Andrea Danta analiza la gran inundación de Nepal y aclara si España puede sufrir un fenómeno de similar magnitud
Nepal ha vuelto a mostrar el enorme poder destructivo de una riada glaciar. Pero, ¿podría ocurrir algo parecido en España? La respuesta está, en parte, en nuestras propias montañas y en su historia.

Nepal ha vuelto a mostrar el enorme poder destructivo de una riada glaciar. Pero, ¿podría ocurrir algo parecido en España? La respuesta está, en parte, en nuestras propias montañas y en su historia.
Las imágenes que llegan de Nepal tras el colapso de una masa glaciar y la posterior riada de agua, barro y rocas parecen propias de una película de catástrofes. Una enorme avenida descendió por los valles de la cordillera del Himalaya, arrasando todo a su paso y dejando escenas que recuerdan a un auténtico tsunami en mitad de la montaña.
Pero, ¿podría producirse algo parecido en España? Aunque hoy un fenómeno de origen glaciar de estas características resulta prácticamente imposible en nuestras cordilleras, las montañas españolas también guardan las huellas de enormes riadas ocurridas hace decenas de miles de años. Y, más recientemente, nuestro país ha sufrido avenidas súbitas igualmente devastadoras.
¿Podría ocurrir en España una riada como la de Nepal?
La respuesta, a día de hoy, es prácticamente no, al menos por el mismo mecanismo que ha provocado la tragedia en Nepal. España no cuenta actualmente con grandes masas de hielo capaces de generar un episodio de estas dimensiones.
Pero esto no siempre fue así. Durante las grandes etapas glaciares del Pleistoceno, los Pirineos, el Sistema Central, Sierra Nevada y otras cordilleras peninsulares estuvieron cubiertos por importantes masas de hielo. Y aquellos glaciares no solo modelaron el paisaje: también pudieron estar detrás de algunas de las mayores avenidas que han recorrido nuestras montañas.

Las huellas de estos episodios han quedado conservadas en sedimentos. En el entorno de Guadarrama y los valles del Eresma y el Duratón, por ejemplo, se han encontrado evidencias de enormes paleoinundaciones relacionadas con la existencia de glaciares en el Sistema Central.
Uno de los episodios más espectaculares habría ocurrido hace unos 49.000 años, cuando una enorme avenida llegó a alcanzar un caudal varias veces superior al máximo registrado históricamente en el Eresma.
Pero aquella Península Ibérica ya no existe como en aquel entonces. El calentamiento desde el final de la última glaciación provocó el progresivo retroceso de los glaciares peninsulares, hasta dejar los que sobreviven actualmente en los Pirineos en un estado muy reducido y vulnerable.
Por eso, un episodio glaciar como el de Nepal resulta hoy prácticamente imposible en España. Sin embargo, en otras grandes cordilleras del planeta el retroceso del hielo está generando nuevos lagos glaciares y modificando la estabilidad de laderas y masas de hielo y roca.
España no tiene glaciares, pero sí de riadas capaces de arrasarlo todo
A una escala mucho más local y con un origen completamente diferente, España también ha sufrido grandes avenidas de agua, lodo y rocas capaces de arrasar pueblos enteros.
En este caso, el desencadenante no es el colapso de un glaciar, sino principalmente las precipitaciones torrenciales asociadas a danas, vaguadas y situaciones mediterráneas muy inestables.

Uno de los ejemplos más extremos se produjo en octubre de 1973, cuando una situación atmosférica muy favorable para las lluvias torrenciales dejó acumulaciones extraordinarias en el sureste. En Zurgena, Almería, se estima que cayeron alrededor de alrededor de 420 l/m² en una hora, mientras que en otros puntos se acumularon cerca de 600 l/m² en pocas horas.
Las ramblas se transformaron en auténticos torrentes y, en algunos lugares, el agua y el fango llegaron a formar una ola de varios metros de altura. El río-rambla Almanzora llegó a alcanzar una punta de caudal estimada de más de 5.000 m³/s. En ese episodio, en la provincia de Granada casi todo el núcleo urbano de La Rábita desapareció por una gran avenida de agua, lodo y rocas.
Justo hace hoy 51 años de la gran riada que afectó a las poblaciones de Albuñol y La Rábita en la madrugada del 19 de Octubre de 1973. Esta riada fue tan bestial que sepultó en lodo y barro a media población de La Rábita donde fallecieron 40 personas. Foto del antes y el despues. pic.twitter.com/BQ09EVyswn
— SamuRivas (@samurivas_meteo) October 19, 2024
Un escenario parecido, aunque a mucha menor escala, se vivió en Biescas en 1996. Una tormenta descargó más de 170 l/m² en apenas 45 minutos sobre la cuenca del barranco de Arás, desencadenando una avenida cargada de agua, barro, árboles y toneladas de rocas que arrasó el camping de Las Nieves y causó 87 víctimas mortales.
Y la historia continúa con episodios como las riadas del Vallès de 1962, la Pantanada de Tous de 1982 o, ya en tiempos recientes, la dana de Valencia de 2024, cuando se estima que el barranco del Poyo llegó a registrar un caudal cercano a 6000 m³/s aguas abajo de la confluencia con el barranco de la Horteta, uno de sus tributarios, arrastrando todo a su paso.