Carmen Llasat, física de la UB, advierte: la prevención ante fenómenos extremos no debe ser una reacción de última hora

No basta con predecir las inundaciones: el verdadero reto es conseguir que una alerta llegue a tiempo, sirva como prevención y se traduzca en acciones que puedan reducir los daños.

Las inundaciones son uno de los fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes y con mayor impacto en la región mediterránea
Las inundaciones son uno de los fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes y con mayor impacto en la región mediterránea

La combinación de varios factores en la cuenca mediterránea puede convertir un episodio de precipitaciones intensas en una emergencia como ocurrió hace unos días en Cataluña, con acumulados de precipitación superiores a los 150-200 l/m² en pocas horas y el desbordamiento del río Besòs en Santa Coloma de Gramanet, donde la punta de la crecida alcanzó los 936 m³/s.

El riesgo no depende únicamente de predecir cuánta lluvia va a caer en un determinado lugar y cuándo. En la valoración del riesgo también influyen también la peligrosidad del fenómeno, la vulnerabilidad de la población frente a ese fenómeno, y la exposición del territorio.

Las características del territorio en cada cuenca, la ocupación de las zonas inundables, los sistemas de drenaje y medidas de prevención marcan la capacidad de respuesta y la diferencia, porque determinan hasta qué punto una ciudad o una población puede hacer frente a un episodio extremo para no convertirse en una catástrofe.

La prevención frente al riesgo

En las últimas décadas, la predicción meteorológica ha avanzado enormemente, pero todavía existen límites. Podemos saber con antelación que existe riesgo de lluvias muy intensas en una determinada zona, pero es mucho más difícil anticipar con precisión dónde ocurrirá y cuándo se producirá una inundación muy localizada. Por eso, no basta una alerta por sí sola, hay que saber interpretarla para poder actuar cuando se active.

La prevención se debe preparar mucho antes que la alerta, y se basa en cuatro pilares según el programa Early Warnings for All de Naciones Unidas.

  • Conocer el riesgo.
  • Mejorar la predicción.
  • Comunicar bien las alertas.
  • Conseguir que la población sepa cómo responder frente a ellas, educar.

No es lo mismo un aviso que una alerta y la población no sabe la diferencia. Además, muchas personas desconocen si viven en una zona inundable.

Carmen Llasat reivindica la participación ciudadana

Carmen Llasat, catedrática de Física de la Atmósfera en la Universitat de Barcelona, reivindica la participación ciudadana porque puede aportar datos e información sobre inundaciones pasadas muy valiosos en la ayuda para mejorar los mapas de riesgo y los modelos. La ciencia ciudadana puede convertir a quienes viven el riesgo en parte activa de la solución y mejorar la gestión del riesgo.

La prevención no puede ser una reacción de última hora frente a fenómenos extremos. La prevención debe formar parte de nuestra cultura y de la forma en que planificamos y habitamos nuestros territorios, según María del Carmen Llasat.

Otro elemento fundamental es la información. Los mensajes contradictorios y los bulos pueden aumentar el riesgo durante una emergencia, ya que pueden generar confusión y dificultar la respuesta correcta de la población en el momento necesario.

La desinformación puede desacreditar los mensajes de científicos, servicios meteorológicos o Protección Civil. Por eso es especialmente importante combatirla también en relación con el cambio climático.

La población debe sentirse parte del proceso en la mejora de la resiliencia ante fenómenos extremos porque aumenta su autorresponsabilidad, conocimiento y sensibilización. El reto es reforzar el diálogo entre el mundo científico y los actores implicados en la cadena de alertas para que el conocimiento generado pueda trasladarse a la toma de decisiones.

Lluvias cada vez más intensas en la cuenca mediterránea

Un mayor calentamiento y una mayor cantidad de vapor de agua en la atmósfera favorecen procesos que puedan ser más efectivos, en línea con los modelos de cambio climático. Hay evidencias científicas de que el cambio climático ya está teniendo un papel en la intensificación de las lluvias fuertes, y además a nivel mundial, gracias a la publicación de estudios a partir de series subdiarias o precipitaciones que pueden acumularse en menos de una hora, debido a que las inundaciones súbitas están asociadas a precipitaciones de corta duración.

En el Mediterráneo se está empezando a observar un posible aumento de la intensidad de las precipitaciones que puede intensificar tormentas de por sí importantes, y favorecer episodios de lluvias capaces de provocar inundaciones.

Fenómenos como la dana de 2024 en Valencia reflejan este aumento de intensidad. Los datos indican que la intensidad horaria de precipitación de casi 185 l/m² en 1 hora en el observatorio de AEMET en Turís no se había registrado nunca antes.

El peligro de las inundaciones súbitas

Llasat investiga cómo está cambiando el régimen de precipitaciones intensas en el Mediterráneo, estudia hasta dónde puede llegar hoy la predicción de inundaciones y qué papel tiene tanto la ciudadanía como la ciencia y las administraciones públicas para conseguir reducir sus impactos.

En un estudio reciente sobre inundaciones súbitas en Alcanar (Cataluña) se analiza la interactuación entre fenómenos meteorológicos y cómo está cambiando la situación en el Mediterráneo. El estudio está motivado para saber si están aumentando los episodios de este tipo de inundaciones súbitas, ya que se han registrado en 2018, 2021 y 2023 y, otra más recientemente.

La forma de llover está cambiando en el Mediterráneo, dando lugar a eventos extremos como el de la dana de Valencia de 2024.
La forma de llover está cambiando en el Mediterráneo, dando lugar a eventos extremos como el de la dana de Valencia de 2024.

Además, las zonas inundables están cada vez más ocupadas en el Mediterráneo y a escala mundial, por la presión de la población y también porque es más fácil construir en llanuras de inundación. En el caso de lluvias locales, es muy difícil saber con más de 6 h de antelación exactamente dónde se va a producir un episodio muy local, porque los modelos no pueden verlo con ese nivel de detalle al ser un sistema altamente complejo.

La IA puede ayudar a aportar conocimiento sobre situaciones que ya han ocurrido y su reanálisis, pero no sustituye a los expertos. También puede contribuir a la mejora de los modelos de predicción meteorológica, aunque necesita suficientes datos para un correcto entrenamiento, y tenemos relativamente pocos registros de fenómenos extremos como las inundaciones.