La experta Gemma del Caño señala la relación entre las noches tórridas y la salud mental: "altera la medicación crónica"
Las olas de calor ya no se miden sólo por récords diurnos. El peligro se traslada a la madrugada: cada vez más habituales las noches tórridas, cuando los termómetros no bajan de los 25 °C.

Cuando el aire exterior no se enfría, las viviendas retienen el calor. Estas noches afectan a todos, pero suponen un verdadero riesgo para los pacientes con enfermedades crónicas. El estrés térmico nocturno actúa como un detonante que desestabiliza tanto la salud mental general como la eficacia de los tratamientos médicos.
El cerebro sin tregua: el calor nocturno destruye el bienestar mental
Para conciliar un sueño reparador, el cuerpo necesita reducir su temperatura interna un grado. Es un mecanismo biológico sincronizado: al disminuir la luz, el cerebro produce melatonina y disipa calor. En una noche ecuatorial, este intercambio térmico es prácticamente imposible. El cuerpo es incapaz de enfriarse, interrumpiendo las fases de sueño profundo y REM.
️Cuando las temperaturas mínimas durante la noche han sido muy altas diferenciamos entre:
— AEMET Divulga (@AEMET_Divulga) June 22, 2026
«Noche tropical» la temperatura no baja de 20 ºC por la noche
«Noche tórrida» no baja de 25 ºC
«Noche infernal» no baja de 30 ºC
(término no oficial que se está popularizando) https://t.co/EaU8IdjGeY
Las consecuencias de este insomnio forzado van más allá del cansancio. Se dispara el cortisol porque el estrés térmico activa el sistema nervioso simpático, disparando la producción de cortisol (hormona del estrés) y adrenalina. El resultado es un estado de alerta constante, irritabilidad y ansiedad.

Además, la privación de sueño debilita la regulación emocional del cerebro. Durante las olas de calor, las urgencias psiquiátricas experimentan un repunte notable en brotes de ansiedad, depresión reactiva y crisis de pánico. El calor nocturno agota la resiliencia mental.
Diabéticos e hipertensos: más riesgo
El estrés térmico nocturno altera profundamente el metabolismo basal . Al pasar la noche sudando e incómodos, el cuerpo realiza un esfuerzo físico equiparable a una caminata ligera. Esta alteraciones es un desafío crítico para dos perfiles muy comunes: los diabéticos y los hipertensos.
El laberinto de la glucosa
El aumento de cortisol por el mal descanso incrementa la resistencia a la insulina.

Aunque el paciente mantenga su dieta, sus niveles de glucosa matutinos pueden ser inusualmente altos o caóticos. Además, la deshidratación silenciosa por sudoración nocturna concentra el azúcar en el torrente sanguíneo, desequilibrando el control glucémico.
El rompecabezas de la presión arterial.
De día, el calor actúa como vasodilatador, bajando la presión. Sin embargo, si la noche es tórrida, el sistema cardiovascular no recibe su tregua habitual (el descenso dipper, donde la presión cae un 10-20% al dormir).
La falta de descanso mantiene la presión alta durante la madrugada , obligando al corazón a trabajar a marchas forzadas y alterando el efecto de los fármacos antihipertensivos por la mañana.
Fármacos que empeoran el calor
Aquí la meteorología y la farmacia clínica se cruzan de forma crítica. Muchos medicamentos de uso diario alteran la capacidad del cuerpo para defenderse del calor.
- Antidepresivos y ansiolíticos: fármacos como la sertralina o el diazepam pueden alterar el termostato biológico del hipotálamo o reducir la sudoración, impidiendo que el cuerpo se enfríe.
- Diuréticos: utilizados para la hipertensión, aceleran la deshidratación y la pérdida de electrolitos esenciales a través del sudor nocturno.

- Neurolépticos y antipsicóticos: son el mayor riesgo en condiciones extremas. Bloquean la termorregulación, elevando la probabilidad de sufrir un golpe de calor o el grave síndrome neuroléptico maligno nocturno.
La opción: consultar al farmacéutico
Las mañanas posteriores a una noche tórrida exigen una vigilancia estrecha de los pacientes crónicos. Es común levantarse mareado (por hipotensión reactiva combinada con la pastilla de la tensión) o descompensado.
La figura del farmacéutico comunitario es fundamental. Acudir a la farmacia permite monitorizar parámetros de forma segura, evaluar si los síntomas se deben al impacto meteorológico y, junto al médico, reajustar los horarios de las tomas o revisar la hidratación para que los fármacos sigan salvando vidas bajo el cielo de verano.