¿Cuándo se convirtieron en 'villanos' los anticiclones?

Casi todo nuestro país lleva días inmerso en un tiempo anticiclónico que deja un tiempo muy encalmado, sin viento. Las altas presiones están favoreciendo la concentración de contaminantes, ¿por qué? A continuación te lo contamos.

Natacha Payà Natacha Payà 08 Dic 2018 - 02:00 UTC
En días de inversión térmica los gases contaminantes quedan atrapados junto a la superficie terrestre.

"Al mal tiempo buena cara". Todo el mundo ha oído hablar de esta expresión que va aliada al devenir borrascoso, donde la inestabilidad se apodera, aunque este dicho podría cambiar según la perspectiva. Hemos pasado unos cuantos meses con lluvias intensas, sobre todo en el este y sur peninsular. En diciembre ha llegado la calma, y casi que hacía falta, pero no todo es tan bueno como parece. Estamos teniendo estos últimos días un potente anticiclón -por ahora estático- sobre la Península.

¿Qué ocurre con un anticiclón?

Por definición, en un anticiclón la presión atmosférica es superior al aire circundante. Esta semana, el hecho de tenerlo sobre nosotros, ha provocado en la mayor parte de España tiempo estable y ausencia de precipitaciones. La potente dorsal anticiclónica, que ha ascendido latitudinalmente, ha favorecido los ambientes despejados y temperaturas suaves.

El tiempo anticiclónico de estas últimas jornadas ha provocado cierta desnaturalización de la masa tropical que nos acompaña gracias a los movimientos de subsidencia, es decir, donde los vientos fríos tienden a bajar en vertical. Esto ha provocado inversiones térmicas en muchos puntos de la Península. Se ha podido apreciar durante estos últimos días la formación de niebla en el interior de las depresiones, como por ejemplo en los valles del Tajo, Duero, Guadiana y Ebro a primeras horas de la mañana. Este meteoro ha provocado el descenso de temperaturas en los puntos más hundidos, siendo más cálidas en cotas más altas.

Anticiclón y, por consiguiente, contaminación

En ocasiones estas nieblas se mezclan con partículas contaminantes. Este fenómeno se llama "smog" -adaptación de la palabra humo y niebla en inglés- y lo hemos tenido estos últimos días en grandes ciudades, caso de Madrid. La capital el pasado martes superó los niveles de contaminación, limitando a 70 kilómetros por hora la velocidad en la M-30 y sus accesos por la M-40. Especialmente sucede en el sur de la urbe donde se concentra la industria y el tráfico rodado que, unido a la ausencia de vientos, meten a la población en una atmósfera difícil de respirar -más de 200 mg por metro cúbico de NO2-.

Con la bonanza meteorológica la calidad del aire disminuye. El viento es muy débil y así las masas de aire quedan inmóviles distribuyéndose en el espacio según sus particularidades físicas: las frías más densas y pesadas quedan junto a la superficie y las cálidas, menos, se superponen haciendo de 'tapadera'. Los gases contaminantes emitidos por la industria y los coches acaban atrapados junto al aire frío, a ras de suelo, y las ciudades se tornan muy poco saludables.

Con el Puente de diciembre muchas ciudades quedarán algo más vacías y el movimiento industrial y, por ende, la emisión de gases nocivos frenará por unos días. Con la llegada de este fin de semana tan largo se podría reducir la emisión de gases contaminantes, lo malo será la cantidad de coches que viajarán hacia algún destino para pasar estas "minivacaciones".

La predicción del modelo europeo nos muestra que el anticiclón de las Azores se quedará con nosotros hasta aproximadamente el lunes. A pesar de la estabilidad que viviremos en las próximas horas, el norte de la Península recibirá precipitaciones gracias a la llegada de un nuevo frente frío que hará descender la cota de nieve hasta 1200 metros en algunos puntos de Pirineos.

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