La CHJ desmonta el bulo: la vegetación de los barrancos frena la velocidad del agua durante las riadas

La Confederación Hidrográfica del Júcar rechaza la idea de que limpiar completamente la vegetación de los barrancos reduzca el riesgo de inundación. Al contrario, advierte de que eliminarla indiscriminadamente puede acelerar el agua, agravar la erosión y aumentar los daños.

Actuaciones de mantenimiento y conservación ejecutadas por la CHJ.
Actuaciones de mantenimiento y conservación ejecutadas por la CHJ.

Cuando se acerca el otoño y, con él, la temporada de lluvias intensas, vuelve un debate recurrente en las cuencas mediterráneas: ¿limpiar de vegetación las ramblas, tal y como exigen muchos ayuntamientos, ayuda a prevenir las inundaciones?

La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) acaba de responder a esta cuestión y rechaza la idea de que un cauce completamente despejado sea necesariamente más seguro. La clave: la vegetación natural cumple una función hidráulica y eliminarla de forma indiscriminada puede incluso aumentar los efectos de una riada.

La vegetación frena el agua

La explicación de la CHJ se basa en un principio básico de la hidráulica: la rugosidad del cauce. La vegetación ofrece resistencia al desplazamiento del agua, reduciendo su velocidad durante una avenida.

El barranco del Carraixet a su paso por Moncada, Valencia, España.
El barranco del Carraixet a su paso por Moncada, Valencia, España.

Según el organismo de cuenca, esa resistencia contribuye a laminar las avenidas, es decir, a repartir y retrasar la llegada de los caudales punta. También aumenta la infiltración y ayuda a mantener estables las márgenes de los cauces.

Para explicarlo, la CHJ pone como ejemplo el barranco del Carraixet, un curso de agua del norte de la provincia de Valencia. En los tramos donde existe suficiente capacidad hidráulica, la presencia de vegetación no supone un problema de seguridad frente a las avenidas. Al contrario, advierte de que eliminarla por completo podría aumentar la velocidad del agua y provocar desbordamientos más agresivos aguas abajo.

Por tanto, la imagen de un barranco completamente limpio como sinónimo de un cauce seguro no se corresponde necesariamente con su comportamiento durante una riada.

Más velocidad, más erosión

El problema de acelerar el agua no se limita solo a la posibilidad de que llegue antes a las zonas situadas aguas abajo.

Una corriente con mayor velocidad tiene también más capacidad para erosionar las márgenes y transportar sedimentos y materiales. Por el contrario, las raíces de la vegetación ayudan a fijar el terreno y reducen su vulnerabilidad frente a la fuerza de la corriente.

La propia CHJ señala que la ausencia generalizada de vegetación puede favorecer la erosión y provocar problemas de inestabilidad en las márgenes. Por eso considera que eliminarla sistemáticamente puede generar un efecto contrario al que se pretende conseguir.

La vegetación, además, retiene parte de los sólidos que transporta el agua y contribuye al funcionamiento natural del ecosistema fluvial.

Mejor, actuaciones selectivas

Pero no toda la vegetación debe permanecer en cualquier circunstancia. Las confederaciones hidrográficas realizan actuaciones de mantenimiento cuando existen obstáculos concretos que pueden dificultar el paso del agua o comprometer la seguridad.

Limpieza del nuevo cauce del río Turia en 2025.
Limpieza del nuevo cauce del río Turia en 2025.

Entre ellos pueden encontrarse árboles caídos, acumulaciones de sedimentos u otros elementos que reduzcan la capacidad hidráulica de un punto determinado. También suelen realizarse intervenciones selectivas de vegetación cuando existe una afección concreta a personas, bienes o servicios.

Es decir, hay una importante diferencia entre gestionar la vegetación y eliminarla indiscriminadamente. Ahí, la CHJ recuerda la importancia de analizar cada cauce atendiendo a sus características, a la capacidad hidráulica y a los riesgos existentes.

El problema está también en dónde construimos

La CHJ introduce además otro elemento fundamental para entender el riesgo de inundación, quizá el más importante: la ocupación de las zonas inundables.

Según el organismo, los daños producidos por las avenidas no se deben principalmente a la presencia de vegetación natural, sino a factores como la ocupación del territorio inundable o la construcción de infraestructuras que pueden reducir la capacidad de desagüe.

Por eso, prevenir las riadas no consiste únicamente en intervenir en el cauce cuando se aproxima el otoño. También implica reducir la exposición de viviendas, instalaciones y otras infraestructuras a las zonas donde el agua puede llegar durante una avenida.

Luego, la gestión del riesgo requiere combinar diferentes medidas: planificación territorial, mantenimiento de infraestructuras, recuperación del espacio fluvial y actuaciones concretas en los puntos donde exista un problema hidráulico.

Una gestión diferente según cada cauce

La CHJ también recuerda que las competencias varían según se trate de tramos urbanos o no urbanos. En las zonas urbanas, las actuaciones de conservación corresponden a las administraciones competentes en materia de ordenación del territorio y urbanismo (normalmente los ayuntamientos), aunque las intervenciones sobre el dominio público hidráulico requieren la correspondiente autorización.

En los espacios no urbanos, la gestión debe tender a conservar el funcionamiento natural del río, rambla o barranco y limitar las actuaciones a aquellas que sean realmente necesarias. No existe, por tanto, una receta que pueda aplicarse por igual a todos los cauces.

Referencia de la noticia

Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ). (2026). Obras de conservación y mejora ambiental de cauces ejecutadas por la CHJ.