es claro: no se trata de un problema únicamente ecológico, sino de seguridad ambiental, alimentaria y social.

Un suelo degradado implica menor productividad agrícola, pérdida de biodiversidad, menor capacidad de los ecosistemas para combatir el calor o el cambio climático, contaminación del agua, y en última instancia, amenaza para la vida en muchas zonas del país.

En zonas como la Región de Murcia —donde la desertificación ya afecta al 91 % del territorio—, las consecuencias podrían ser dramáticas: pérdida de cultivos, agotamiento de acuíferos y migraciones climáticas, todo ligado al empobrecimiento rural.

Por eso, el nuevo “Atlas de la Desertificación de España” llega en un momento crítico. Si sirve como llamada de atención —y, sobre todo, como herramienta para la acción—, podrá ser clave para frenar la degradación del suelo. Pero la ventana de oportunidad se cierra rápido. Sin medidas urgentes, el 40 % de España corre el riesgo de convertirse en un vasto territorio infértil.

No te pierdas la última hora de Meteored y disfruta de todos nuestros contenidos en Google Discover totalmente GRATIS

+ Seguir a Meteored