Fin de semana de frío intenso: estas son las señales del cuerpo antes de una hipotermia
Escalofríos persistentes, torpeza, confusión o un cansancio que invita a “cerrar los ojos un momento” no son sólo molestias invernales: son señales de alerta. La hipotermia no aparece de golpe: el cuerpo avisa, pero hay que saber escucharlo.

Hay días de invierno en los que el frío no se limita a las manos o a la cara: se cuela dentro del cuerpo. No es una sensación subjetiva, es fisiología pura. Cuando la temperatura ambiental desciende y se combinan factores como viento, humedad, cansancio o ropa inadecuada, el organismo entra en un modo de emergencia para conservar calor.
Si ese esfuerzo falla, aparece la hipotermia, una situación potencialmente grave que muchas veces comienza de forma silenciosa.
Qué entendemos por hipotermia
El cuerpo humano funciona de manera óptima alrededor de los 37 °C. Cuando la temperatura interna baja de 35 °C, hablamos de hipotermia. Desde ese punto, el organismo pierde calor más rápido del que es capaz de producir, y sistemas clave como el corazón, el cerebro y el sistema nervioso empiezan a funcionar peor.
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️ Congelación: Pérdida de sensación o color alrededor de la piel expuesta
Hipotermia: Escalofríos, agotamiento y confusión
Síntomas pueden ocurrir rápido cuando hace frío Mantente #WinterReady: https://t.co/sXBD2Ssr5U pic.twitter.com/VLccCRgQ7s
No hace falta estar en alta montaña ni sufrir temperaturas bajo cero extremas. El frío prolongado, la humedad o el viento pueden desencadenarla incluso en entornos urbanos.
Las primeras señales: el cuerpo pide ayuda
Los temblores intensos son la primera respuesta del organismo. Los músculos se contraen de forma involuntaria para generar calor. Es un mecanismo eficaz, pero limitado.
Cuando los escalofríos se atenúan o desaparecen sin que haya mejorado el entorno, la señal es clara: el cuerpo empieza a quedarse sin reservas energéticas.
Piel fría y extremidades entumecidas
Para proteger los órganos vitales, el cuerpo reduce el riego sanguíneo en la piel. Aparecen manos y pies fríos, entumecidos y con menor sensibilidad. El problema es que esta estrategia reduce la percepción del frío: deja de doler, y cuando deja de doler, el riesgo pasa desapercibido.
Confusión y dificultad para pensar
El frío afecta directamente al cerebro. Aparecen lentitud mental, dificultad para concentrarse, desorientación o habla pastosa.

Es una de las señales más peligrosas porque el propio afectado puede no ser consciente de su estado, justo cuando más necesita tomar decisiones acertadas.
Torpeza y mala coordinación
Tareas sencillas (caminar, abrochar una chaqueta, usar el móvil) se vuelven complicadas. El frío reduce la precisión de los movimientos y aumenta el riesgo de caídas y accidentes. No es torpeza casual: es una alteración neuromuscular inducida por el frío.
Somnolencia y agotamiento extrema
A medida que el cuerpo gasta energía para calentarse, aparece un cansancio profundo. La sensación de querer sentarse o dormir es especialmente peligrosa.
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En fases más avanzadas, la somnolencia puede preceder a una pérdida de conciencia.
Cómo prevenir que el frío vaya a más
La hipotermia se puede evitar si se actúa a tiempo.
- Abrigo en capas. Las capas atrapan aire caliente y reducen la pérdida de calor. La capa exterior debe proteger del viento y la humedad .
- Mantenerse seco. La ropa mojada acelera la pérdida de calor. Cambiarse o buscar refugio seco es prioritario.
- No ignores los escalofríos. Son la primera alarma. Esperar a que “se pase” es un error.

- Muévete con prudencia. Mantener las extremidades activas ayuda a la circulación, pero sin forzar zonas entumecidas.
- Evitar el alcohol. Aunque da sensación momentánea de calor, favorece la pérdida de temperatura corporal.
- Bebidas calientes sin alcohol. Aportan comodidad, pero no sustituyen abrigo ni refugio.
- Buscar ayuda médica si hay confusión, habla incoherente, torpeza marcada o somnolencia intensa. En esos casos, la hipotermia puede estar avanzada.
El frío extremo no es solo una incomodidad: es un reto fisiológico real. El cuerpo avisa antes de que la hipotermia se instale, pero lo hace con señales que solemos minimizar. Escucharlas y actuar a tiempo puede marcar la diferencia.
Porque el invierno puede ser duro, pero el verdadero peligro está en no reconocer cuándo el frío ya ha comenzado a ganar.
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