Suena ES-Alert y no pasa "nada": el peligro de acostumbrarnos a las alertas meteorológicas

Suena el móvil. No es whatsapp. No es el banco. No es alguien mandándote un vídeo que no necesitas ver. Es ES-Alert: lluvias intensas, riesgo de inundaciones, Evitar desplazamientos y alejarse de cauces. Otra vez.

Si recibimos alertas constantemente, probablemente dejemos de darles importancia y eso es muy peligroso
Si recibimos alertas constantemente, probablemente dejemos de darles importancia y eso es muy peligroso

Y haces lo que hacemos los humanos ante cualquier cosa que se repite demasiado: empiezas a acostumbrarte. ¿Corremos el riesgo de que la alerta acierte y nosotros ya no le hagamos caso? Sin duda.

“Pedro y el lobo” tenía razón

La metáfora no necesitó meteorología para explicarnos un fenómeno psicológico bastante serio. Si gritas "¡que viene el lobo!" demasiadas veces y el lobo no aparece, llegará un momento en que el pueblo seguirá con sus cosas.

La ciencia lo llama efecto “cry wolf” y lleva años estudiando cómo las falsas alarmas pueden afectar a la confianza y a nuestra disposición a actuar.

En experimentos relacionados con decisiones ante fenómenos meteorológicos se ha observado que una elevada proporción de lo que percibimos como falsas alarmas puede perjudicar la respuesta. Pero hay un detalle especialmente interesante: cuando se explica la incertidumbre de la predicción, las personas pueden tomar mejores decisiones.

Y aquí tenemos un problema de comunicación bastante humano. Nosotros queremos saber si va a pasar o no va a pasar. La meteorología responde: "depende". Nuestro cerebro: "¿Pero sí o no?"

Una alerta no es una promesa

Un aviso no significa que vaya a caer exactamente determinada cantidad de agua sobre tu tejado a las 17:32 h.

Los avisos de AEMET expresan la probabilidad de que se produzcan determinados fenómenos adversos y su nivel de peligrosidad y el sistema ES-Alert (el pitido en el móvil) depende de Protección Civil (tanto estatal como autonómica) basándose en esos avisos o en situaciones de emergencia inminente.

Con la información aportada por la AEMET, Protección Civil emite una alerta basado en criterios de localización, vulnerabilidad...
Con la información aportada por la AEMET, Protección Civil emite una alerta basado en criterios de localización, vulnerabilidad...

Y el riesgo no depende solamente del fenómeno meteorológico, sino también de dónde ocurra, quién esté expuesto y qué vulnerabilidades existan. Por eso puede haber un aviso y que en tu calle no pase absolutamente nada.

Una tormenta puede descargar diez kilómetros más allá. Una banda de precipitación puede desplazarse. La intensidad puede ser finalmente menor. Y eso no convierte la alerta en una falsa alarma ni que la AEMET haya fallado.

No es sólo que suene mucho

A recibir muchas alertas, le unimos la frecuencia, la relevancia y la forma de comunicar los avisos y esto pueden influir en la desensibilización de la población con la llamada “fatiga de alertas”. Su consecuencia es evidente: si todas las alertas parecen igual de graves e importantes, ninguna termina pareciéndolo demasiado.

El objetivo no debería ser que el móvil suene muchas veces. El objetivo es que, cuando suene, sepamos que merece nuestra atención. Tenemos que saber qué hacemos con las alertas. Porque decir "lluvias intensas" es meteorología.

La mejor alerta es la que consigue que tomemos mejores decisiones.

Decir "evita desplazarte, no atravieses zonas inundadas y aléjate de cauces" es protección. La diferencia importa.

La investigación actual sobre comunicación de riesgos está avanzando precisamente hacia las llamadas alertas basadas en impactos. Además de describir cuánto va a llover, hay que explicar qué puede ocurrir como consecuencia y qué hay que hacer.

Porque a casi todos nos importa poco si van a caer 80 o 100 litros por metro cuadrado. Nos importa saber si podemos coger el coche para ir a trabajar, bajar al garaje o alejarse del río.

Por si fuera poco, tardamos en hacerle caso

Un estudio realizado en España durante un simulacro de ES-Alert en Gran Canaria analizó precisamente el tiempo que transcurre entre recibir el mensaje y empezar a actuar. Lo denominaron "latencia social".

Porque primero tienes que escuchar el móvil. Después leer. Después entender.Después decidir si el riesgo va contigo. Y finalmente hacer algo.

La tecnología puede conseguir que el aviso llegue prácticamente de inmediato, pero no puede obligarnos a dejar el coche, cancelar el viaje o alejarnos del río. Eso es nuestra decisión.

¿Y si "no pasó nada" fuera la buena noticia?

Imagina que recibes una alerta por riesgo de inundación. Decides no coger el coche. Alguien evita acercarse al río. Un colegio modifica una actividad. Después la tormenta se desplaza. Y no pasa nada. Al día siguiente se oye: "Pues vaya exageración. No pasó nada".

Qué habría pasado si nadie hubiese recibido la alerta

Quizá una persona no tuvo un accidente porque no cogió el coche. Quizá nadie estaba junto al cauce cuando subió el agua. Quizá una actividad se canceló justo antes de que las condiciones empeoraran.

Ese es el problema maravilloso y puñetero de la prevención: sus éxitos son invisibles (esto también nos lo sabemos con las vacunas).

No hay estadísticas de los accidentes que no ocurrieron, quizá la buena noticia es que no pasó nada (gracias a la alerta)
No hay estadísticas de los accidentes que no ocurrieron, quizá la buena noticia es que no pasó nada (gracias a la alerta)

No tenemos una estadística de los accidentes que no ocurrieron. Ni de las personas que hicieron caso y se fueron a casa. Quizá precisamente no fue para tanto porque avisaron a tiempo.

El problema no es que una alerta suene y después no ocurra una tragedia. El verdadero problema sería que un día sonara la alerta que importa y nosotros hubiéramos decidido ignorarla.