Rubén del Campo, portavoz de la AEMET: "una nube es un proceso, y parar ese proceso está fuera del alcance humano"

El portavoz de la AEMET explica en el pódcast de Meteored, cómo funcionan los avisos meteorológicos, qué consecuencias tiene el cambio climático y por qué la ciudadanía debería aprender a distinguir los hechos científicos de los bulos sobre el tiempo.
La meteorología va mucho más allá del gesto cotidiano de consultar si mañana lloverá o hará sol. Esta es una de las ideas centrales del primer capítulo de Un Café del Tiempo, el pódcast de Meteored que pone el foco en la comunicación científica y la lucha contra la desinformación, y que ya está disponible en el canal de Youtube de Meteored España, además de en Spotify, iVoox, Apple Podcast y Amazon Podcast, de forma totalmente gratuita.
En esta entrega, Juanjo Villena conduce una conversación con Rubén del Campo, portavoz de la AEMET, acompañado por Samuel Biener y Andrea Danta, meteorólogos de la plataforma.
Avisos meteorológicos y alertas: dos conceptos diferentes
Una de las cuestiones fundamentales que aborda el episodio es la diferencia entre un aviso meteorológico y una alerta de Protección Civil, dos conceptos que a menudo se confunden. Del Campo explica que los avisos de la AEMET son “piezas de información sobre la previsión de fenómenos potencialmente adversos", como lluvias intensas, viento, nieve o temperaturas extremas, y los clasifican según su peligrosidad.

Las alertas, en cambio, implican decisiones de los organismos responsables de gestionar las emergencias. Para establecerlas no basta con conocer la intensidad prevista de un fenómeno: también hay que valorar la exposición de la población, la vulnerabilidad de las infraestructuras y las posibles consecuencias.
Sobre si la AEMET ha emitido más avisos rojos en los últimos dos años, coincidiendo con una sucesión de episodios meteorológicos adversos, el meteorólogo subraya que estos avisos siguen representando menos del 0,5 % del total y defiende que "deben activarse cuando existe una alta probabilidad de superar los umbrales de peligrosidad establecidos”.
Cambio climático: veranos más largos y nuevos récords
El segundo gran asunto de la conversación es el calentamiento global y sus efectos en España y en un Mediterráneo "que se está tropicalizando", como advierte el portavoz de la AEMET, que también recuerda que los récords de temperatura y la prolongación de los episodios cálidos reflejan un cambio que tiene consecuencias para la gestión del agua, la conservación del medio natural y el riesgo de incendios forestales.

Frente a quienes siguen cuestionando el cambio climático, Del Campo insiste en que la evidencia científica identifica la actividad humana como su principal causa. También distingue entre mitigación y adaptación. Es decir, reducir las emisiones es fundamental, pero la sociedad necesita prepararse igualmente para los impactos de un clima que ya está cambiando.
Ahí, la comunicación meteorológica debe ayudar a entender no solo qué fenómeno se aproxima, sino también qué puede ocurrir y cómo actuar. Esa es, precisamente, una de las claves que los participantes consideran esenciales para mejorar la cultura del riesgo en España que, desde el punto de vista de la "percepción social", aseguran que tuvo un punto de inflexión en la danade Valencia de 2024.
“Matabulos”: ¿se puede manipular el tiempo?
La sección presentada por Andrea Danta se adentra en uno de los mitos más persistentes de la desinformación meteorológica: la supuesta capacidad humana para provocar danas, desviar huracanes o decidir cuándo y dónde llueve.
Durante la charla, Del Campo reconoce que se han realizado experimentos para estudiar posibles formas de modificar artificialmente determinados procesos atmosféricos. Sin embargo, recuerda que esos intentos no han demostrado una capacidad efectiva para controlar el tiempo a voluntad: "siempre digo que una nube no es un objeto, es un proceso, y parar ese proceso está fuera el alcance humano".

Uno de los ejemplos analizados es el bulo que atribuyó la DANA de Valencia de 2024 a un radar situado en Morón de la Frontera. La teoría, difundida a través de redes sociales y WhatsApp, ilustra cómo una afirmación sin fundamento puede alcanzar a públicos muy distintos y adquirir apariencia de verdad cuando llega de una persona de confianza.
Los participantes también abordan las estelas de condensación de los aviones, que algunas teorías conspirativas presentan como pruebas de fumigaciones destinadas a alterar el tiempo y el clima. Del Campo explica que estas estelas se forman cuando el vapor de agua procedente de los motores se condensa o se transforma en cristales de hielo bajo determinadas condiciones atmosféricas.
La conversación deja una idea clara: no todo lo que se comparte masivamente tiene respaldo científico. Por eso, comprobar las fuentes y recurrir a especialistas resulta especialmente importante durante episodios de emergencia, cuando la información falsa puede dificultar la prevención.
Más ciencia y menos desinformación
El capítulo también pone sobre la mesa el aumento de la desconfianza y de los ataques contra profesionales de la meteorología. Ahí, Del Campo señala que el desprestigio de la ciencia se ha intensificado en los últimos años y que las redes sociales se han encargado de amplificar mensajes hostiles y teorías conspirativas.
Frente a ese escenario, el episodio reivindica la divulgación como una herramienta de servicio público. Comprender los avisos, conocer los límites de las predicciones y distinguir los hechos científicos de los bulos permite tomar mejores decisiones ante fenómenos adversos.

La conclusión del episodio del estreno de Un Café del Tiempo es clara: la meteorología no consiste únicamente en anticipar qué tiempo hará. Su verdadero valor está también en explicar los riesgos, mejorar la prevención y ofrecer información fiable para proteger a la ciudadanía. Una tarea cada vez más necesaria en tiempos de cambio climático y de circulación acelerada de desinformación.